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Tiempo de Viajar

TDV – Es tiempo de viajar , hoy Nepal – Segunda Parte

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La semana pasada te contamos parte de la cultura de Nepal. Hoy te contaremos algo sobre sus Plazas Durbar, sus antiguos reinos, sus religiones, sus dioses celestiales y terrenales y su misticismo.

Como dijimos la semana pasada, en materia religiosa, la mezcla entre budismo e hinduismo es tan fuerte que resulta complejo diferenciarlas y eso es lo fascinante de éste reino tan remoto que ostenta una capital no menos luminosa. Siempre tratamos de entender a las distintas culturas que visitamos, así como a su religión. Sería una falta de respeto hacer algo que puede resultar ofensivo y por eso siempre es mejor estudiar antes de viajar y consultar a la gente del lugar. Eso nos pasó con Nepal. Diamond nos explica con paciencia y nos enseña. Nos habla sobre los shadus y el porqué de su estilo de vida, sobre los monjes budistas que dedican su vida desde muy jóvenes a la oración y al servicio de los demás, con sus cabezas rapadas y sus grandes sonrisas, orando, practicando yoga o tal vez pintando mandalas que les llevará años terminar y también sobre los puestos de ventas de ofrendas a la infinidad de dioses de los hinduistas y budistas: Hanuman, Ganesh,  Parvati, Shiva, Vishnu y cientos de dioses más.

Aprendimos sobre la Trimurti o la Trinidad Hinduista, con Shiva como dios destructor, Vishnu como dios preservador y Brahma como dios creador. Shiva tiene un Tercer Ojo ubicado en su frente, que representan el ojo de la sabiduría, “El Ojo que ve más Allá”, conocido como Bindi que tradicionalmente lo usaban las mujeres casadas. Antiguamente, el día del casamiento el marido le pintaba el tercer ojo con su propia sangre. Esa tradición se fue perdiendo y actualmente se usan distintos pigmentos, pero generalmente será circular y de color rojo. Las niñas y adolescentes no casadas usan de otro color o con brillos. Algunos hombres llevan el tercer ojo llamado Tinaka y tiene una  forma alargada, también será de color rojo hecho de una pasta de polvo de plomo y sándalo. Dicen que ayuda a mantener la mente calma para una mejor visión de la sabiduría.

Plaza Durbar Katmandú

El lugar se encuentra frente al palacio real de Katmandú y el nombre significa “Lugar de Palacios”. La plaza está en la parte antigua y en su interior hay 50 templos que representa a una deidad del hinduismo. Ahí encontras los templos de Kasthamandap, de Shiva Parvati, Krishna, Saraswa, Bhagwati, Maru Ganesh, Vishnu y el Palacio Real dedicado al dios Mono, Hanuman Dhoka. La mayoría de éstos templos se remontan al siglo XVI, pero se cree que la construcción de la plaza y los palacios comenzó a principios del siglo III. La plaza es de una arquitectura espectacular y muestra la destreza de los artesanos que trabajaron acá durante siglos. En algunos de estos templos hay figuras del Kamasutra talladas en madera. Estas figuras eran una guía práctica para los niños que se criaban juntos y estaban destinados a formar matrimonios arreglados y al llegar a la etapa adulta no sabían cómo concretarlo por lo que las imágenes actuaban como un instructivo.

Quizás el sitio más venerado de la Plaza Durbar de Katmandú es el templo de tres pisos llamado Kumari Bahal. Este templo construido por el rey Jayaprakash Malla, alberga a la Kumari Devi, una niña de unos cinco años, elegida a través de un proceso selectivo y que se cree que es la encarnación viva de la diosa Durga. La diosa no es una niña cualquiera y el proceso de selección es bastante riguroso: debe pertenecer a la casta Newari Shakya, no tener marcas o heridas en el cuerpo y responder a 32 señas particulares, entre ellas la de permanecer impasible ante el pánico. Es deber de una Kumari proteger a la ciudad y se cree que la tradición comenzó alrededor del siglo XII. Es un gran honor para la familia que una hija sea la elegida y además le asegura una renta vitalicia.

La Kumari quedara aislada del mundo en éste templo, siempre estará vestida de rojo, con los ojos pintados de un negro profundo y  saludando a los fieles a través de una pequeña ventana del edificio, siempre bajo la supervisión de un sacerdote que mira y controla. Una vez al día, los turistas y lugareños que se acercan a éste templo y todos harán una reverencia en señal de respeto. Se espera que la Diosa/Niña permanezca quieta durante largas horas mientras da su bendición a miles de visitantes durante los festivales. Su reinado concluirá cuando llegue su primer período y ese día volverá al mundo de los mortales como una más, sin ninguna concesión. Luego se elige a otra y así se mantiene este insólito reinado de niñas desde hace siglos. Después de años de estar aislada del mundo, ella deberá aprender a hacer amigos, a andar por las calles e ir a la escuela. Algunas de ellas quedan enclaustrada de por vida en conventos porque no soportan el reencuentro con el mundo exterior. El brillo y la adoración que tenían por ellas desaparece. Al dejar de ser Kumari comenzarán un largo camino llenos de dificultades de adaptación a la vida común para la que no están preparadas. Algunas llegarán a formar una familia y tener hijos, aunque también se dice que casarse con un ex Kumari es de mala suerte. Pobre destino para las chicas elegidas.

Salir sin permiso, del templo de adoración, es considerado un sacrilegio, pues no sólo no pueden tocar el piso, sino tampoco deben ser tocadas por nadie y solamente se alimentarán por medio de una comida ritual.​ Ellas sólo verán la calle en momentos muy concretos como la festividad de Indra en septiembre. Durante las fiestas miles de personas en procesión le rinden tributo y todos querrán tocar sus pies en señal de respeto y símbolo de buena suerte, de poder espiritual y sobre todo curativo de muchas enfermedades. Incluso el presidente se reverencia ante ella. No se les permite asistir a la escuela y sólo pueden comunicarse con unos pocos selectos. En la actualidad, esta tradición choca con los derechos de los niños que propone UNICEF, así que se realizaron algunos cambios con respecto a la educación de las nenas, ya que muchas chicas no tenían ningún tipo de educación al dejar de ser Kumari.

Plaza Durbar Patan

En Patan no hay coches en el interior de la plaza, aunque eso no hace que esté libre de la contaminación. Esta plaza era otro reino conocido como Lalitpur y fue fundado en el Siglo III a C. Frente a cada templo, una estatua representa a la deidad a la que está dedicado. Como en Katmandú, los templos se multiplican, también lo hacen los baños públicos que no son más que enormes piletones en donde la gente no sólo va a lavar sus ropas sino también a bañarse y purificarse. Llega un punto en donde no te sorprende ver éste tipo de situaciones y son casi normales a la vista de un extranjero.

Aunque no lo creas, caminar por ésta plaza llena de gente te da paz. Ves a las personas en su propio mundo, sentados a la puerta del templo, orando en paz con el tercer ojo pintado en la frente. Nos llamó la atención una señora mayor que estaba sentada, solo mirando, vaya a saber qué, pero su pensamiento no estaba acá, estaba en otro lado y su cara reflejaba paz, esa imagen nos conmovió. Silvia luego la plasmó en una pintura. Fuimos testigos de la celebración de un matrimonio no tradicional, porque no se realizaba dentro de un templo. Suponemos que por cuestiones de castas que sigue siendo una traba en estos pueblos, pero el amor supera todo. Los  jóvenes novios, estaban sentados sobre unos diarios a modo de alfombra se mostraban amor y respeto mutuo. Ella en un momento le besó los pies. Muchos collares de flores y algunos amigos como testigos de la ceremonia.

En ésta plaza, tuvimos un encuentro con 3 jóvenes que después de mirarnos desde la distancia, se acercaron a conversar y nos dijeron que estudiaban periodismo y estaban haciendo un trabajo con los turistas que visitaban Patan Square. Terminamos abrazos y haciéndonos selfies.

Pero también, deambulando por las plazas se pueden ver a los shadus, que son esos monjes nómadas que van envueltos en sus túnicas amarillas o naranjas, con sus caras pintadas con ceniza, sus manos con pigmentos de colores, sus largas barbas y melenas trenzadas, viviendo sólo de la caridad o de lo que encuentren en la basura. Algunos son declarados santos y otros intocables. Ellos no tienen nada más que lo que llevan encima y se dedicarán solo a la vida religiosa, pero también conocen el valor del dinero y si quieres sacarles fotos, te harán la señal internacional con los dedos de “dame dinero”.

Plaza Durbar de Bhaktapur

Bhaktapur es el reino más antiguo del Valle de Katmandú y su plaza a pesar de ser más pequeña, es la más antigua. A diferencia de los templos de las otras plazas, aquí los templos están construidos totalmente en piedra ya que son réplicas de templos que están en India y que son lugares de peregrinación obligatoria para los fieles del hinduismo, adonde los reyes de Bhaktapur iban todos los años. Peregrinar hace siglos no era tarea fácil, así que los rajás o maharajás se decidieron a construir réplicas en su reino y convertirlas también en su propio lugar de peregrinación.

Bhaktapur estaba situada en la ruta entre Tíbet e India y eso la convirtió en rica y poderosa. De hecho, en esta plaza se alza el templo Nyatapola, el más alto del país, que está construido con cinco plantas. En cada nivel hay dos esculturas: en la primera planta hay dos luchadores, en el siguiente dos elefantes, les siguen dos leones, dos animales mitológicos y dos diosas tántricas. En el interior del templo está la estatua de la diosa Mahishasura Mardini que es una encarnación de la diosa Parvati, creada a partir de la energía de todos los demás dioses para luchar contra el demonio Mahisha.

Cada plaza mostraba el poder de un reino y como tal servía y sirve para asombrar a sus visitantes. Siglos después ya no hay reyes en los palacios, pero siguen las tradiciones, las leyendas, los templos y las diosas a los que hoy se unen los viajeros.

La semana que viene te seguimos contando algo más de éste maravilloso país y su gente.

 Oscar Mira

Mail: silviayoscarporelmundo@gmail.com

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Tiempo de Viajar

TDV – Es tiempo de viajar, hoy viajamos a la India – Primera Parte

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El vuelo de Indian Airlines, no duró mucho tiempo. Un poco más de una hora, hasta llegar al Aeropuerto Internacional Lal Bahadur Shastri en Varanasi, en donde después de hacer los papeles de migraciones nos esperaba Arum para llevarnos al hotel Ramada Inn en la zona céntrica.

 

Varanasi o Benarés es al budismo, el hinduismo y el jainismo, lo que La Meca es para los musulmanes o Jerusalén para cristianos y judíos. Un lugar sagrado. Una Ciudad Santa. Una de las ciudades más antiguas de la humanidad. Esa ciudad en donde los hindúes saben que al menos una vez en la vida deberán visitar y en donde desean terminar sus días y ser cremados a orillas del río sagrado: El Ganges.

Si Katmandú era caótica, Varanasi la supera ampliamente. Pero a la vez es una ciudad asombrosa, hipnótica, seductora y espiritual. Acá, de verdad, es casi imposible moverse por las calles y no sólo por sus casi 4 millones de habitantes que circulan con distintos medios, sino también porque hay más animales sueltos. Es uno de esas ciudades en donde en algún momento debes pararte en una esquina solo para mirar pasar la vida. Conocer estos datos es sólo el puntapié inicial de este viaje de sentidos.

La categoría de Ciudad Santa proviene de la creencia de que una de las cuatro cabezas del dios Brahma consiguió descansar al llegar a esta ciudad.

Según el hinduismo, todo aquel que muera en Benarés, quedará liberado del ciclo de las reencarnaciones. Es por eso que muchas personas llegarán solo a esperar la muerte. Peregrinos, ancianos y enfermos anhelan morir aquí, donde la Madre Ganges liberará al alma de la eterna rueda de la vida, el interminable ciclo de nacimiento, muerte y resurrección. En la historia de la humanidad, la creencia de que una persona fallecida volverá a vivir o aparecer con otro cuerpo ha sobrevivido a lo largo de la historia y las religiones.

Para los hindúes, el alma se reencarnará en un ser superior, intermedio o inferior, dependiendo de las acciones buenas o malas cometidas. Esto incluye desde estados de existencia celestiales a infernales, siendo la vida humana un estado intermedio. No es de extrañar, el respeto por la vida que se nota en las calles por donde deambulan vacas, perros, cabras, gallinas, búfalos. Nadie mata a un animal porque se supone que algunos son seres humanos reencarnados, es por ello que la mayoría de hindús son vegetarianos.

A este incesante vagabundeo del alma lo llaman La Rueda de Samsara. Cada alma viajará en esa rueda y el sentido de la trayectoria de su alma dentro del universo lo marcará el sentido de sus actos. El estado en el que renace el alma estará determinado por sus buenas o malas acciones llamado Karma, que es el peso de todas estas acciones que determinará la reencarnación o renacimiento. Los hindúes creen que las almas de los que hicieron el mal renacerán en seres inferiores como animales, insectos o árboles o en estados inferiores de vidas desgraciadas. El peso del Karma se puede modificar con la práctica del yoga y las buenas acciones.

El proceso es continuo hasta que el alma individual evoluciona y alcanza al dios Brahma, el creador del mundo, en donde es salvado de la desgracia de más reencarnaciones. Sólo alcanzarán la liberación quienes limpien su Karma y alcancen el objetivo final: El Nirvana. Por lo que luego de su última muerte, el alma sale del universo material y se funde en la Luz Divina, en donde el alma individual y el alma universal son idénticas.

En ésta ciudad, cerca del Ganges, existen casas para albergar a aquellas personas que no tengan a nadie y vengan a la ciudad solo a dejarse morir. El hinduismo considera los baños en el río como purificadores de los pecados, es por ello que cada madrugada miles de fieles bajan por las escalinatas hasta las orillas del rio para bañarse en sus aguas. Ahí podés ver a madres bañando a sus hijos, algunos lavándose los dientes o haciendo sus necesidades o lavando ropa, sin importar el alto grado de contaminación en el que se encuentran. En Varanasi todo lo tiran al Ganges. Cada día se vierten millones de litros de aguas residuales, desechos industriales tóxicos, basura, cenizas de cuerpos cremados, algunos restos casi quemados, animales muertos, lo que te imagines. Sin embargo, el hecho que el río se considere sagrado hace que todos hagan la vista gorda.

 

El Río Ganges

El río personifica a la Diosa Ganga. La Diosa de la Purificación. Cuenta la leyenda que Himalaya, dios de la gran montaña, tuvo una hija de gran belleza llamada Ganga, quien luego fue esposa de Visnú hasta que éste la cedió a Shiva y tiempo después fue consorte del Rey Shantanu. En un principio, el río fluía sólo por el cielo, pero Shiva lo hizo bajar a la Tierra para lavar las cenizas de sus antepasados. A fin de suavizar su caída, que habría aniquilado a los humanos, el río se derramó suavemente sobre la cabeza de Shiva y luego goteó sobre la Tierra desde sus cabellos. La fe en las propiedades purificadoras del río procede del refrescante poder de sus aguas. Los hindúes creen también que, si son cremados a orillas del río y sus cenizas se dispersan en él, su alma será liberada del ciclo de la reencarnación y accederá al Nirvana.

Para muchas personalidades, el último deseo fue ser cremados y sus cenizas derramadas en el Ganges o sus afluentes. Mahatma Gandhi, como todo hindú fue cremado sobre el río Yamuna. Una parte de sus cenizas fueron arrojadas al río, otras desparramadas por la nación y el resto fue enterrado en el Memorial Raj Ghat de Nueva Delhi. Pero de Gandhi hablaremos más adelante.

También George Harrison, que falleció de cáncer en el 2001, quiso cumplir con éste ritual y sus cenizas fueran arrojadas al Ganges. Recordemos que Harrison fue el único Beatle que abrazo el hinduismo luego de la visita de la banda a la India a encontrarse con el Maharishi Mahesh Yogi. A partir de ese encuentro Los Beatles editaron el famoso Álbum Blanco y se incorporaron temas de Harrison como “Here Comes the Sun” o “While my Guitar Gently Weeps”, creados durante esa etapa mística.

Ceremonia nocturna

Por la tarde salimos del hotel para presenciar el ritual nocturno del Aarti, así que Arum vino a buscarnos para enseñarnos esa ceremonia. Después de un corto trayecto en coche, bajamos para chocarnos con la real vida nocturna de Varanasi: coches, bicicletas, rick shaws, motos, calles destrozadas y cortadas, congestión de tráfico, tumultos, bocinazos, animales sueltos, militares con armas, gente durmiendo en viejos catres en las calles, ratas que se cruzan por delante, perros y vacas que pelean por restos de basura desparramada, turistas dentro de la vorágine de gente con cara de no entender nada, chicos que pasan a tu lado y te dicen “hello, hello”.

Es muy fácil enloquecer en ésta ciudad que cobra más vida por las noches. En un momento pasamos por un Centro Comercial, que no es nada más que un conjunto de tiendas de ropa de dama, de vistosas y coloridas sedas orientales. Estos saris son el símbolo nacional y le dan a la mujer una apariencia de comodidad y lujo. Sólo se envuelve un extremo de la tela alrededor de la cintura y el otro extremo se pasa por encima de los hombros o de la cabeza.

El aire es espeso, húmedo, agobiante. Los olores se concentran y saturan. Es imposible que no te impacte éste recorrido hasta las márgenes del Ganges, en donde llegamos para presenciar la ceremonia ancestral de ofrenda a la Madre Ganga. En el río hay  barcazas con turistas listas para presenciar el ritual que durará casi una hora. En ese momento se ofrecen luces y flores, bajo la forma de lámparas de aceite encendido, acompañada por tambores, campanas y un inmenso gong tradicional. Los bailes, la música y las luces reúnen a numerosos peregrinos, lugareños y turistas para presenciar la ceremonia que será presidida por sacerdotes brahmanes.

El Aarti viene del concepto védico del ritual del fuego. En la ceremonia, las flores representan a la tierra, el agua a los líquidos, las lámparas al fuego y el incienso es el estado purificado de la mente y la propia inteligencia que también es ofrecida. Durante el rito se circula una inmensa lámpara con fuego en torno a una deidad y se cantan  alabanzas. De este modo, la lámpara toma el poder de la deidad, luego los religiosos acercaran sus manos al fuego de la lámpara y luego tocaran su frente y de ésta forma la bendición pasará de la deidad a la llama y luego al devoto.

Amanecer en el Ganges

Al día siguiente salimos temprano del hotel. Arum no espera para ir de nuevo al Ganges para ver el amanecer en Varanasi. El camino nos lleva por angostos callejones, en donde el calor húmedo se te pega en la piel y descubrís miles de pequeños templos desde los más sofisticados hasta los más humildes. Cada familia tiene su propio templo en donde colocan imágenes, velas, inciensos, telas y pigmentos rojos, todo en honor a la deidad.

Todo pasa en el Ganges. La vida y la muerte. La felicidad y las penas. En las orillas del río se concentra casi toda la ciudad y a lo largo de 2 km de recorrido se ven grandes templos y palacios. Muchos de ellos fueron construidos en el siglo XVII y con el tiempo fueron abandonados o reconvertidos en hoteles. En el río siempre hay un ritual que presenciar. Al año de nacer, al bebe le rapan la cabeza y lo bañan en el río. Un ritual similar se produce después del casamiento en donde la pareja viene a agradecer y por último el ritual de la cremación.

Hay varios Gaths en donde se concentran las cremaciones, pero los más populares son Manikarnika Ghat o Harischandra Ghat. Por el río navegan grandes barcazas que cargan leños que se usaran en los rituales. A la cremación no se lo toma con tristeza, de hecho no es recomendable llorar ya que se supone le traerá mala suerte al difunto en la otra vida. Son situaciones que hay que aceptarlas aunque sean duras de ver y pueda parecer una macabra tradición.

Llegar al Gaths y ver personas bañándose, lavando sus ropas y sus dientes, bañando a los hijos, orinando en las paredes, descansando o simplemente tomando un té mientras miran la salida del sol y un poco más allá, suceden las cremaciones, es un impacto duro de ver para nuestra mente occidental. A eso se suman personas que descienden tocando tambores y campanas y cantando mantras. Las escaleras al Ganges hacen las veces de tiendas, lugar de descanso, puestos de chai y tendederos de ropa.

Todavía no salió el sol y ya hay mucha gente. Cientos vienen para adorarlo y luego a purificarse en las aguas del río. Arum nos invita a subir a un bote y partimos a observar la salida del sol desde el río.

En el bote viajábamos unas diez personas y al salir el sol, ellos se ponen de pie, juntan sus manos en el pecho y agradecen por éste nuevo día. En ese momento se respira paz y tranquilidad. Tenés la sensación que el tiempo se detuvo en algún momento del pasado. Fue un momento de profundo respeto.

En el bote viajaba una chica muy joven con una bandeja de deseos. Eran unos pequeños cuencos con pétalos de flores y una vela en el centro. Encendida simboliza un deseo. Esa chica era una vendedora de deseos. Le compramos dos y los depositamos encendidos sobre el agua. Cada uno depositó el suyo y pedimos ese deseo. Por un rato, nuestros deseos viajaron juntos durante un largo rato, bamboleándose sobre la corriente del Ganges. Fue un símbolo que sentimos trasladado a nuestra propia vida.

Nos pidieron que no tocásemos el agua del  río, debido al alto nivel de contaminación que podría afectarnos. Solo un poco de agua con la punta de los dedos y luego apoyarlos en nuestra frente. Fue una forma simple de purificar nuestra alma y compartir ese profundo momento de respeto.

Al acercarse a los Gaths principales de cremación ves las piras de fuego que llevan siglos ardiendo. El humo es espeso alrededor del funeral público, la gente se amontona cerca de los cuerpos que esperan cubiertos con mantos naranjas y flores. Todos tendrán su momento y su lugar de cremación. De lejos se observa esa imagen con el aire cargado con olores a madera y carne quemada mezclado con inciensos.

No es un lugar para las personas impresionables.

Antes de situar el cuerpo sobre la pira funeraria, los familiares lo bañan en el Ganges y luego, por motivos religiosos y para ayudar a la combustión, lo frotan con aceite. Los hombres son colocados boca arriba en la pira y las mujeres boca abajo.

El hijo mayor se rapará la cabeza en señal de luto y será quien inicie el fuego. Para la combustión se le agrega más aceite y paja. La incineración durará unas cuatro horas hasta que el cuerpo se convierta en cenizas. A veces el cráneo explota por el calor y se cree que de esa forma se libera el alma, si esto no sucede deberá hacerlo el hijo mayor. Toda una responsabilidad. Algunos dicen que el alma se escapa por la boca que es por donde se inicia el fuego.

Las hogueras se mantienen ardiendo hasta que solo queden cenizas, siempre y cuando se tenga el dinero suficiente para solventar los gastos de los leños a quemar. Un entierro decente tiene su valor y no todos pueden pagarlo, por lo que una vez consumido los maderos que los parientes pudieron pagar, el cuerpo se desechará al río sin importar si se consumió completamente.

Varanasi es la ciudad de los filósofos, escritores y músicos más importantes de India. La gente se refiere a ésta ciudad como “La Ciudad de los Templos”, “La Ciudad Sagrada de la India”, “la Capital Religiosa de la India” y “La Ciudad de las Luces”.

Cerca de los lugares de cremación los chicos seguirán nadando y los adultos seguirán lavando sus ropas y sus dientes en el Ganges, los perros seguirán peleando por los restos de la basura, los buscadores de oro seguirán en las orillas filtrando restos con el sólo deseo de encontrar algún anillo, diente o alhaja de oro con que fueron cremados. Como leímos por ahí: “Varanasi puede llegar a ser tu peor experiencia o una de las mejores y más enriquecedoras de tu vida. Solo lo sabrás el día que llegues a esta milenaria ciudad y vivas tu propia historia”.

Hay una película poco conocida que llamada Hotel Salvación y cuenta la historia de un anciano que siente que su vida llega a su fin y le pide un último deseo a su hijo: que lo lleve a Varanasi a morir. La película muestra ese viaje a esos hoteles reales y donde los huéspedes pueden alojarse por un máximo de 15 días. Allí los religiosos los prepararán para el viaje final. Pasado ese tiempo y si no han fallecido, deben entregar la habitación a otra persona.

Hay otra película llamada Massan cuyo significado en hindi es Crematorio. Un drama de historias entrelazadas con un punto en común: el Ganges. La película se desarrolla cerca de los Gaths, en donde se realizan las cremaciones y otras tradiciones de los hindúes.

 

Te esperamos la próxima semana.

 Oscar Mira

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Tiempo de Viajar

TDV – Es tiempo de viajar, Hoy Nepal ultima parte

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En ésta última parte te mostramos algo más de Nepal y sus edificios religiosos que son Patrimonio de la Humanidad, sin olvidarnos de sus tradicionales cremaciones en los afluentes del Ganges. Vení que te cuento lo que nos pasó.

Estupa Budista de Boudhanath

La Estupa de Boudhanath es uno de los lugares budistas más importantes y sagrados de Nepal, a donde llegan miles de peregrinos y turistas de todo el mundo. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979. Boudhanath fue construida sobre una antigua ruta comercial al Tíbet y fue el lugar en donde los antiguos comerciantes se detenían a orar. Este lugar siempre fue muy venerado por nepaleses y tibetanos y de ahí viene la energía que irradia.

La Estupa es un edificio budista que tiene su origen en un montículo, que eran las antiguas tumbas que se utilizaban en Asia. Las primeras estupas se usaban para guardar las reliquias de Buda y más tarde se usaron de manera simbólica. Las estupas son al budismo como la cruz al cristianismo.

Este impresionante edificio sagrado de forma circular tiene más de 30 metros de altura y en su centro tiene una gran torre de cuatro caras. En cada una de ellas están los ojos pintados de Buda y sobre esa torre hay una construcción de 13 escalones que representan la iluminación, para finalizar con una gran aguja dorada que simboliza el éter. Sobre la estupa hay infinidad de pequeños banderines budistas de colores que flamean al viento portando oraciones que se elevarán al cielo y alrededor más de 100 cilindros dorados de madera, también con oraciones talladas con un mantra. Recorrer toda la estupa, haciendo girar todos los rollos también es una forma de orar. Dentro del monumento hay un gran cilindro de madera multicolor también con oraciones tántricas que también es girado por los creyentes.

Cada día hay mucha gente dando vueltas mientras recitan mantras y hacen rodar los cilindros de oración. Dar vueltas a la estupas hace que los creyentes budistas ganen méritos y eso se contagia a cualquier persona aunque no seas budista. Nosotros lo hicimos como una forma de respeto y nos dio mucha paz interior.

Después de la invasión china al Tíbet, muchos refugiados tibetanos llegaron a ésta zona y hoy en día viven en comunidad. Acá hay monasterios, centros de estudios budistas tibetanos, tiendas que ofrecen arte, joyas y artesanías tibetana. Entrar a un centro de budistas tibetanos en donde pintan mandalas y ver el trabajo de los estudiantes es de verdad un placer.

En el año 2015 dos terremotos de casi 8 grados de escala Richter asolaron al país. El sismo dejó 9.000 muertos, 22.000 heridos, más de 2.900 monumentos históricos fueron  afectados y más de 750 reducidos a escombros. El sismo también afectó a la Estupa de Boudhanath destruyendo su cúpula y parte de su estructura. Fue restaurada en su totalidad y habilitada hace poco tiempo. Más de la mitad del dinero se invirtió en el oro destinado a cubrir la parte superior del santuario. Acá algunos videos del momento.

 

 

 

Templo de Pashupatinath y Cremaciones en el Rio Bagmati

El rio Bagmati es uno de los tantos afluentes del Ganges y por lo tanto también se lo  considera sagrado para el budismo y el hinduismo. Construido sobre ambas orillas del río se encuentra el Templo de Pashupatinath que está formado por un conjunto de edificios con hospitales y refugios para personas que no tienen hogar o para aquellas personas enfermas, que llegan a orillas del río Bagmati sólo a morir. Sobre una orilla hay pequeñas habitaciones en donde ves varios shadus caminando, sentados, o sólo esperando. De este lado del río también hay gradas en donde las personas se sientan a orar y a mirar las cremaciones que ocurren en la otra orilla del río y que puede causar un gran choque cultural.

Según el hinduismo, el ser humano debe convertirse en los cinco elementos para poder reencarnar después. Solo aquellos que son quemados pueden volver a reencarnar. Hay cuatro excepciones: los leprosos y tuberculosos, las mujeres embarazadas y los niños no serán quemados, a ellos se los envolverá en mortajas blancas y serán arrojados a las profundidades del río con piedras de contrapeso. Por su parte, los santones hindúes tampoco serán quemados, es su deber seguir meditando aún después de muertos y de esa forma son enterrados, en posición de meditación. En algunas regiones en donde no existe ningún afluente del río sagrado donde quemar los cuerpos y descargar las cenizas en él, deben trozar los cuerpos en partes y los llevan a las cumbres de las montañas para ser el alimento de los buitres y de esa forma alcanzar la reencarnación.

Al llegar a las gradas, nos sentamos con Diamond a ver ese ritual. Puede resultar macabro pero hay que aceptarlo como parte de la vida. Frente a nosotros, se congrega gente que contempla un cuerpo cubierto, que yace en una especie de camastro, cubierto con un manto amarillo y pétalos de rosas. “Luego de la purificación del cuerpo con agua del Bagmati y la despedida de la familia, el cuerpo es cargado hacia donde están las Gaths  (la zona de cremación) y se deposita sobre una gran pira de leña. Estos gastos funerarios correrán por cuenta del hijo mayor quien luego iniciará el ritual de la incineración. De no poder costear los gastos para conseguir los leños suficientes, el cuerpo será quemado en grandes hornos de gas, siendo un deshonor para la familia. El fuego será iniciado por el hijo mayor y en caso de que no tuviera hijos puede ser un sobrino, pero siempre será un varón, quien para ese momento se habrá rapado la cabeza. Luego él gira siete veces alrededor del cuerpo invocando al alma a salir. Le coloca un paño en la boca del difunto y ahí iniciará el fuego ya que se piensa que por la boca, se libera el alma. Luego de éste ritual, se cubre el cuerpo con pastos secos y más leños que ayudarán a la combustión”. El viento sopla en otra dirección, por lo que no sentimos el olor a carne quemada, solo desde la distancia ves la gran pira que toma combustión.

Algunos familiares y amigos se quedarán las casi 4 horas que durará la cremación. Finalizado ese tiempo, las cenizas o lo que quede del cuerpo será arrojado al río. Algunos shadus se acercaran y esparcirán por su cuerpo las cenizas de los muertos y de esa forma se dice que se protegen de enfermedades, sintiéndose en comunión con Shiva. Otros shadus, recorrerán los bancos de arenas en las bajantes del río y se alimentarán de restos humanos, ya que comiendo solo carne de seres muertos, se siguen considerando vegetarianos y en contacto con la naturaleza. Dicen que ésta práctica les da poderes sobrenaturales, así como beneficios físicos tales como evitar el envejecimiento. Para ellos, un cadáver no es más que una materia natural que carece de la fuerza vital que alguna vez tuvieron. Con el consumo de carne humana muerta, prueban que nada es profano ni está separado de Dios y que la materia muerta simplemente pasa de un estado a otro. Algo muy poco aceptado por muchos, sin importar en qué lugar del mundo se encuentre.

Después de recorrer la ciudad y descubrir misterios que nos asombraron, volvimos a nuestro hotel a descansar y disfrutar de las exquisiteces locales. El pollo al tandori con verduras y pan roti, el queso de búfala de yak, los currys especiados y sus frutas exóticas. Para relajar un poco, unos masajes nepaleses en donde la masajista se trepa como una araña sobre tu espalda y te hará crujir los huesos como una asesino ninja. De ahí derecho a la cama a ver en la tele los programas de Bolliwood, del Golfo Pérsico, de Rusia, China y Japón y algunos europeos, pero ninguno en español o en un idioma que se pueda entender. Te puedo asegurar, que ver un partido de futbol relatado en árabe o algún partido de criquet, no es de lo más divertido.

La salida de Katmandú, al día siguiente, fue algo triste. El deseo de descubrir más sobre éste país  seguía con nosotros. Eso nos pasa cuando nos encandila un lugar que nos gusta, queremos permanecer y pertenecer. A pesar de la vorágine y la locura de la ciudad, de sus creencias y extrañas costumbres para nuestro sentir occidental queremos volver. En el aeropuerto nos revisan varias veces el equipaje antes de subir al avión, por el sólo motivo de que no llevemos nada material del lugar. Solo llevamos lo espiritual como un tercer ojo en nuestro frente y eso quedará con nosotros.

Varios artistas inmortalizaron en sus canciones a ésta ciudad maravillosa: Fito Páez, Pappo, Pascal Gaigne, Bob Seger y Cat Stevens quien alguna vez y decía:

“Katmandú, pronto estaré viéndote

Tu extraño y desconcertante tiempo

Me mantendrá vivo

Corten algunos leños

Que encenderemos una fogata

Tibia luz enciende el amanecer

Y ayúdame a ver

El árbol viejo de Satán”

 

También la genial Tina Turner, alguna vez cantó un mantra nepalí. La tenías?

Y si te gusta la música étnica, te dejo esto por acá para escuchar algo de Nepal?

Te esperamos la próxima semana para seguir nuestro viaje a La India.

 

 Oscar Mira

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TDV – Es tiempo de viajar, Hoy Nepal – Primera Parte

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El paisaje cambia. Ya no hay interminables desiertos, ni monumentales construcciones, ni impresionantes islas artificiales. Los profundos océanos y las masas desérticas dejan paso a las grandes cadenas montañosas. Bienvenidos a Nepal.

El vuelo es tranquilo. Son algunas horas en donde además cambia el modo horario. Acá nacen algunos de los ríos más grandes del mundo como el Yamuna, el Ganges, el Indo, el Brahmaputra y el Yangtsé a cuyas orillas viven más de 1.300 millones entre India, Nepal, China, Bután y Bangladesh. En ésta zona se concentran las montañas más altas del mundo, con 9 de los 14 picos por encima de los 8.000 mts, como el Everest en el Himalaya. Su nombre proviene del sánscrito significa “La Morada de las Nieves.”
Hace algunos años, el documentalista español Fernando Ezquerro Palacios presentó su trabajo fotográfico que realizó en ésta zona durante unos 7 años, recorriendo algunos rincones de la cordillera para captar con su cámara la huella cultural e histórica de los antiguos reinos de Nepal, Ladakh, Zanskar, Mustang, Sikkim, Tíbet y Bután. Sus páginas recorren paisajes, retratos, monumentos, actividades cotidianas, fiestas y religiosidad que impregna todo el Himalaya a través del budismo. Si tenes oportunidad te recomiendo que lo veas. Acá un adelanto

Nuestro viaje nos trae a Katmandú, la capital de Nepal y lo primero que encontramos al llegar al aeropuerto es una larga fila de turistas pugnando por sacar la visa para ingresar al país. La idea de mucha gente se quedó estancada en las décadas del 60 y del 70 con los designios del Flower Power, en donde los hippies venían a Katmandú solo para consumir opio, hachís, heroína y marihuana, para luego perderse en un mantra en algún templo en las altas montañas. Todo eso quedó atrás. Nepal hoy se abrió al Occidente después de un prolongado ostracismo. Hoy llegan turistas de todo el mundo sin ningún otro motivo que dejarse deslumbrar por el país.


Época de monzones y nos reciben las lloviznas. La diferencia horaria entre Argentina y Nepal la diferencia horaria es de +8,45. Sí, es algo raro, así que siempre es muy difícil saber qué hora es del otro lado del planeta. Al salir del aeropuerto, evitando taxistas, vendedores, y arribistas que se abalanzan sobre nosotros para ofrecernos cosas, aparece un cartel con nuestros nombres y nuestro guía Diamond está ahí esperándonos. Una persona muy amable, que no sólo nos enseñó su ciudad y su cultura, sino que también muchas veces actúo como guía con otros turistas, en varios ascensos a los picos más elevados de Nepal.

Tras los recibimientos y presentaciones, comenzamos el periplo por la caótica Katmandu. Las personas se juntan en las esquinas, los semáforos no existen y las bocinas se multiplican, las calles son desiguales, los rickshaws y las motos luchan por buscar un lugar por donde meterse, los minibuses llenos de gente corren y los animales sueltos también lo hacen. Si hay una vaca acostada en el medio de la calle, todos le pasarán por al lado, sin molestarla. Ella entorpecerá el tránsito hasta cuando quiera moverse. Las vacas acá son sagradas y pueden circular por donde quieran. Pienso, “menos mal que ellos conducen, porque si hubiéramos alquilado un coche, estoy seguro que lo devolvemos hecho pedazos y nosotros con los nervios destrozados. De Nepal derecho al manicomio”.
Namaste!, te saludarán al pasar, juntando sus manos en el centro del pecho e inclinando la cabeza. Este saludo es habitual entre quienes practican yoga, pero en éstos países es una expresión de respeto, agradecimiento, bienvenida, despedida o un saludo de buenos deseos y augurios. El gesto significa “me inclino ante ti”, o “un saludo a tu dios interior”. Al ver la cordialidad de los nepaleses retribuyes de la misma manera. El Namaste, se quedará con nosotros por siempre y lo agradecemos.

No es extraño que la tierra que vio nacer a Siddhartha Gautama “Buda” en el año 543 a.C, que alberga al Everest y venera a la diosa viviente Kumari, sea un lugar de culto entre los viajeros. Debido a su estratégica posición geográfica entre los dos colosos: India y China, tanto la historia como la cultura y la lengua de Nepal son una síntesis de las influencias de los pueblos mongoles del norte de Asia y los caucásicos de la India. La mezcla entre el budismo tibetano y el hinduismo es tan poderosa que más de una vez resultará complejo diferenciarlas. Y acaso por esas características sobre su naturaleza, un reino tan remoto y fascinante como Nepal ostenta una capital no menos luminosa. Desde hace más de cien años se dice: “Katmandú es una ciudad con tantos dioses como habitantes y con tantos templos como casas”.

El país cuenta con una gran variedad de territorios, que abarcan desde selvas húmedas hasta las altas montañas. Su bandera, creada en 1962, es la única del mundo formada por dos triángulos que simbolizan el Himalaya y sus religiones: el budismo y el hinduismo. El rojo representa a su flor nacional y el azul es símbolo de paz, la Luna representa a la Casa Real y el Sol a la dinastía que dirigió el país hasta 1961. La ciudad es atravesada por el río Bagmati que fluye hacia el suroeste a lo largo de todo el valle de Katmandú, uniéndose más adelante al Ganges, el río sagrado del hinduismo.
Esa tarde caía una suave llovizna pero igual tomamos un taxi y salimos a visitar un sitio llamado Thamel que es un lugar muy concurrido por el turismo, con bares, restaurantes, bandas en vivo, vida nocturna y tiendas que venden desde artesanías hasta coloridas joyas, desde inciensos hasta perfumes y especies y sobre todo equipamiento de montaña y trekking.

Salimos del hotel e intentamos cruzar la calle. Imposible. Por esa calle angosta pasaban cientos de coches, rick shaws y motos a toda velocidad sin dejar pasar a nadie. Hay que arriesgarse a cruzar y ninguno se detiene. Te moves un poco y los coches pasan cerca tuyo. Estás en el medio de la calle y viene hacia vos un bus cargado de gente tocando bocina. Avanzas un poco, frenas, esquivas cual torero a los coches en el medio de la calle y seguís. No hay semáforos, ni policías de tránsito. Nada. Solo la aventura en el cruce.
Antes de llegar al Thamel, el chofer realiza una mala maniobra en velocidad. Un policía lo advierte y lo detiene, mientras le reclama, le grita, lo maltrata y gesticula en un idioma que no entendemos, se acerca al coche y le vuelve a gritar al chofer, apuntándole con el dedo y amenazándolo. Luego mete la mano por la ventana y saca las llaves del coche. El chofer pide disculpas y reconoce su error. El policía le sigue gritando y no le devuelve las llaves. Nosotros quietos y callados en el asiento trasero, sin saber qué hacer. El policía como si nada. Después de 10 minutos de gritos, retos y amenazas, devuelve las llaves del coche y el chofer arranca con cara de asustado. Seguimos viaje.

La llovizna sigue. Bajamos del coche a caminar un poco por ahí y mientras esquivamos el barro de la calle, un hombre se me acerca y al oído me dice: “hachís, good quality”. “No thanks”, fue mi respuesta. Veo que la tradición de los hippies de venir a Katmandú a volar se cumple. La lluvia se vuelve más intensa y casi no hay nadie en las calle. Se frustran nuestras ganas de cenar y comprar algo. Volvemos al hotel con el mismo taxista que se había quedado por ahí, pero ésta vez más tranquilos y a menor velocidad.
Volvimos a Thamel al día siguiente y caminando descubrimos los perfumes a cada paso. Las especias y los sahumerios encendidos te invaden. Paramos en una tienda de especias y el negocio comenzó. Como sabemos, toda transacción en ésta zona comienza con una taza de té, en donde vendedor y comprador se conocen, charlan, discuten, comercian y regatean. El vendedor se tomará todo el tiempo del mundo para hacer que te sientas cómodo, atendido, escuchado y que dejes tu dinero en ese negocio. El té común sabe a nada, pero si le agregas un toque de masala o unas semillas de cardamomo, es un placer. Al final, salimos cargados de especies que ellos te envasan al vacío para que puedas transportarlas en avión. El centro histórico de la ciudad y los barrios vecinos presentan el mismo diseño desde hace años: construcciones bajas con balcones tallados en madera, pequeños negocios en la calle, vacas comiendo de la basura, rick shaws circulando por calles embarradas y angostas y mucho ruido, que al principio es ensordecedor pero de a poco te acostumbras. Lo que es un caos después pasa a ser parte de la cotidianeidad del lugar.


Te doy un dato? Nunca le preguntes a un vendedor de Bansuri o flauta nepalesa cuánto cuesta porque no te lo despegas más. Uno nos persiguió 5 cuadras, tocando la bendita flauta, girando alrededor nuestro, solo para vendernos una flauta y cada vez con un precio inferior al anterior. No había forma de decirle que no queríamos comprar nada. Le dije en español “te voy a comprar esa flauta pero sólo para empalarte con ella, así que basta!!. Fue la única vez que un vendedor callejero nos hartó.

Alejados ya del tedioso vendedor de flautas, vamos hacia la zona de Durbar (que significa Palacio), situada frente al antiguo Palacio Real de Katmandú. Allí se encuentra Durbar Square que junto a los demás Durbar de las ciudades vecinas de Patan y Bhaktapur, fueron declaradas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, junto a los templos de Pashupatinath y Changuranarayan y las estupas de Swayambu y Boudhanath. En la antigüedad, el valle de Katmandú estaba formado por éstas ciudades y allí se concentró luego el centro histórico de Nepal, con varios templos y palacios que testimonian la habilidad de los antiguos artistas y arquitectos del reino.
Entre los años 1600 y 1700, estas tres ciudades eran tres mini reinos independientes de la etnia Newari, que contaban con su propio rey, palacios y viviendas especiales para las castas altas, por lo que muchos de los edificios que hoy existen datan de esa época y muchas de esas áreas se convirtieron en Square o plazas abiertas para visitantes. La plaza de Durbar es el corazón del Katmandú antiguo y un lugar muy relajado con templos con forma de pagodas que rodean y abrazan a la plaza.

 


En 1768, Prithvi Narayan Shah, procedente del reino de Gorkha, conquistó el valle y estableció su capital en Katmandú. La nueva dinastía, que reina hasta hoy, unificó al país y fijó como oficial el nepalés, que reemplazó al newari. Katmandú es conocida como “La Tierra de los Dioses”. Llena de esculturas, pagodas, estupas y edificios de excepcional belleza, pero sobre todo cientos de templos y altares que encontras incluso dentro de un árbol hueco. Todos tendrán una imagen dentro cubierta de pétalos de flores, inciensos y polvos rojos que representan la pureza.
La semana que viene les contaremos más de ésta fantástica tierra. Los esperamos.


 Oscar Mira

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