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Internacional

Coronavirus: el largo camino hacia una vacuna efectiva

Son muchos los desafíos para poder desarrollar una vacuna segura y efectiva contra el Covid-19. Las vacunas nuevas suelen llevar años de investigación para obtener la aprobación para su uso masivo. ¿Podemos esperar que una nueva contra el coronavirus esté lista para el verano de 2021?

Para cualquier vacuna este lapso no sería realista, pero dada la presión actual para evitar la pandemia, podría estar disponible siempre y cuando los científicos y las agencias reguladoras estén dispuestos a tomar algunos atajos.

Según la OMS, se están desarrollando más de 60 vacunas en todo el mundo, algunas ya con ensayos anticipados en voluntarios sanos.

La estrategia más utilizada y probada es la que intenta provocar una respuesta inmune mediante la introducción del virus Sars-CoV-2 debilitado o muerto, o partes del virus. Enfoques como este lograron las vacunas contra el sarampión, la gripe, la hepatitis B y la viruela. Estos métodos requieren mucho trabajo, hay que aislar, cultivar y modificar virus vivos. Tienen, además, un riesgo potencial: el virus puede mutar a un tipo más virulento, de allí que los ensayos de seguridad para estas vacunas son extensos. Este proceso inicial puede llevar de tres a seis meses.

Enfoques menos convencionales utilizan ácidos nucleicos (ARN y ADN). Por ejemplo, una vacuna Covid-19 que ya ingresó a ensayos clínicos utiliza ARN mensajero (ARNm), la molécula que transporta los códigos del ADN del núcleo de la célula a los sitios de síntesis de proteínas.

La tecnología existe desde hace 30 años, pero ninguna vacuna de ARN o ADN iguala el grado de protección de las vacunas tradicionales y, hasta el momento, ninguna vacuna con este diseño fue aprobada para su uso en humanos.

Desafíos

Uno de los potenciales peligros cuando se trata de un coronavirus es lo que se conoce como potenciación de la respuesta mediada por anticuerpos. Suele ocurrir que algunas vacunas causan este fenómeno, peligroso, que paradójicamente deja al cuerpo más vulnerable a enfermedades graves después de la inoculación. Diseñar una vacuna que otorgue inmunidad y cause mínimos efectos secundarios es muy complejo.

¿Qué logra una vacuna exitosa para Covid-19? Logra reducir la propagación del virus al disminuir la cantidad de nuevas personas enfermas. Las infecciones en general se apoderan de los llamados tejidos de la mucosa que recubren el tracto respiratorio superior. Para prevenir la propagación, es fundamental tener inmunidad en el sitio de la infección.

La nariz y el tracto respiratorio superior son los puntos calientes iniciales de infección fácilmente permeados por patógenos infecciosos. Una flota especializada de células inmunes, separadas de las que patrullan los tejidos en todo el cuerpo, es responsables de proteger estos tejidos vulnerables.

Pero no todas las vacunas provocan una fuerte respuesta del sistema inmunitario de la mucosa. La vacuna contra la influenza estacional, por ejemplo, no desencadena de manera confiable esta respuesta, lo que explica en parte por qué algunas personas contraen la enfermedad respiratoria aun después de ser vacunados.

Duración de la inmunidad

Incluso si una vacuna llega a inducir una respuesta adecuada, no hay seguridad de cuánto tiempo duraría esa inmunidad. El coronavirus parece no mutar rápidamente. Los hay estacionales, que año tras año no cambian demasiado; otros, como los cuatro virus del resfriado común, siguen infectando gente. Esto evidencia que no hubo memoria inmunológica, una capacidad del sistema inmunitario para reconocer de forma rápida y especifica un agente extraño con el que el cuerpo tuvo contacto previo e iniciar la respuesta inmunitaria. La memoria inmunológica es la base de la vacunación.

Para garantizar que una vacuna otorgue inmunidad a largo plazo, los científicos deberán abordar diversas preguntas. A corto plazo, diseñar experimentos para desafiar al sistema inmune después de la vacunación y probar su resistencia a lo largo del tiempo. A más largo plazo, definir específicamente los antígenos del virus, proteínas que pueden ser reconocidas por el sistema inmune. En un modelo de ratón, tales estudios podrían tomar un par de meses. No es posible realizar un experimento equivalente en humanos; sólo se pueden comparar las tasas de infección natural en personas vacunadas con las de personas no vacunadas a largo plazo; y evaluar ello requiere de 5 a 10 años.

Los atajos

A diferencia de un tratamiento antiviral que se administra a pacientes que ya están infectados, la vacuna debe probarse en diversas poblaciones de personas sanas. Así, la presión por la seguridad es enorme.

La vacuna, además, debe funcionar en diferentes edades, incluidos ancianos, cuyos sistemas inmunes debilitados los posicionan en mayor riesgo. Una futura vacuna puede requerir un ingrediente adicional, llamado adyuvante, que hace que el sistema inmunitario envejecido entre en acción, como el que se encuentra en la vacuna contra el herpes zóster.

A pesar de los muchos desafíos que se avecinan, ciertos atajos podrían permitir tener una vacuna más rápido de lo previsto.

Los estudios de seguridad (Fase 1) se realizan en menos de 100 personas y en unos pocos meses permiten evaluar toxicidad y determinar la dosis. Una vacuna puede ser aprobada al terminar la Fase 1 para luego continuar el monitoreo a medida que se vacunan poblaciones más grandes. La Fase 2 (100 a 300 personas) busca actividad biológica, pero no puede decir con certeza si la vacuna es efectiva. En este punto es posible aprobar dicha vacuna para uso de emergencia antes de 18 meses.

Si se detectan anticuerpos neutralizantes, que se adhieren a estructuras específicas del virus y lo neutralizan, se puede seguir avanzando. La vacuna entraría en la Fase 3, que incluye a cientos de miles de personas. Asociarse con las organizaciones e instituciones estatales reguladoras ayuda a los científicos a superar los obstáculos logísticos asociados con los ensayos clínicos, como el reclutamiento de voluntarios sanos.

Sumando estos pasos, cada uno de tres a seis meses de duración, es muy poco probable que se encuentre una vacuna que sea segura y efectiva en menos de 12 meses. Luego viene la fabricación de miles y miles de millones de dosis de una nueva vacuna cuyos ingredientes aún no se conocen.

Incluso si aparece una vacuna bastante prometedora para 2021 y puede ser producida en masa, la búsqueda no terminará allí: es posible que no sea la mejor vacuna. Idealmente, otorgará inmunidad durante al menos uno o dos años, pero si la inmunidad disminuye, puede ser necesario implementar una vacuna más duradera. Hasta ahora, las vacunas de virus atenuados son las que funcionan de manera más confiable durante largos períodos de tiempo.

*Especial

Inmunización. Conseguir una vacuna efectiva lleva mucho tiempo. (Télam)

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