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El Gobierno ve en la división de los socios de la Generalitat una oportunidad para recomponer la relación con ERC

El Gobierno ve en la división de los socios de la Generalitat una oportunidad para recomponer la relación con ERC

El Ejecutivo aplaude el gesto fuerte de Aragonès sobre Puigdemont

La ruptura entre ERC y Junts sobre la mesa de diálogo no estaba en el guion original de La Moncloa. Pero una vez se ha producido con esta inesperada crudeza, el Gobierno está tratando de hacer de la necesidad virtud y le ha encontrado varios elementos positivos a este enésimo episodio de tensión entre las dos almas principales del independentismo catalán.

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En La Moncloa, en el Gobierno y en el PSOE, varios ministros y dirigentes consultados coinciden en que este gesto de autoridad de Pere Aragonès sobre Carles Puigdemont, el líder de Junts, refuerza a ERC en Cataluña, pero sobre todo consolida el pacto entre los republicanos y los socialistas que fue clave para la investidura de Pedro Sánchez y sigue siéndolo para la estabilidad del Gobierno. De hecho ahora los contactos están en la fase previa para negociar unos nuevos Presupuestos, que tanto el Ejecutivo como ERC ven factibles pactar. El PSC incluso ha ofrecido sus votos para respaldar las cuentas catalanas, pero ese es un escenario más complejo porque implicaría la ruptura definitiva del bloque independentista.

La reunión en Barcelona tiene mucha negociación previa entre el equipo de Sánchez y el de Aragonés. Y lo más difícil fue cerrar que el presidente iría a la cita. ERC apretó mucho e incluso jugó con la votación del llamado techo de gasto, el lunes, donde sus votos no eran imprescindibles pero sí simbólicos, porque es un trámite imprescindible para los Presupuestos. Una vez logrado que Sánchez acudiera, para Aragonés era un auténtico misil que Junts intentara el boicoteo metiendo en la lista a dos indultados que no son miembros del Govern. Los teléfonos volvieron a funcionar entre La Moncloa y el Palau y pronto en el Ejecutivo tuvieron claro que era Aragonés que iba a resolver su propia crisis interna, por lo que Sánchez no tuvo que tomar la decisión difícil de ir o no ir a la mesa si estaban allí los indultados, toda una provocación después de semanas de negociaciones en lo que lo único claro es que solo se sentarían miembros de los dos gobiernos.

Así, los ministros consultados se mostraron muy satisfechos del gesto de autoridad del president. “Nos ha causado muy buena impresión, Aragonès lo está dando todo para que el diálogo fructifique”, señalaba un ministro. “Ha sido un gesto de fortaleza de Aragonès. Si no lo hace Junts se lo lleva por delante”, decía otro. “Es la primera vez que Aragonès actúa como el president”, remataba otro dirigente de la coalición de Gobierno.

La portavoz, Isabel Rodríguez, respaldó la decisión de Aragonés y dejó claro que el Gobierno no habría aceptado una mesa con personas que no son consellers. “El marco siempre ha sido el de dos delegaciones de trabajo de ambos gobiernos. No entendemos otro marco, por eso apoyamos la propuesta que acaba de lanzar el president de la Generalitat”, dijo poco después de que Aragonès dejara claro que no incluiría a los indultados en la delegación catalana.

El presidente, en el Senado, constató las enormes dificultades de un diálogo en el que Junts se ha bajado en la primera reunión que no iban a presidir ellos. “Después de lo que ha ocurrido hoy creo que todos aquellos que realmente creemos en el diálogo tenemos claro que el diálogo va a ser largo. Por lo tanto, para evitar frustraciones, no nos pongamos plazos y mucho menos dos años. Lo que ha ocurrido en estos últimos 10 años no lo vamos a resolver en dos años ni en tres ni en cuatro”, sentenció.

La mesa se ha complicado muchísimo, pero para Sánchez ahora la prioridad es reforzar esta alianza con ERC, que es quien exigió este foro ya hace dos años, cuando dos equipos del PSOE y los republicanos negociaron durante semanas el formato y la agenda de este diálogo como condición para permitir la investidura del líder de los socialistas.

El Ejecutivo confirma que primero habrá una reunión de los dos presidentes, más tarde una comparecencia pública y después ambos se incorporarán a los trabajos de la mesa, pero enseguida la abandonarán para dejar que sean sus delegaciones quienes terminen el encuentro. La idea es que a las siguientes reuniones ya no acudirán los presidentes salvo que haya algún hito especial.

Fuente : El País

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