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Política

Fernando Espinoza: “Las obras que realizamos en La Matanza mueven el motor de la economía”

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El intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, recorrió los avances de la obra del nuevo asfalto en Laferrere. La pavimentación forma parte del megaplan de obra pública más grande en la historia del distrito, que incluye 5 mil nuevas cuadras en las diecisiete ciudades del municipio.

Allí, junto con las vecinas, los vecinos y los trabajadores involucrados en este proyecto, el jefe comunal destacó la inversión de más de 600 millones de pesos para pavimentación en la localidad, y expresó: “Las obras que realizamos en La Matanza mueven el motor de la economía. Estamos ejecutando el megaplan de asfalto más grande de toda la historia, que se materializa en 5 mil nuevas cuadras de pavimento en toda La Matanza; porque el asfalto trae progreso, desarrollo, dignidad e igualdad de condiciones para cada barrio de nuestro distrito”.

Espinoza

 “Seguimos avanzando con esta megaobra que, además de generar miles de puestos de trabajo, beneficiará a más de 400 mil vecinas y vecinos de Laferrere, y cambiará la ciudad para siempre”, sostuvo el intendente y precisó: “Los nuevos puestos de trabajo que se crean son en su mayoría jóvenes de entre 20 y 25 años, y para muchos de ellos es su primer empleo registrado”, explicó Fernando Espinoza.

Espinoza

“Si hay más empleo, hay más consumo, si hay más consumo aumenta la producción y así aumentan los salarios. Ese es el del círculo virtuoso de la economía que estamos construyendo”, precisó el jefe comunal.

Además, el Intendente de La Matanza enumeró  las distintas obras de infraestructura que se están realizando en esta localidad. En este sentido, remarcó: “Estamos realizando una inversión millonaria en obras que modificará la estación de Laferrere y todo el centro comercial. Ya se están construyendo tres nuevos túneles bajo nivel, además de la peatonal sobre Avenida Luro. En simultáneo, en materia de prevención y protección ciudadana, estamos realizando obras que incluyen la instalación de más de 10 mil alarmas vecinales para prevenir el delito e instalando 40 mil nuevas luces led, que cambian la iluminación, traen tecnología y contribuyen al ahorro en el consumo de energía en todo el distrito”. 

Espinoza

Por otra parte, Espinoza manifestó: “Trabajamos para llevar más progreso a cada rincón de La Matanza, a diferencia de lo que pasa en otros lugares de Argentina donde hace más de quince años que, por ejemplo, el sur de la Ciudad de Buenos Aires no cambia. No se hacen asfaltos, no pasa lo que vemos acá”, mencionó el jefe comunal, en tanto que señaló: “Nosotros queremos una Matanza que siga desarrollándose y que siga progresando, por eso estamos avanzando con todas estas obras en todo el distrito”.

Para finalizar, Fernando Espinoza sostuvo: “Como intendente me llevo la sonrisa, la alegría y la felicidad de nuestras vecinas y de nuestros vecinos”. “Estamos cumpliendo y generando una Argentina, una provincia y una Matanza para todas y todos”, concluyó.

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Inflación y déficit: el Gobierno busca reformular las condiciones del acuerdo con el FMI

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El Ministerio de Economía y el Fondo Monetario Internacional (FMI) iniciarán esta semana el tramo final de la primera revisión del acuerdo por la deuda de US$45.000 millones que la Argentina mantiene con ese organismo. El Gobierno busca reformular las condiciones por el impacto de la guerra en Ucrania.

“El FMI ya ha dicho que hay que revisar estos acuerdos porque la economía se ha alterado significativamente. Así que si es una decisión que el Fondo tiene, seguramente será aplicable a nosotros”, anticipó el presidente Alberto Fernández durante su gira por Europa.

El replanteo de algunas proyecciones y de algunas metas forma parte del planteo que la Argentina lleva a la revisión técnica del acuerdo. Como parte de lo pactado, el FMI se sentará cada tres meses con las autoridades del Palacio de Hacienda, que encabeza Martín Guzmán, para evaluar cómo se está cumpliendo lo acordado.

En esta primera revisión, las metas corresponden al primer trimestre del año, en el que la Argentina no tuvo dificultades para mostrar los logros de las principales variables, e incluso sobrecumplió algunas de ellas. Los problemas -fundamentalmente en cuanto a la inflación y a la reducción del déficit- se acrecientan a partir de abril. Por eso, se busca modificarlas.

Mientras tanto, el Senado le dio media sanción al proyecto para pagarle al FMI con un impuesto a los bienes no declarados, en una sesión intensa en la que no faltaron cruces. La iniciativa fue aprobada por 37 votos positivos contra 31 negativos. Ahora será la Cámara baja la que debata si lo convierte en ley o no.

Qué dijo Alberto Fernández sobre las negociaciones con el FMI

Durante la gira por Europa, en la que visitó España, Francia y Alemania, Alberto Fernández dio algunas definiciones en materia política, sobre la interna con Cristina Kirchner, pero también sobre cuestiones económicas. Varias de estas últimas estuvieron vinculadas con el FMI.

Desde París, el Presidente dijo que es necesario analizar “cómo es la repercusión de los efectos de la guerra en la Argentina”, pero admitió que “el primer indicio negativo, es el indicio de la inflación”. Horas antes, el Indec había dado a conocer el dato de abril: la suba promedio de precios fue del 6% en el cuarto mes del año y, traccionada por los alimentos, siguió presionando fuerte sobre los sectores más vulnerables.

“A mí cuando me dicen que la Argentina puede beneficiarse con el aumento de los commodities, la verdad que no me gusta que ganemos porque hay una guerra desatada. Y, además, es muy difícil desacoplar los precios internacionales de los precios internos. Y allí el problema se complica mucho más. Por lo tanto, cuando llegue el momento, entiendo que el FMI lo propiciará. Hay diálogo permanente, pero el diálogo lo lleva el Ministerio de Economía”, dijo al respecto.

Además, Alberto Fernández defendió el aumento de tarifas de servicios públicos al señalar que “se vinculan directamente a cómo evoluciona el salario de la gente; de modo tal que nunca el aumento de las tarifas puede ser más alto que el aumento salarial de las personas”, por lo que, aseguró, “tiene un criterio distributivo muy grande, porque es un porcentaje menor al aumento del índice salarial”.

En cuanto a si este tema forma parte del diálogo con el FMI, Fernández dijo que “aunque está escrito en el programa económico no es una imposición del Fondo Monetario”. “Lo estamos haciendo porque creemos necesario hacerlo. Porque es muy difícil pensar que la economía pueda seguir subsidiando a los más ricos en materia energética, cuando además vemos cómo se ha desatado el conflicto energético con la guerra, y cuando además vemos cómo todos los precios de la energía se han disparado. Así que nosotros estamos muy convencidos que vamos en el camino correcto”.

Estaba previsto que el ministro de Economía, Martín Guzmán, acompañara el Presidente durante su gira a Europa, pero a último momento se bajó para quedarse en el país en una semana caliente.

Además de conocerse el dato de inflación, Guzmán tenía en carpeta las audiencias por tarifas, el inicio de la revisión del acuerdo con el FMI y reuniones con inversionistas estadounidenses.

Esta semana no es muy distinta para el titular del Palacio de Hacienda. Este jueves se realizará la audiencia pública para el aumento de la tarifa de agua y se conocerá el dato de la evolución del crecimiento económico de marzo.

Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) lleva 12 meses de crecimiento consecutivo y acumula un alza del 7% en el primer bimestre del año, la duda es cuánto influirá en el dato del tercer mes del año, la disparada inflacionaria que fu del 6,7% en marzo.

Todas esas variables tienen gran incidencia en lo que la Argentina lleva o debe enfrentar en la mesa de revisiones con el Fondo y mucho de ello puede influir en los cambios que se apliquen o no.

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Política

Que vuelvan los globos

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Por Julio Montero.

Estamos al borde del precipicio. Otra vez. Como en el Rodrigazo, como en la híper, como en el 2001. Y esta nueva crisis podría ser, como las anteriores, un punto de inflexión. No tanto por la inflación galopante y los inéditos niveles de pobreza, sino porque el ciclo populista parece agotado. Estuvieron 12 años, se fueron, volvieron. Modelaron el país a su imagen y semejanza y les siguen echando la culpa a otros, por supuesto: pero sus recetas ya no funcionan. Ni las económicas ni las discursivas. En el lenguaje de Laclau, estamos transitando un momento contra-hegemónico. La cadena de equivalencias K se está desintegrando: las reivindicaciones que la mantenían unida se desgajan una a una y van quedando vacantes, a la espera de nuevos liderazgos. Solo los fanáticos se mantienen firmes en la fábula. En la práctica esto significa que amplios sectores de la sociedad están preparados para depositar sus expectativas en un nuevo espacio y asumir nuevas identidades y nuevas agendas.

Capitalizar esta ventana contra-hegemónica es crucial para convertirnos en una democracia inclusiva y madura. Fue la hegemonía peronista la que fraguó la Argentina que conocemos y el país solo cambiará cuando renueve sus imaginarios y su cultura pública. Como muchos han señalado, el autoritarismo anti-pluralista y el nacionalismo económico fueron una marca registrada del Partido Militar en sus dos variantes: la peronista y la supuestamente neoliberal (con Onganía, con empresas estatales, con intervención del tipo de cambio, inflación, déficit fiscal, plata dulce, etcétera.) El problema es que por una razón o por otra —por socialdemócratas de la Pampa húmeda, por demócratas de Nueva York, por pereza o por miedo a la nomenclatura— todos terminamos internalizando el pobrismo y el dogma del Estado presente. Esos son los 70 años de los que hablaba Macri mientras buena parte de la dirigencia miraba para otro lado y lo planteaba como su límite. ¡70 años culturales! La clase política también encontró su modesto lugar en la Argentina de las corporaciones. No iba a ser este niño rico el que les arruinara la fiesta.

Naturalmente, y contra lo que muchos creen, los verdaderos cambios culturales no se producen solos. A las condiciones objetivas, que en Argentina están maduras, o madurando, deben sumarse las condiciones subjetivas de las que hablaba Lenin y que tan bien teorizó Gramsci. Y esas condiciones subjetivas se generan mediante nuevos horizontes de sentido y nuevas gestualidades. El desafío para el arco democrático es imponer un relato propio que amalgame a los que abandonan el barco nacional y popular. Y, en lo posible, esa amalgama debe volverse estable y resistente a los sinsabores de una gestión que deberá cruzar el desierto. También habrá que reemplazar el léxico de la política y redefinir conceptos, sustituyendo la idea de justicia como distribución por un ideal de justicia como movilidad social ascendente, igualdad de oportunidades y progreso a través de las generaciones. A la Argentina de los planes y los subsidios habrá que contraponerle la de los inmigrantes y las clases medias reales o aspiracionales, sin correr como locos detrás de las encuestas y los focus groups. En las operaciones hegemónicas la oferta crea su propia demanda. El resto son burócratas de la política. ¿Existe en Argentina algún espacio capaz de asumir esta trascendental tarea?

EL PRO COMO PARTIDO DEL CAMBIO

En sus inicios, tal vez de manera deliberada, tal vez espontáneamente, el PRO se concibió como un espacio con ambiciones contra-culturales. Para bien o para mal, y más allá de los gustos, no se puede negar que el partido tuvo un impulso innovador. Se atrevió a romper los moldes de lo aceptado, tanto en el plano de las formas como de los contenidos. Y aunque por propia decisión dejó intacta la trama profunda de los símbolos, cultivó una sensibilidad distinta, con los globos de colores, el vecinalismo y los cierres de campaña estilo disco. Superficial y anti-político para muchos, el PRO fue altamente disruptivo para la política vernácula. Hizo política contra la política del bombo y el comité. Este espíritu renovador, me parece, es lo que explica por qué en pocos años el PRO consagró un presidente y se convirtió en el segundo partido a nivel nacional. De hecho, fue la alianza con Macri lo que salvó a un radicalismo que languidecía sin pena ni gloria y que iba camino de realizar su sueño: reducirse a una fuerza meramente testimonial sin capacidad de disputar el poder. Ese radicalismo que coqueteaba con Binner y jugaba al peronismo bueno de modales europeos fue el compañero de viaje perfecto para el populismo. Ahora les molesta ser “furgón de cola”. Era eso o la extinción.

Si el éxito del PRO tuvo mucho que ver con su estilo, ese estilo tuvo mucho que ver con Macri. Le pese a quien le pese. Llano y directo, Macri siempre logró ubicarse en la peligrosa pero redituable coordenada del outsider. Se atrevió a decir lo que muchos piensan pero callan por cobardía o convicción, y en muchos momentos logró conectar con sectores con los que la política tradicional no quería conectar: trabajo, mérito, competitividad y progreso fueron nociones clave en su mapa discursivo. Palabras malditas y olvidadas. Fue esa trama axiológica, sustantiva y potente, la que lo llevó al poder. Las tecnologías electorales y la revolución de la alegría fueron mero decorado de fondo. Fue Macri, no sus asesores; y fue lo que dijo, no lo que le enseñaron a callar.

Entre las virtudes que Macri le inyectó al PRO hay una que se destaca sobre el resto: durante mucho tiempo fue un partido sin vergüenza. No se avergonzaba de sí mismo pero, sobre todo, no se avergonzaba de sus votantes. Se atrevía a representarlos sin disimulos, sin culpa y sin ambigüedades. En eso el PRO fue muy distinto de la UCR, siempre obsesionada con el voto progresista de las grandes ciudades. Lamentablemente, ésta es una virtud que no todos cultivaron en el partido y que desapareció durante el gobierno de JxC. Como era de esperar, pronto llegó la factura. “Voto castigo”, le pusieron. Lo que se castigaba no era el fracaso de la gestión, sino la traición simbólica y la retórica misionera y pobrista.

¿PARTIDO DEL STATUS-QUO?

El PRO tiene una misión clara: reinaugurar la era de la Argentina liberal. No la era del liberalismo a secas, ni la del liberalismo libertario o el liberalismo de la UCeDé, sino la era de un liberalismo social que genere inclusión mediante la escuela pública y un Estado que actúe de manera selectiva y estratégica. Ese fue, con variantes y matices, el liberalismo del período constitucional que la reacción corporativa sepultó y que nadie quiso recuperar. No quisieron recuperarlo el “campo popular” ni la derecha conservadora. Pero tampoco quiso recuperarlo la UCR. En el fondo, los radicales nunca superaron la herida narcisista que les propinó el peronismo: todavía sueñan con volver a su lugar de gran partido popular. No por nada, en su momento de mayor esplendor concibieron la entelequia de un tercer movimiento histórico que los acercaba al General Perón. Sarmiento y Roca, los más progresivos de todos, no formaban parte de su panteón. Recelosos del mercado, proclives a las regulaciones, al Estado protector y al solidarismo, sólo lograron diferenciarse mediante un anodino programa institucionalista que condena a los corruptos y deja el resto como está. Mucho de Yrigoyen, mucho de Alfonsín, nada de Alem o Marcelo T. A veces es difícil diferenciarlos de Alberto: así lo ve Ricardito, hermano de la democracia, cómodamente instalado en su embajada de Madrid, dando clases de igualitarismo y cobrando en dólares.

Aquel impulso renovador que fue el sello originario del PRO es el que Juntos por el Cambio parece dispuesto a sepultar con pésimo timing y movidas de principiante. Justo en el momento de mayor desprestigio de la clase política desde 2001 la coalición se encadena al barco que se hunde, y en un error no forzado, casi infantil, lanza dardos al candidato que mejor canaliza el descontento y el ansia de cambio radical. No solo expele a su electorado sino que potencia activamente el clivaje que más lo favorece: el del mesías heroico que lucha contra la casta perversa. Milei de un lado, del otro todos los demás. Mitad del padrón. Sin embargo, no lo queremos: despreciamos a sus votantes, no nos hacemos cargo de su agenda. Alimentamos al monstruo que más daño nos puede hacer. Mientras Milei anuncia un plan de salida mágico e indoloro y ofrece una narrativa de reemplazo, JxC se regodea en la moralina y la interna. Milei no crece por lo que hacen o dicen los halcones; crece por lo que no dicen y no hacen las palomas. Y si no interpretan rápido el momento, va a seguir creciendo. Brutal, rudimentario, populista, para muchos Milei es el cambio: los otros solo están juntos.

En las decisiones que el PRO tome mientras el ciclo populista agoniza, se juega no sólo el futuro de la Argentina sino también el futuro de la coalición, su identidad y su supervivencia. El PRO puede mantener vivo el impulso transformador y conducir a JxC por el camino de la contra-hegemonía, dejando atrás a los que se aferran a sus bancas y su zona de confort. O puede, por el contrario, convertirse en el gran garante del statu quo: un amplio consenso con lugar para las corporaciones, los kirchneristas arrepentidos y la burguesía nacional de la prebenda. Evita seguirá en los billetes y la 9 de Julio, Darío en la TV Pública y los compañeros se quedarán con las universidades, la ciencia y la cultura. Esa película ya la vimos. No tuvo final feliz. No habrá problemas con los ex ministros de Cristina, ni con el amigo Massa, ni con los amigos del amigo Massa. Tampoco con los que votaron la ley de alquileres. El único excluido será el libertario de malos modales que los insulta. El outsider, el disruptivo: ¿el que más se parece a Macri? Ya lo dejaron claro: ahora Milei es el límite. ¿Se cerrará la grieta por asimilación de los polos? ¿Será, como decía el general, que al final somos todos peronistas?

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Política

Impuesto a las Ganancias adelantarán a mayo o junio el aumento del mínimo no imponible

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Este domingo, el secretario de Política Tributaria del Ministerio de Economía, Roberto Arias, miembro del equipo de Martín Guzmán, confirmó que finalmente el Gobierno adelantará el aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias a mayo o junio de este año, para evitar que aumente el número de asalariados que pagan el tributo.

El viernes por la mañana el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, había planteado la necesidad de que el Gobierno aumente el piso a partir del cual los trabajadores en relación de dependencia tributan Ganancias a $ 265.000 desde el mes próximo, en lugar de enero del 2023. Horas más tarde, Guzmán dijo que ese aumento era “una obviedad”, pues así lo dispone una ley sancionada el año pasado. “Es lo que razonablemente establece a ley para que el beneficio a las trabajadores y los trabajadores no se pierda con la inflación, y es lo que el Gobierno ejecutará”, dijo Guzmán, pero se abstuvo de precisar a cuándo se adelantaría el aumento del umbral.

Luego, fuentes de Economía dijeron a Infobae que el adelantó “”se hará cuando se actualice la proyección de inflación”, aunque en verdad el mínino no imponible debe actualizarse en función de la evolución de la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (Ripte), que computa la Anses.

Massa pidió adelantar seis meses esa decisión, que está en manos del Ejecutivo por facultad delegada del Congreso Nacional, para que los aumentos salariales de los últimos tiempos no sean absorbidos por el fisco, por lo que adelantar el aumento tendría un costo fiscal que Economía aún no precisó.

Esta mañana, en el programa “¿Cómo la ves?”, por radio Futurock, cuando lo consultaron sobre el aumento del mínimo Arias, un funcionario muy cercano a Guzmán, recordó que el aumento del mínimo ya se adelantó el año pasado y en vez de hacerse en enero de 2022 se hizo entre septiembre y octubre. “Acá se haría lo mismo: la vez pasada lo adelantamos 3 meses, acá lo estaríamos adelantando 6 ó 7 meses”, señaló. Arias explicó que “como el ajuste se hace para atrás, cuando hay un crecimiento salarial mayor al esperado, puede que aumente la cantidad de trabajadores que pagan Ganancias, pero nosotros no queremos que aumente la cantidad de trabajadores que paga Ganancias”.

La situación actual, explicó, se debe a que las paritarias salariales que antes se hacían una vez al año ahora se hacen cada 6 ó 3 meses. “Aumentó la frecuencia de los aumentos”, señaló, un obvio efecto –y a la vez polea de transmisión- de la inflación.

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