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Espectáculos

Flavio Mendoza, con Pamela David: “Me afecta mucho lo que está pasando, me pone mal, me pongo a llorar”

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Pamela David, con Flavio Mendoza para PamLive (Infobae)

Deja al descubierto una faceta suya hasta aquí desconocida: la sensibilidad social. Pero la tuvo desde siempre. Y hasta la alimenta, trabaja en ella. Pero como nos sucede a todos en este presente tan especial, en medio de una pandemia, Flavio Mendoza se permite mostrarse distinto. Y entonces, profundiza en aspectos personales que quizás, en circunstancias distintas, hubiera escondido. O disimulado por pudor, vergüenza, vaya uno a saber.

Y así, en esta charla con Pamela David que termina siendo íntima (algo nada sencillo de lograr, tratándose de una entrevista digital), el creador de espectáculos deslumbrantes como Stravaganza y Mahatma exhibe sus preocupaciones por las consecuencias económicas de la cuarentena total y obligatoria, necesaria para evitar la propagación del coronavirus. Pero además, da detalles sobre cómo vive el aislamiento social y brinda revelaciones de su pasado. Se emociona al hablar de la triste muerte de su mamá, lo que lo marcó de chico, pero que lo salvó de grande. Y descubre sus frustraciones, habla del éxito y, claro, de su vida junto a Dionisio.

—Contame, ¿qué tiempo tenes? ¿Te sobra el tiempo, en serio?

—No me sobra el tiempo. Tengo gente que me ayuda con Dionisio, tengo a la Chaco, que está conmigo. Pero no… él demanda. Lo que tiene de bueno es que como es tan chiquitito, tiene dos años, no me pide para salir. Creo que tus hijos, que ya son más grandes, entienden todo, esta cosa del encierro. En el caso de Dionisio, tengo esa gran ventaja de tener un casa con patio, que el nene puede salir. Entonces, en algún punto tiene para jugar en su cuarto… También voy al auto, pongo música, y él está ahí con el volante, jugamos. Dentro de todo, la pasa bien. Más allá de todo lo malo, siempre le busco la parte positiva. Dionisio esta en una etapa que no lo siente todavía.

—No es consciente de lo que le está pasando…

—Como el cumple, por ejemplo. Cumplió el 11 de abril. Fue una torta conmigo, con él y con la Chaco. Fue re loco: estaban sus tías, pero él, nada. Yo me angustié más que él, que soplaba la velita, la sopló mil veces, y para él ya fue todo. Se divirtió. Yo le quería festejar el cumpleaños porque una de mis fantasías siempre fue esa cosa que, a veces, veo que se pierde. Me encantaba armar el árbol de navidad, pero cuando uno va creciendo… No somos un país que genere mucho eso. Siempre quise hacer un show de Navidad, todos los años, para que la gente no pierda esa magia. Si no, como que todo se va perdiendo… Con Dionisio me pasa eso: genero fiestas que a mí me hacían volar. De chico tenía esa fantasía terrible.

Si la cuarentena me hubiera agarrado en otro momento, encerrado sin Dionisio, me hubiera vuelto loco

—¿Hasta qué edad viviste en el circo?

—Hasta los 14. Las ventanas de los trailers son mucho más chiquititas. Y en una Navidad a mi hermana le regalaron una bicicleta. Subí la bicicleta a la cama y trataba de meterla por la ventana para ver cómo había hecho Papá Noel para entrarla. Mi hermana me ve haciendo eso y me dice: “¿Qué hacés?”. “Quiero saber cómo Papá Noel entró la bicicleta”. Entonces mi hermana, que siempre fue una genia, me dijo: “No, es que Papá Noel mete todas las cosas en esa bolsa roja, todo en miniatura y cuando las mete ahí, al lado del árbol, él las hace aparecer en tamaño real”. ¡Imaginate cuando me dijo eso! Me hizo volar. “Claro, tenés razón, es todo mágico”, le decía yo. Recuerdo que esa sensación era tan increíble que quiero que lo sienta Dioniso, poder mantenerle esa tradición.

—A Dionisio se lo ve pícaro, muy activo.

—Es pícaro. Y muy bueno. Gracias a Dios me salió bueno. No llora, se pega porrazos terribles. Tiene rodillas con moretones de los golpes que se pega, corriendo…

—Porque no tiene miedo.

—No tiene miedo a nada… Se cae, hace un llantito chiquitito, y después sigue corriendo. No para. Creo que si (la cuarentena) me hubiera agarrado en otro momento, encerrado sin él, me hubiera vuelto loco. Dionisio me genera eso de yo tener que estar bien, porque me empiezo como a deprimir: con el trabajo, con lo que viene… Y él me mantiene. Yo tengo que darle la mejor sonrisa a mi hijo para que sea un hombre feliz.

Flavio Mendoza y Dionisio, en la última entrega de los Premios Carlos (Foto: Mario Sar / Teleshow)
Flavio Mendoza y Dionisio, en la última entrega de los Premios Carlos (Foto: Mario Sar / Teleshow)

—¿Cómo te encontró Dionisio a vos? ¿Qué Flavio es el del año 2020?

—Tengo la filosofía de vida de cada día tratar de ser mejor persona. Lo digo de corazón: siento que uno tiene que mejorar como ser humano y en todos los aspectos, todos los días. En tu carácter y en tu forma de ser. En mis espectáculos trato de dar un mensaje; no es solo un show pochoclero. Cuando esperaba a Dionisio, en Mahatma escribí algo al final, que dice: “Quiero que sea solidario, honesto, que sea generoso, que sonría”. Y aunque suene cursi es lo que yo quiero que sea. Y yo también tengo que ser eso: tengo que mostrarme así para que copie de su padre lo mejor. Considero que he mejorado como persona. A mí, por ejemplo, de chico mi mamá me pegaba mucho, era muy nerviosa. Nos golpeaba de una forma muy fea, al borde de lastimarnos. Y dije que no iba a repetir eso con mi hijo. A Dionisio nunca le pegaría de la forma en que me pegaban.

—A lo mejor antes no había la información que tenemos hoy. Hoy los límites, hechos con amor, entran a juego.

—La chancleta en aquella época era re común. Por suerte no salimos rencorosos. A mi vieja la amé hasta su último suspiro. Y la extraño horrores, y volvería a repetir lo mismo con tal de tenerla. Está en uno evolucionar y mejorar como persona.

—¿Cómo estás hoy, con este aislamiento?

—Estoy bien porque siento que puedo tener la heladera llena, estoy en una casa cómoda donde mi hijo está bien. Lo que me preocupa es lo que se viene arrastrando. Tengo mucha gente a cargo: 280. Por ejemplo, hoy, mis escuelas de danza y acrobacia están dando clases online para no perder a los alumnos. Pero a mí, de eso no me queda nada. Eso se los agradezco porque por lo menos los profes pueden más o menos hacer su trabajo para poder pagarse su comida diaria. Pero me preocupa. Hay bailarines que me llaman y me dicen… Yo soy re sensible con esas cosas. Me habían mandado de un restaurante, por canje, una comida, que había subido (a las redes), re contento… Y mi amigo me dice: “Yo estoy comiendo dos veces por día porque tengo a mi hijo y estoy tratando de economizar”. Para mí, fue una daga en el corazón… “¿Cómo puede ser que un amigo esté comiendo dos veces al día porque tiene que compartir sus raciones?”, pensé. Me puse como loco a pedir ayuda. Hay mucha gente que lo necesita. Me preocupa horrores. Estamos armando bolsones y mandar a conocidos. Tengo bailarines que tienen hijos y hacen barbijos. Esta situación me duele en el alma. Hacer raciones para comer cuando tenes un hijo, me angustia. Y estoy viendo cómo ayudar a esa gente.

—¿Qué pensás que va a pasar con la industria del entretenimiento?

—Hay productores que han cerrado todo, pero es fácil dejar a la gente sin trabajo. No tengo ese pensamiento. ¿Cómo hace la gente para comer si vive de eso? Si a mi boletero del teatro le dejo de pagar el sueldo, ¿cómo hace? Tenemos que reactivarlo de alguna forma. Entiendo que vamos a tener que tomar medidas. También escucho muchos periodistas que están sentados en un programa de televisión que dicen que no hay que salir de casa. Pero yo les diría: “¿Vos sabés que estás cobrando ese sueldo, sentado ahí, y que hay un montón de gente que no tiene plata para comer?”. Es un problema muy grande lo que está pasando, no es solamente de salud: también empieza la otra parte. Aunque se abra el teatro también va a ser difícil: yo no sé cuándo se va a poder normalizar todo esto. Tampoco creo que sea ahora, ni siquiera en el verano. Pero durante el año también será difícil. Nos avecinan años difíciles donde vamos a tener que ser solidarios con el otro. No queda otra, no veo la veta. Siempre me caí y me levanté. Y ahora siento que estoy en un embudo.

Es fácil dejar a la gente sin trabajo. No tengo ese pensamiento. ¿Cómo hace la gente para comer si vive de eso? Si a mi boletero del teatro le dejo de pagar el sueldo, ¿cómo hace?

—Se nota que te afecta lo que está pasando.

—Me afecta mucho, me pone mal, me pongo a llorar. Y después, ya está. Me afecta porque necesitamos ayuda del Gobierno, todos los argentinos. Pero necesitamos que se ayude a mucha gente que no tiene para comer. Me angustia eso.

—¿Qué pensás de las medidas que toma el Gobierno?

—Políticamente, nunca me gustó mucho hablar, pero a Alberto (Fernández) lo noté un hombre sincero. A mí me pasa eso: cuando una persona me habla de igual a igual, siento que me hace bien. Y siento que hay otras cosas que no comparto, pero tampoco es fácil… No le puedo echar la culpa solo a una persona porque yo también tengo que hacer algo: no me puedo quedar sentado a que me organicen la vida, hay que ayudar. Hoy, me tengo que quedar. Estoy inventando un show virtual que tenga que ver con lo que nos está pasando, y encontrar una forma de hacer casting virtualmente, todo en redes sociales, y poder hacerlo desde una forma muy complicada, pero que entretenga a la gente. Soy un tipo generador de cosas, pero a veces me siento en un embudo.

Flavio Mendoza, en uno de sus espectáculos
Flavio Mendoza, en uno de sus espectáculos

—¿Qué cosas te dejó tu mamá como enseñanza?

—A mi mamá le gustaban unas galletitas y Dionisio las estaba comiendo. Y la Chaco me dice: “Le gusta lo mismo que le gustaba a tu mamá”. Eso me mató de amor… Fue una mujer que tuvo una vida muy difícil. Hacía un número en acrobacia, y mi abuelo le pegaba con una tacuara desde abajo para que se tirara. Imagínate lo que padeció mi vieja. De grande se dio cuenta que le tenía vértigo a las alturas, y todos los números que ella hacía de joven, eran de altura. Imaginate lo que sufrió esa mujer. Yo justifiqué todo lo malo que nos hizo por todo lo que pasó. Lo traté de revertir y darle amor. En los últimos años de su vida tratamos de darle mucho amor. Hasta el último día la disfruté y traté de hacer lo que podía. Una de las cosas más lindas, tres años antes que falleciera: subirlas a un avión. Me llevé a mi mamé con mi abuela a un viaje a México. Una semana, que fue el trabajo más difícil de mi vida, llevarla de un lado a otro. Y fue una de las cosas que más me gustó, de las más lindas. Como hijo, traté de hacer todo lo que pude. No pudo conocer a Dionisio, pero me decía: ”Flavio, tenés que ahorrar”. A nosotros siempre nos costó todo, y pasamos hambre de verdad. Que mi mamá no conozca a Dionisio fue una de mis frustraciones.

—¿Qué cosas te harían feliz hoy?

—Tener a las personas que no tengo. Que vuelvan. Que vuelvan a vivir la vida que soñé yo para ellos. Yo volvería a esas personas para poder cuidarlas. En los últimos años de mi mamá, yo trabajaba en México. Y ahí se cayó, se quebró la cadera y tuvo que operarse. Murió en la operación. Tuve que adaptar la casa, la estaba por construir. No lo había hecho porque mamá no quería, ella estaba en su departamento, con señoras que la cuidaban, pero no quería ser un estorbo. La vida no me lo permitió. Siempre me quedo en el casi de algo…

—¿Trabajás estas cosas, Flavio? Como la culpa: ¿de dónde viene?

—No lo sé, no lo terminé de resolver. Si me peleo con vos me quedo mal, porque siento que la culpa es mía, y termino retrocediendo, mido las palabras, porque quizá con las palabras, decir lo que pienso, te hiero. Tenés que decirlo de otra forma.

—¿Hay alguna persona con la que te faltó charlar, tomar un café o limar asperezas?

—Romina (Propato) sigue estando en mis conversaciones. Romina era como mi hermana… Yo era uno de los hombres de su vida. Yo la forcé a que hiciera coreografías conmigo, la obligué a hacer cosas que no quería, y después bailar fue su pasión. A mí me cuesta también: de todas las personas con las que he tenido conflictos, he podido perdonar, y con Romina, que si bien capaz un día me la cruce y le pueda dar un beso, hay algo que me dolió mucho. Nunca me lo esperé de ella. Hay dolor todavía. Pero no tengo un mal recuerdo: deseo que sea muy feliz. Siento que ella buscaba ser feliz, y es difícil. Perdió a sus papás, sufrió mucho y sé que ella buscaba la felicidad. Yo le hubiera dicho, y no tuve la inteligencia de decírselo, que no buscara la felicidad aferrándose a alguien con tal de lograrla. Porque también es algo mentiroso. Uno tiene que tratar de ser feliz con uno mismo para poder ser feliz con el otro. Por ejemplo, yo no traje a mi hijo para cubrir frustraciones mías. Lo traje para hacerlo feliz a él.

—¿Te considerás una persona feliz?

—Sí. La felicidad no es 24 horas del día porque hay bajones, hay cosas… Pero sí, estoy agradecido a la vida, y a Dios, al Universo. Agradezco todos los días de mi vida. Tengo un hijo, cuando yo tenía el tabú que por ser gay no iba nunca a tener uno. Para mi cabeza era: hombre, mujer, hijo. ¿Gay? ¡Chau! Nada.

No me copa la charla hot. Soy antiguo. Me aburre, no me gusta

—¿Tendrías otro hijo?

—Sí, pero esto me asusta. Esa es la realidad. Me quiero apartar pero no puedo. Traje un hijo para hacerlo feliz. Al principio dije: “Traer un hijo a este mundo, con todos los problemas que tiene…”. Y después, tuve una mirada más positiva: “Mirá si traigo a una persona que mañana logra una vacuna, o es científico”. Estoy tratando de formar una persona que realmente sume al mundo. Las personas tenemos que sumar. Y Dionisio viene para eso. Pero cuando pienso en un hermanito, pienso que no sabemos qué va ser de nuestro futuro, y me asusta de verdad.

—¿Proyectás en él tu niñez y recordás la tuya?

—Sigo siendo un eterno niño. Sigo pensando de esa forma, sigo pensando en esas cosas. Me sigue divirtiendo lo más sencillo. Jugar con un perro me fascina. Y lo veo en Dionisio: me encanta que él tenga esa comunión con los animales.

—¿Cuándo fue la primera vez que te encontraste con el ambiente artístico?

—Mis casting fueron terribles, lo peores de mi vida. Siempre le recrimino a Ricky Pashkus uno. Fui como a diez y no quedaba. Él pedía dos piruetas, dos a la derecha y dos a la izquierda, y sobre eso te elegía para vos seguir en el casting. Si no lo hacías bien, no seguías. Y a mí me bochaban porque no era muy bueno haciendo pirueta. Siento que las personas tenemos mucho para dar, siempre veo más allá de la persona, y le digo a la gente: “No importa si se equivocan en la coreografía, muéstrenme qué tienen para dar en el escenario”. Y los veo, porque siempre dan algo. Hay personas que son luminosas.

—¿Cómo está ese corazón?

—Estoy solo, pero bien. No creo poder conocer a alguien virtualmente. Se perdió eso de que te traten de seducir. Ahora te mandan foto del miembro, directamente. Quieren lo rápido. No me copa la charla hot. Soy antiguo. Me aburre, no me gusta.

—¿Cuál fue el momento bisagra en tu vida?

—Tenía una pareja, esa primera vez que vos te enamorás, y me había dejado. Yo estaba sufriendo, nunca pensé que iba sufrir tanto por una persona. Y un día muy temprano a la mañana, mi mamá hacia un café con leche, y me dice: “¿Qué hacés tan temprano levantado? ¿Vos te peleaste con tu amigo?”. Nunca le había dicho a mi viejo que era gay. Nunca tuve que decirlo. Entonces mi mamá me dice: “Bueno, hijo, capaz que no era para vos, ya va a aparecer alguien mejor”. Tuvo tantas cosas malas mi vieja, y tantas cosas buenas, que fue el mejor café con leche de mi vida. Mi vieja, sin decirme nada, me dijo todo. Me dio un alivio que ahí lo pude soltar y pude decir: “Yo soy esto. Mi vieja y mi familia me bancan". Y ese fue uno de los momentos claves de mi vida. Cuando sos reprimido, no podes dejar salir lo que tenés adentro. Fue un hermoso consejo.

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