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Pinturerías Zevras cumple una década de apertura al público y de historias familiares

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Pinturerías Zevras cumple algo más que una década de apertura comercial. Son diez años del comienzo del emprendimiento de Dana y Mauricio, dos hermanos que decidieron encarar un rubro hasta ese momento desconocido para ellos y ofrecer un producto exclusivo en su local de Mendoza 5121, enclavado en la zona comercial de barrio Azcuénaga.

La inversión inicial con el esfuerzo de la familia, posibilitó la apertura de un negocio que fue creciendo, con altibajos, atravesando crisis, generando fidelidad con su clientela, y que hoy, después del tiempo transcurrido ganó un lugar entre las pinturerías locales. Si bien entre su demanda aparece un mercado tradicional ligado a la construcción y refacción, lograron un sello distintivo al generar un vínculo estrecho con restauradores de muebles y artistas.

Diez años de historia comercial y familiar, materializada en el inamovible local de barrio Azcuénaga, locación geográfica que guarda una identificación con la zona donde crecieron sus dueños. Con menos de 30 años, ambos apostaron a un proyecto que creció y los vio crecer a ellos. La semana del lunes 20, tienen motivos para festejar su aniversario de apertura.

Las primeras pinceladas

En el año 2011 y con la ayuda de su padre, quien intervino como nexo, Dana y Mauricio generaron un acuerdo comercial con la firma cordobesa de pinturas Fadepa. Apostaron al desembarco de una marca desconocida para los rosarinos, la fueron instalando con el transcurso de los años y al día de hoy continúan trabajando como socios.

“Era difícil sacarlo al rosarino de las marcas líderes, pero fue un trabajo de hormiga que fuimos haciendo este tiempo, con altibajos, pero supimos superarlo”, comentó Dana. “En un momento estuvimos a punto vender el fondo de comercio, pero resistimos generando confianza con los clientes”, reconoció Mauricio.

Más allá de las circunstancias económicas, en el día a día también emergen situaciones que muestran una foto de los mandatos sociales. En ese sentido, Dana contó: “Es un rubro muy machista, yo empecé a hacer distribución, era joven, tenía 25 años, soy mujer, no me daban pelota, no me sentía a gusto así que dejé la distribución y me dediqué a la atención en el local”.

La fidelidad con sus clientes, la mayoría de ellos desde el inicio, fue lo que posibilitó la continuidad en los momento más difíciles. La confianza y el asesoramiento directo, apoyados en un producto aceptado por los clientes, sintetizaron un capital valioso para marcar la diferencia con las marcas tradicionales.

“Siempre fue nuestra misión estar al lado de la gente, tener esa cercanía, siempre quisimos que la llegada al negocio guarde una relación de cercanía, que no exista la diferencia entre el vendedor y el cliente”, reconocieron, aunque la pandemia obligó a los protocolos y a la ya habitual distancia social.

Durante la charla con este diario contaron que con el correr de los años fueron testigos de cierres y mudanzas de locales vecinos. En el intento por resistir crisis económicas, llegaron a la pandemia, sufrieron el parate y durante el último año notaron un importante crecimiento en las ventas.

“Con la pandemia empezamos a mover un poco más las redes sociales, entonces empezaron a aparecer clientes que no solo eran del barrio sino también de otros lugares, teníamos que hacerlo porque sino no vendíamos”, contó Dana.

Nuevo nicho

Las novedosas formas de difusión y contacto con el cliente, generaron casi sin querer una nueva comunidad para Zevras. Se trata de un grupo de mujeres que hacen restauración de muebles y quienes se dedican a la intervención de murales.

La vocación de Dana por la decoración y el auge de la difusión por redes durante la pandemia, la llevaron a ponerse en contacto con personas que se dedican a la restauración de mobiliario y muralismo.

“Me contacté contándoles que me interesaba trabajar con ellos y ellas acercándoles algunas muestra gratis, para ver si les interesaba que hagamos algo en conjunto para las redes. Una de ellas aceptó y luego fue recomendando con colegas”, relató Dana.

A través de las redes lograron posicionarse como una de las marcas de cabecera para restauradores y restauradoras de muebles en Rosario. “Le vendemos desde la más importante hasta la menos conocida”, coincidieron.

Este nuevo contacto les permitió, no sólo aumentar el volumen de clientes, sino posicionarse como el proveedor casi exclusivo de un nicho en expansión en la ciudad. Si bien desde el principio existió la relación comercial con rubros tradicionales como la construcción, tanto la restauración como la decoración, representan una renovación que se identifica con la cercanía al cliente que persiguieron desde el principio.

A diez años de su apertura, Zevras sintetiza las formas tradicionales que rigen en el mercado y las nuevas modalidades, aquellas que le permitieron expandir su clientela y generar un sello distintivo. Esta semana, tienen motivos de festejos.

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Fuente : El ciudadano web

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