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Younes Bilal a su asesino: “¿Qué problema tienes con los moros?, respétanos”

Younes Bilal a su asesino: “¿Qué problema tienes con los moros?, respétanos”

Carlos Patricio B. M., exmilitar de 52 años, mató a tiros el domingo en Mazarrón (Murcia) a un joven marroquí que defendía a la camarera y a sus amigos de los insultos racistas de su agresor

La indignación por el asesinato a quemarropa del joven marroquí de 37 años Younes Bilal el pasado domingo en un bar del puerto de Mazarrón (32.800 habitantes, Murcia) ha corrido como la pólvora entre la comunidad musulmana murciana y de toda España: “¿Qué habría pasado si hubiese sido a la inversa?, nos habrían acusado de terrorismo”, se quejaba una tía de la víctima. Bilal falleció la madrugada del lunes tras recibir tres disparos de “una pistola del calibre nueve milímetros corto” empuñada por Carlos Patricio B. M., un exmilitar madrileño de 52 años, según fuentes de la investigación, que conduce la Guardia Civil. El detenido se acogió a su derecho a no declarar y la juez ha decretado este miércoles su ingreso en prisión acusado de delitos de “asesinato y tenencia ilícita de armas”.

El presunto asesino y su víctima “no se conocían de nada”, coinciden tanto fuentes de la investigación como familiares de Bilal. “Vivían a 150 metros, pero no se habían visto en la vida, hasta esa noche”, señala su tío Jaime, español converso al islam, y casado desde hace 14 años con Jalida, tía del joven.

“¿Qué haces tanto tiempo hablando con esos moros de mierda?”, aseguran familiares y testigos que increpó Carlos Patricio B. M. a la camarera del local en el que coincidieron la noche del pasado domingo víctima y asesino. Los comentarios xenófobos se sucedieron, hasta que Bilal se levantó y le pidió al hombre que vociferaba “que dejara en paz a la camarera”. Sus tíos reproducen lo ocurrido: “¿Qué problema tienes con los moros? Respétanos”, dicen que respondió Bilal. En el local había unas 20 personas, señalan fuentes del caso.

Carlos Patricio B. M. era, según la declaración prestada ante el juez por las camareras del local, un cliente habitual que hasta entonces había mantenido “un comportamiento normal”. Sin embargo, relata Melecio Castaño, abogado de la familia de la víctima, “según las camareras esa mañana ya había anunciado: ‘Esta tarde va a pasar algo malo”. Comenzó a mostrarse irascible y violento, a protestar por la presencia de magrebíes en el local, por el hecho de que usaran el baño y que hablasen con las camareras. “Llegó a retirarles las bebidas a Younes y sus amigos”, recuerda el abogado según la declaración de las dos chicas. “Y finalmente Younes se acercó a él, pidiendo respeto para ellas y para ellos y se fue”. Los chicos “se quedaron tan tranquilos, nadie pensó que volvería”, asegura el abogado.

Eran aproximadamente las diez de la noche. “Tras la discusión”, como describen la escena fuentes de la investigación, Carlos Patricio B. M., “salió del local y se dirigió a pie a su piso”. Presuntamente, se cambió de ropa, según han relatado a la Guardia Civil testigos que lo vieron antes y después en el local, cogió su pistola y regresó al bar. Calculan que pudieron pasar “unos 20 minutos” entre que se fue y regresó. “Sin mediar palabra se puso delante de Younes Bilal, le apunto con la pistola después de pegar un tiro al aire y le dijo: ‘A ver si tienes cojones de levantarte ahora”, señalan los familiares. “Younes se levantó y [el exmilitar] le pegó tres tiros en el pecho”.

En las grabaciones de las cámaras próximas al local que han sido publicadas se ve a Carlos Patricio B. M. con camisa blanca y vaqueros, caminando con determinación y portando la pistola en su mano derecha. El disparo que mató a Bilal fue el que atravesó su arteria aorta, según explicó el cirujano a los familiares. “A los otros dos tiros en el abdomen podría haber sobrevivido”, aseguran.

El informe de urgencias del detenido, al que ha tenido acceso el abogado, “no habla de embriaguez, pero sí alude a que tomaba Orfidal y antidepresivos”. En su declaración, siempre según Castaño, “las camareras dicen que estuvo bebiendo cerveza, pero niegan que estuviera borracho”.

La noche del pasado domingo, Younes Bilal había salido a tomar algo con sus amigos, también marroquíes. Su mujer, Andrea, española y madre de su hijo pequeño y de otros dos anteriores —de 14 y 16 años— a los que Bilal había adoptado, se pasó por el local El Muelle, en el puerto de Mazarrón, con el niño pequeño para ir a comprar un kebab para la cena en un puesto cercano, como le había pedido Younes. “A los pocos minutos, los amigos la llamaron por teléfono y, para cuando llegaron ella y el niño, Younes ya estaba tendido en el suelo”, relata su tío. Andrea ha pasado este miércoles en el tanatorio, velando el cuerpo de su pareja, que será repatriado a Marruecos para su entierro, según sus familiares.

La viuda, rota de dolor, encabezó, junto a familiares y amigos, la manifestación de repulsa “por el crimen racista” que se celebró el martes en Mazarrón para pedir “justicia”. A la convocatoria acudió también el alcalde, Gaspar Miras (PSOE). “Estaba más preocupado por los posibles altercados que por lo que va a hacer ahora Andrea, sola y con sus tres hijos”, dice un familiar.

El alcalde: “Se trata de un crimen racista”

“No hemos hecho nada específico desde el Ayuntamiento”, reconoce el alcalde sobre la movilización. “Hemos permitido la manifestación y yo he acudido como un ciudadano más”, explica. “Se trata de un crimen racista y xenófobo que tiene un tinte de odio, pero que afortunadamente es un hecho puntual en Mazarrón, donde viven en armonía 3.000 magrebíes desde hace más de 25 años, perfectamente integrados, muchos ya nacionalizados por el tiempo que llevan entre nosotros, con hijos españoles, mazarroneros”, insiste. Y vincula este “hecho puntual”, con “algo más profundo, como son los mensajes impropios que se lanzan desde algunos partidos políticos contra los inmigrantes o extranjeros que viven entre nosotros, mensajes xenófobos que se trasladan a nuestra sociedad y la presionan”.

20 años en España

Younes Bilal llegó a España desde una localidad ubicada en la cordillera media del Atlas, Beni Melal, hace 20 años. Allí dejó a su familia y partió en busca de un futuro mejor. Hizo su vida en España, donde trabajó en distintos ámbitos de la albañilería y formó su propia familia. “Él quería a los hijos de Andrea como si fueran suyos, la más pequeña, que ahora cuenta 14 años, tenía ocho meses cuando llegó a su vida”, cuenta su tía. La viuda dice que, a través del cónsul, le ha llamado un alto cargo del Gobierno marroquí para hacerse cargo de todos los gastos de la repatriación y de los abogados. Y recuerda junto al cuerpo de su marido: “Del Gobierno español no nos ha llamado nadie, sin embargo”.

Fuentes de la investigación aseguran que Carlos Patricio B. M. “no tenía ni antecedentes penales ni policiales” y “poseía un permiso de armas de caza”. Sin embargo, en su casa se han intervenido “cuatro escopetas que el detenido poseía de manera legal, así como tres armas cortas, una de ellas detonadora y las otras dos parecen estar en perfectas condiciones de efectuar disparos de fuego…”, señalan fuentes jurídicas. Por eso motivo, apuntan, “no solo está acusado de asesinato, sino también de tenencia ilícita de armas”.

En el auto, la juez titular del Juzgado Número 1 de Totana precisa que “el ingreso en prisión se deberá realizar en un módulo que presente las garantías suficientes para preservar la integridad física y la propia vida del investigado”. Y lo acuerda “dada la alarma social que han generado los hechos y las amenazas de muerte recibidas por el investigado en presencia de los agentes de la Guardia Civil, que el propio investigado ha relatado en sede judicial”.

Fuente : El País

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