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40 años del Festival de la Solidaridad Latinoamericana: “No colaboramos con la dictadura” dicen los rockeros

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A lo largo de los 40 años transcurridos, el Festival de la Solidaridad Latinoamericana que se llevó a cabo el 16 de mayo de 1982 en la cancha de rugby del Club Obras Sanitarias, quedó envuelto en una bruma de dudosas acusaciones de colaboracionismo.

La falsedad de algunos hechos e interpretaciones operaron como un software malicioso que se instaló lentamente. Con la excusa de una “contextualización” de hechos acaecidos 40 años atrás, distintos sectores –amplificados por las redes sociales- buscaron la imposición de una lectura turbia sobre el rock argentino y su vinculación con la guerra de Malvinas.

Miradas politizadas encontraron en sectores cercanos al punk un aliado para poner en tela de juicio el rol de los rockeros que participaron del Festival, un evento concebido para enviarles comida, frazadas y prendas de abrigo a los conscriptos argentinos que mal alimentados y peor pertrechados, trataban de resistir la superioridad de las tropas inglesas en el frío austral.

Una imagen del público en las canchas al aire libre del club Obras. Fotos: José Luis Guillemet

Una imagen del público en las canchas al aire libre del club Obras. Fotos: José Luis Guillemet

Acusaciones que omiten datos

El relato del cual no poca gente se hizo eco sostiene que el rock fue colaboracionista con la dictadura militar por haber participado en aquel festival, al que acudieron voluntariamente unos 70 mil espectadores para depositar su colaboración y escuchar al elenco mayoritario del rock: Charly García, Luis Alberto Spinetta, Raúl Porchetto, Nito Mestre, León Gieco, Miguel Cantilo y Jorge Durietz, Dulces 16 y Litto Nebbia, entre otros.

El comienzo del Festival por la Solidaridad Latinoamericana, en Obras el 16 de mayo de 1982. Fotos: José Luis Guillemet

El comienzo del Festival por la Solidaridad Latinoamericana, en Obras el 16 de mayo de 1982. Fotos: José Luis Guillemet

Se omiten varias cosas en las acusaciones. La primera es que la idea del Festival nació de conversaciones informales entre músicos (Javier Martínez y Edelmiro Molinari fueron algunos de los más nombrados) que la comentaron entre sus productores que aunaron fuerzas y llevaron a cabo la multitudinaria reunión: Daniel Grinbank, Alberto Ohanián, Pity Iñurrigarro y Oscar López.

Es decir: una iniciativa privada sin vínculo alguno con los militares. Un aporte más entre tantos que hubo por fuera de la estructura gubernamental.

Y sabiendo que aquel Festival podría ser utilizado por la máquina de propaganda belicista de los militares (los que vivieron esos años recordarán a José Gómez Fuentes en el noticiero de ATC, hoy TV Pública), los productores acuñaron un slogan apelando a una canción de Raúl Porchetto: “Mucho rock por algo de paz”. El sentido era claro y antibelicista: lo contrario a lo que se proponía desde el gobierno.

“Estábamos viviendo un momento muy emocional del país –recuerda hoy Alberto Ohanián, retirado de la producción de espectáculos-; se organizó todo con los colegas y cada uno puso sus artistas. Fue solidaridad con los pibes que estaban peleando en Malvinas y no hubo otra historia, ni un aplauso a la guerra, ni una adhesión: fue algo aséptico”.

Todo el mundo trabajó gratis en aquella jornada: músicos, sonidistas, iluminadores, transportistas. Increíblemente, el gobierno sustrajo cualquier tipo de apoyo retaceando personal de seguridad: de una cifra inicial de 200 efectivos, la dotación se fue reduciendo y solo quedó como mínima guardia una quincena de agentes desganados, pocos ante la eventualidad de desmanes que no se produjeron.

Salvo a la entrada, cuando los miles de personas se impacientaron por las demoras y se tuvo que dar puerta para evitar cualquier avalancha. Todo terminó sin mayores contratiempos, salvo la rotura de una columna de luces por la presión del público que no ocasionó ningún daño.

Federico Moura estuvo presente

Alrededor de las 17, bajo una llovizna tan tenue como persistente, el duo Fantasía arrancó con la música. Existieron divergencias por la presencia de Pappo, que finalmente subiría como invitado de Dulces 16, ya que se le temía más a cualquier incidente violento que al mal tiempo. Grinbank y Ohanián discutieron fuertemente por el tema.

Virus no fue de la partida, lo que años más tarde sería interpretado como un gesto de resistencia a la dictadura. Sin embargo, Federico Moura se hizo presente en el backstage del festival y se lo puede ver sonriente detrás de Spinetta y Charly en algunas célebres fotos tomadas por el fotógrafo Gabriel Rocca, que por entonces trabajaba para la revista Pelo.

Juan Alberto Badía entrevistó a los músicos en el bakcstage. Aquí junto a Spinetta.

Juan Alberto Badía entrevistó a los músicos en el bakcstage. Aquí junto a Spinetta.

Allí, Juan Alberto Badía lo entrevistó para las cámaras de Canal 9. “Anoche tuvimos un concierto en La Plata –contó Federico- y el baterista, Mario, en un ataque de efusividad casi se rompe un dedo; espero que no se lo haya quebrado porque va a estar inutilizado. Pero no importa, yo estoy acá y creo que lo importante es que no es un show de cada grupo sino una cosa conjunta, incluso creo que no está toda la gente del rock nacional”.

Desde el vamos, Virus no quiso participar del festival, porque el grupo había vivido en carne propia la desgracia de la dictadura, cuando Jorge Moura, hermano de Federico, Marcelo y Julio fue secuestrado y posteriormente asesinado. El dedo del baterista Mario Serra se encontraba en perfectas condiciones. Cabe acotar que en años posteriores, ninguno de los Moura se subió al carro de los esclarecidos que despotricaban contra el festival, y sus palabras siempre fueron a título personal.

Habla Miguel Cantilo

“Tocamos como Cantilo-Durietz porque todavía había resquemores con la marca Pedro y Pablo –recuerda hoy Miguel Cantilo-. Se asociaba a temas ultra pacifistas como En este mismo instante, que ya había sido prohibido. De manera que optamos por evitar la identificación con el dúo interdicto”.

Hoy, Cantilo no se arrepiente de la participación en el Festival. “Fue una decisión solidaria y no tuvimos ni la menor duda. Buena parte de nuestro público estaba en las trincheras comiéndose un garrón histórico. Lo mínimo que podíamos hacer era poner el hombro en un festival cuyo precio de entrada fue una donación. Nos convocaron los representantes, Oscar López en nuestro caso. No vi ningún uniforme ni nada parecido. Nadie cobró un mango”.

Raúl Porchetto y Algo de paz

Luego de la edición de sus exitosos álbumes Metegol (1980) y Televisión (1981) junto a su banda que luego se convertiría en el trío GIT, Raúl Porchetto era un artista clave, sobre todo por su canción Algo de paz, que nucleó el concepto del festival y el sentir del rock, un movimiento pacifista alterado por el inesperado escenario bélico.

“No me arrepiento para nada de haber tocado –expresa hoy Porchetto-; a mí me encantó poder cantarle Algo de paz a la dictadura en la jeta”.

De hecho, recuerda que alguien que probablemente fuera un “servicio” infiltrado en el show, le dijo que no era un buen día para cantar esa canción que sería televisada por Canal 9 y emitida por las FM de Rivadavia y Del Plata. Cuando se lo comentó a sus colegas, inmediatamente decidieron respaldarlo y subieron a cantarla con él León Gieco, Nito Mestre, Charly García y David Lebón. La noche cerró con el mismo elenco interpretando Rasguña las piedras, himno de Sui Generis y garantía de buen final con una “que sepamos todos”.

El polémico Pil-Trafa

El otro final es conocido: la presencia más cercana de los militares se produjo cuando llegaron sus camiones para retirar las donaciones de los asistentes, las que nunca llegarían a manos de sus destinatarios.

El público en Obras. Fotos: José Luis Guillemet

El público en Obras. Fotos: José Luis Guillemet

Esa estafa después dio pie para cuestionamientos y la voz cantante de los mismos fue la de Pil-Trafa, cantante de Los Violadores, grupo que no fue invitado al festival porque en esa época no eran representativos del rock, al cual atacaban y pretendían destruir desde su condición punk.

“Ese festival, de tan fraternal fue fratricida”, fue el latiguillo que Pil-Trafa repitió durante mucho tiempo. Sin embargo, Raúl Porchetto tuvo lo que recuerda como buenas charlas con Pil-Trafa, que en los últimos años había descubierto una faceta mística que lo acercaba a la religión.

“Lo mismo sucedió con Federico Moura –dice Porchetto-, a quien conocí porque una amiga en común, Susú Pecoraro, nos reunió para que conversáramos. Teníamos ideas diferentes de la vida y el arte, pero tuvimos una conversación muy buena”.

Miguel Cantilo, que junto a Jorge Durietz conoció el éxito a fines de los 60 con el dúo Pedro y Pablo, nave insignia de la canción de protesta joven y que por eso mismo tuvo que exiliarse cuando se instaló la represión más sangrienta, da una respuesta más contundente y prosaica ante las vieja acusación de colaboracionista: “Literalmente, me chupa un huevo y la mitad del otro”.

MFB

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La nueva historia de Marcelo Birmajer: La mano de Dios

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Efraím Ducasse era el peor jugador del equipo de handball del colegio Viamonte. Había sido seleccionado porque alcanzaba la suficiente destreza como para integrar el plantel. Pero, entre los elegidos, era el peor. Le faltaba fuerza en los lanzamientos. Saltaba corto. Podía driblear y superar a un par de contrarios, pero no mucho más.

Sí destacaba en su capacidad aeróbica: sin velocidad, trotaba con la resistencia de un maratonista; y en los partidos nunca se cansaba.

El enfrentamiento con el colegio Nordem, el próximo semestre, resultaba decisivo para no descender en la tabla. También era el clásico: los “arios” del colegio alemán del Norte; contra los silvestres del barrio de Once.

En el Norte habían existido dos colegios alemanes: uno nazi, y uno antinazi. Terminada la guerra, supuestamente ambos se habían alineado con la nueva posición de la Alemania Federal y el canciller Adenauer. Pero mientras que el colegio antinazi se fue apartando lentamente de la política alemana, el Nordem mantuvo secretamente su filiación nazi, en mensajes subrepticios.

Finalmente ambos establecimientos se unificaron en el Nordem. Sus jugadores de handball eran de los mejores del torneo: altos, fríos, excelentes lanzadores. Los arqueros les temían.

En el Viamonte, el entrenador era el profesor de educación física: Matsukuda Kimoto. Este humilde y tenaz director técnico sabía conectar con los alumnos, en un lenguaje llano, profundo e inspirador. Su castellano era neutro, y escasas veces hacía referencia a su origen japonés

No mencionaba el yudo. Pero en las indicaciones que brindaba, siempre tersas, correctas y efectivas, había dejos de la ancestral sabiduría nipona, sus ritos y experiencias.

En este gran clásico contra el Nordem, una parábola histórica había conjugado a Efraím Ducasse, el peor del equipo, y al entrenador Kimoto: el alumno judío y el profesor japonés, lucharían unidos contra el equipo nazi. Esa alianza, que no explicitaban verbalmente entre ellos ni con el resto del equipo, les permitía desafiar las circunstancias.

Los Nordem eran evidentemente mejores jugadores, su técnica y potencia hasta ese momento insuperables. El Viamonte nunca les había ganado un partido, y sin embargo era un clásico, por el tesón con que los enfrentaban desde hacía décadas, incluso antes de que se fusionaran en un solo colegio alemán y nazi.

Tanto Efraím como Kimoto habían visto la película de básquet protagonizada por Gene Hackman: el técnico utilizaba el recurso de la astucia como los espías de la Biblia.

Su truco era hacer lanzar el tiro definitorio al peor del equipo, al que los rivales no estarían vigilando. En la película, finalmente el mejor lanzador le decía al entrenador: “Yo puedo”. Y por primera vez en la trama, Hackman aceptaba la decisión conjunta de sus dirigidos.

Kimoto y Efraím, que nunca antes habían intercambiado palabras personales, aunque la relación siempre había sido de mutuo respeto, en esta ocasión se conjuraron para que, cerca del final del partido, si lograban estar perdiendo por solo un tanto, Efraim desbordara, se mandara a la punta izquierda del área, y acabara el partido en un inesperado empate.

Probablemente tirara una “masita”, pero entre el desconcierto del equipo contrario, y una distracción del arquero, la estratagema podía llegar a funcionar. Durante un tiempo este secreto se limitó a Kimoto y Efraím, y el muchacho sintió sobre sus hombros una responsabilidad sustancial a la vez que una emoción maravillosa.

Efraím dedicó tres horas diarias, durante seis meses, a practicar su tiro, hasta convertir su brazo derecho en la honda de David. Esa pelota debía salir disparada como la piedra que había derribado a Goliat.

Sólo una brizna del azar distraía a Efraím de su esfuerzo sobrehumano: la presencia constante, en el aula y en su mente, de la profesora Lotremon.

La docente de Química presentaba por las mañanas, en una hora imposible para cualquier otro ser humano, un cuerpo despampanante, un perfume delicioso, unos labios desnudos y, la porción que soliviantaba a Efraím, una cordillera bifronte, tierna y dulce, demoledora. 

¿Podía el destino ser tan endemoniado como para haber desplegado un inicio de conocimiento entre el profesor Kimoto, soltero, y la profesora Lotremon, recién divorciada?

No acababan de aliarse, Efraím y Kimoto, que ya las miasmas tóxicas de la pasión los enfrentaban, involuntariamente. Efraím hubiera concretado su entrenamiento como el mejor lanzador del planeta si Lotremon simplemente le hubiera ofrecido la recompensa al final del camino. Pero en la realidad sólo lo desconcentraba.

Llegó el momento de compartir la jugada maestra con el resto del equipo. Quince días antes del partido, descubrieron que un topo había revelado a los Nordem el plan.

El director técnico de los Nordem, el carilindo Busiche, los aguardaba sin sorpresas. Rodolfo “Alacrán” Busiche era un ex jugador de handball, integrante de un equipo croata, aún joven y gerente de la empresa asociada al Nordem, de confección de cerveza.

Kimoto y Efraím, con la colaboración de la profesora Eloísa Lotremon, ya prácticamente novia de Kimoto, procuraron desenmascarar al culpable de la filtración. Infructuosamente.

El match contra el Nordem derivó en un fracaso anticipado, como la lucha del jefe galo sin poción mágica en El combate de los jefes de Asterix. Los integrantes del plantel del Viamonte, con su arma secreta neutralizada, acudieron desganados y vencidos al partido.

Pronto se supo que la profesora Lotremon, infatuada por Busiche y ahora socia de la fábrica, había entregado a su enamorado Kimoto, y a sus alumnos. Eloísa, desde el primer momento, había sido “el topo”.

Kimoto ejecutó el sepuku, se abrió el vientre en un harakiri, horas antes del partido, y expiró. Los jugadores del Viamonte concurrieron al desafío con el antebrazo enlutado por un brazalete negro. Se jugaba en el Norte y los parientes del Nordem repletaban las gradas de madera para ver ganar a los suyos, entre cánticos de la mitología nibelunga y algunos vocablos propios del Tercer Reich.

Busiche, sentado en una silla acolchada, observaba la futura victoria pensando en la entrega prometida por la profesora Lotremon para ese mismo atardecer: un horizonte de su cuerpo que le había reservado. El equipo Nordem marcaba perfectamente tanto al zaguero virtuoso de los Viamontes, como al muleto Efraim. No lo dejaban acercarse al área en soledad. La suerte estaba echada.

Efraim desbordó por la derecha, los Nordem no entendieron el movimiento ni vieron ningún peligro en su deriva. La mano de Efraim se alzó como si la impulsara el rey David; la pelota salió en una dirección inesperada -un bólido desorbitado-: hacia el rostro indefenso del carilindo Busiche.

La esfera de handball, convertida en un misil, arruinó por el resto de su vida la nariz de Busiche, le descolocó para siempre un ojo y le produjo una conmoción cerebral de la que solo despertaría tres días más tarde. La profesora Lotremon lo abandonó: no le gustaban los heridos. Efraím fue expulsado incondicionalmente de la Federación y voluntariamente se cambió de colegio.

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Stranger Things se asocia a Spotify y te invita a saber cuál es tu canción para escapar de Vecna

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El final definitivo de la cuarta temporada de Stranger Things está cada vez más cerca. Y las redes oficiales de la serie de Netflix están más activas que nunca y le sacan jugo a la ansiedad en las últimas horas previas a este viernes 1°, día del estreno.

La última estrategia de promoción de la serie de terror y ciencia ficción creada por los hermanos Duffer no está vinculada ni a Eleven (Millie Bobby Brown), ni a Hopper (David Harbour) ni a Dustin (Gaten Matarazzo), sino a una protagonista indirecta de la última temporada: Kate Bush.

La cantautora británica está viviendo un renacer con su emblemática canción Running Up That Hill, que se ha vuelto a convertir en un hit global gracias a la entrega más reciente de Stranger Things.

Max, ante la tumba de su hermanastro Billy, en el Episodio 4 de la Temporada 4 de

Max, ante la tumba de su hermanastro Billy, en el Episodio 4 de la Temporada 4 de “Stranger Things”. Fotos Netflix

Para quienes no vieron la primera parte -siete capítulos- de la cuarta entrega de la serie, el tema de la artista de 63 años es el favorito de Max (Sadie Sink), una de las amigas de Eleven y ex novia de Lucas (Caleb McLaughlin).

La chica pelirroja que todavía llora la pérdida de su hermanastro Billy en la batalla de Starcourt, integra la lista negra de Vecna, el villano del Otro Lado que mata y se apodera del espíritu de personas con algún trauma.

Vecna: no es infalible si la víctima escucha su tema favorito. Foto Netflix

Vecna: no es infalible si la víctima escucha su tema favorito. Foto Netflix

Cuando Vecna intenta poseer a Max, ella y sus amigos descubren que una forma de escapar y romper el control que Vecna tiene sobre ella es escuchando su canción preferida. Y cuando lo hace, logra escapar del macabro espíritu humanoide y salvar su vida.

Spotify y la canción para escapar de Vecna

Para entretenerse en las horas previas al estreno del volumen 2 de la cuarta temporada, Netflix develó una colaboración especial con Spotify que permite a los usuarios de la plataforma musical descubrir -según el algoritmo de cada cuenta- cuál es su canción para escapar de Vecna, al igual que Max lo hizo en el episodio 4.

“¿Quieres saber qué canción te salvaría de Vecna? Ve a tu lista de reproducción del Upside Down en Spotify para descubrirlo. La primera canción de la lista es tu canción de salvación”, se puede leer en el tuit que compartió la cuenta oficial de Stranger Things.

Kate Bush vive un renacimiento gracias a que su canción

Kate Bush vive un renacimiento gracias a que su canción “Running Up That Hill” está en la Temporada 4. Foto Archivo Clarín

Publicada en 1985 como parte de Hounds of Love, Running Up That Hill llegó en su momento al número 3 de las listas británicas de sencillos, y también fue un éxito en Alemania, Bélgica, Australia y otros países.

A 37 años de su lanzamiento y empujada por la serie de culto de Netflix, la canción de Bush llegó al número 1 de iTunes en el Reino Unido y también en los Estados Unidos, donde originalmente había logrado alcanzar un modesto número 30 en las listas.

¿A qué hora se estrena Stranger Things 4: Vol. 2?

El viernes 27 de mayo se estrenaron los primeros siete episodios correspondientes al volumen 1 de la cuarta temporada. La segunda parte, o Volumen 2, tiene solamente dos episodios, pero duran, cada uno, lo que dura una película.

La serie de terror y ciencia ficción de Netflix: este viernes 1° de julio termina la Temporada 4. Foto Netflix

La serie de terror y ciencia ficción de Netflix: este viernes 1° de julio termina la Temporada 4. Foto Netflix

El capítulo 8, titulado Papá, es de 1 hora, 25 minutos. Y el 9 y final, que se llama El huésped, tiene una duración de 2 horas, 30 minutos. Ambos estarán disponibles en la Argentina a partir de este viernes a las 4 de la madrugada.

Cabe recordar que Netflix ya anunció que Stranger Things tendrá una quinta entrega. Y para decepción del gran fandom que cosechó la serie, se sabe que será la última de la historia.

POS

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Stranger Things 4, Volumen 2: ¿quiénes mueren a partir de mañana?

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Falta casi nada para que Netflix suba a su servicio de streaming el Volumen 2 de la Temporada 4 de Stranger Things -será este viernes 1° de julio- y entre las preocupaciones de los fans, hay una que viene acrecentándose.

No tiene que ver con Eleven, el personaje de Millie Bobby Browno, tal vez, sí-, tampoco con la banda sonora de los episodios por estrenar.

No.

Max (Sadie Sink) casi muere en manos de Vecna en el Volumen 1 de la Temporada 4. ¿Zafa? Fotos Netflix

Max (Sadie Sink) casi muere en manos de Vecna en el Volumen 1 de la Temporada 4. ¿Zafa? Fotos Netflix

Tiene que ver con las muertes.

¿Alguno de los chicos del núcleo grueso, del que arrancó en la primera Temporada, se queda sin llegar al final?

Quedan pocas horas para empezar a saberlo.

Los culpables

Y fueron ellos, los hermanos Matt y Ross Duffer, los creadores de la serie y quienes, les adelanto, escribieron y dirigieron los dos episodios que desde este viernes 1° de julio estarán disponibles, avisaron que “habrá muertes”.

Matt y Ross Duffer, los responsables de todo. De la serie y de decir que

Matt y Ross Duffer, los responsables de todo. De la serie y de decir que “habrá muertes” en lo que queda de la Temporada 4. Foto EFE

Y a partir de eso, hay una teoría, seguida por muchos, que parece resultar infalible a la hora de predecir qué personaje(s) puede(n) abandonar la serie y no llegar con vida al final de esta Temporada.

Por ejemplo, si desapareciera Yuri (el yugoslavo Nikola Djuricko), el contrabandista ruso más chanta que revendedor de autos usados, que está en Rusia con el policía Jim Hopper (David Harbour), Joyce (Winona Ryder) y Murray (Brett Gelman) no parecería molestar a muchos seguidores de la serie de Netflix.

La garra de Vecna, en el Volumen 1 de la Temporada 4. ¿Elige a sus víctimas por un motivo específico?

La garra de Vecna, en el Volumen 1 de la Temporada 4. ¿Elige a sus víctimas por un motivo específico?

Pero no. Hay una teoría que están siguiendo muchos fanáticos de la serie con Winona Ryder, que parece, en una de ésas, quién dice, indica sin margen de error quiénes son los personajes que van muriendo en Stranger Things.

Sin más vueltas, vamos a contarla.

La teoría de la B

La tendencia de que, en las temporadas anteriores, los personajes que morían tenían algo en común, además de vivir en el pueblito de Hawkins, es que, y no hay dudas respecto a ello, en cada temporada el personaje que murió empezaba su nombre con la misma letra.

La B.

Vecna (con V, no B), cuya identidad fue revelada en el último episodio del Volumen 1 de la Temporada 4.

Vecna (con V, no B), cuya identidad fue revelada en el último episodio del Volumen 1 de la Temporada 4.

Barb moría en la primera. Bob fallecía en la segunda. Y en la tercera a quien no volveríamos a ver -vivo- es a Billy.

Pero, y siempre suele haber un pero, nos encontramos con que ya no quedan personajes cuyos nombres de pila arranquen con la segunda letra del abecedario.

¿Y los nuevos?

Eddie Munson (interpretado por Joseph Quinn). Según la Teoría de la B, no corre peligro.

Eddie Munson (interpretado por Joseph Quinn). Según la Teoría de la B, no corre peligro.

Aparecieron Eddie, Argyle, Angela y Jason. Y si fuera por la Teoría de la B, y como ni siquiera tienen esa letra en ninguna parte de sus nombres, se podría asegurar que pueden firmar contrato para la quinta temporada -que se sabe será la última, pero no hay noticias ni de cuándo comenzarán a grabarla-.

Pero sí hay una familia cuyo apellido comienza con B.

¿Ya la descubrieron?

Los Byers.

O sea, Joyce y sus hijos, Will y Jonathan. Winona Ryder encabeza el elenco en los créditos iniciales desde el Capítulo 1. ¿La van a eliminar?

Winona Ryder es Joyce Byers, Byers con B. ¿Van a matar a la que encabeza el elenco en los créditos?

Winona Ryder es Joyce Byers, Byers con B. ¿Van a matar a la que encabeza el elenco en los créditos?

Will (Noah Schnapp) fue el chico que primero desapareció. Y volvió. Ah, pero ¿cómo le suelen decir a los que se llaman William? Bill… El caso de Jonathan es particular, porque el personaje que interpreta Charlie Heaton ha perdido un poco de protagonismo.

A menos que los hermanos Duffer no quieran que los fans se pongan a llorar a mares, no sería Jonathan candidato a morir en manos de Vecna.

Charlie Heaton es Jonathan Byers, hijo de Joyce Byers.

Charlie Heaton es Jonathan Byers, hijo de Joyce Byers.

Y otro personaje con apellido que inicia con B es el de Murray. Bauman es su apellido. Tampoco es de uno por los que los fans protestarían demasiado ni escribirían cartas para quejarse y que le devolvieran la vida.

Y Papá, el doctor que interpreta Matthew Modine, se llama Martin. Sí, Martin… Brenner.

Martin Brenner, con B, interpretado por Matthew Modine.

Martin Brenner, con B, interpretado por Matthew Modine.

Y Robin (Maya Hawke, la hija de Ethan Hawke y Uma Thurman), si bien no empezó en la primera temporada, sino que llegó en la tercera, se apellida… Buckley.

Recordemos que todo esto obedece a una teoría, que hasta la Temporada 3 tuvo su sustento, pero en el Volumen 1, con la muerte de Chrissy -OK, un personaje que no duró mucho- la letra cambió.

Y antes de que empiecen con que si los asesinatos de Vecna seguirán en orden alfabético, saltando de la B a la C, pasamos a recordar los horarios de estreno del Volumen 2 de esta cuarta y anteúltima temporada para el viernes 1° de julio.

A qué hora estrena

El Volumen 2 de la Temporada 4 podrá verse a partir de los siguientes horarios en los países de Latinoamérica y España:

  • Nicaragua: 1:00 am.
  • Honduras: 1:00 am.
  • El Salvador: 1:00 am.
  • Costa Rica: 1:00 am.
  • Guatemala: 1:00 am.
  • México: 2:00 am.
  • Colombia: 2:00 am.
  • Perú: 2:00 am.
  • Panamá: 2:00 am.
  • Ecuador: 2:00 am.
  • Venezuela: 3:00 am.
  • Bolivia: 3:00 am.
  • Puerto Rico: 3.00 am.
  • Argentina: 4:00 am.
  • Chile: 4:00 am.
  • Paraguay: 4:00 am Brasil: 4:00 am.
  • Uruguay: 4:00 am.
  • España: 9:00 am.

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