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Política

Inflación, una enfermedad endémica en la Argentina: ¿cuándo la erradicaremos?

Traccionada fundamentalmente por un salto devaluatorio de más de 100%, la tasa de inflación en 2018 se aceleró considerablemente cerrando el año en 47,6% versus 25% el año previo. Y si bien en los últimos tres meses la inflación se ha venido desacelerando (desde 6,5% en septiembre, 5,4% en octubre a 3,2% en noviembre y 2,6% en diciembre), la realidad es que se trata de niveles de inflación aún muy altos con pocas chances de ingresar en un sendero rápido de desaceleración en el corto plazo aún pese a la recesión y a las políticas restrictivas adoptadas por las autoridades en el marco del programa de estabilización comprometido con el FMI.

En números, con los ajustes ya anunciados en los servicios de transporte público, agua, gas y electricidad, la tasa de inflación mensual se situaría en torno al 2,5/2,6% mensual en el primer cuatrimestre de 2019 (equivalente a 35% anualizado). En los meses siguientes, probablemente descienda un peldaño, estacionándose en torno a 2% por mes, para cerrar en el último tramo de 2019 quizá algo por debajo de 2%, claro está de no mediar nuevas disrupciones cambiarias. Con todo, el 2019 cerraría, según nuestras previsiones, con una inflación anual de 29%, que, pese a ser casi 18 puntos menor a la de 2018, no deja de causar “desilusión” al poner “blanco sobre negro” una enfermedad endémica que la Argentina nunca ha podido erradicar. Y que muchos incluso se preguntan si alguna vez podrá.

Se trata de niveles de inflación aún muy altos con pocas chances de ingresar en un sendero rápido de desaceleración en el corto plazo aún pese a la recesión y a las políticas restrictivas adoptadas por las autoridades en el marco del programa de estabilización comprometido con el FMI

Larga sería la explicación detallada de las causas detrás del fenómeno de la inflación alta y persistente que dominó nuestra historia reciente. Sin dudas, los desbalances monetarios (en general de origen fiscal) que dañaron la confianza en la moneda doméstica llevando a una demanda de pesos estructuralmente baja, las correcciones abruptas de precios de relativos (tarifas y tipo de cambio), los factores inerciales y las expectativas desalineadas (producto de políticas macro malas e inconsistentes) son todos factores que están en la raíz del problema. En “criollo simplificado”, las malas políticas macroeconómicas que generaron desbalances y distorsiones de todo tipo son la madre del borrego. Y sin bien las actuales autoridades están intentando hacer un esfuerzo (algo demorado) por ordenar la macro, la tarea está aún inconclusa y sus secuelas, a la vista.

En ese contexto de normalización macroeconómica inconclusa, la pregunta concreta es si se desacelerará la inflación en 2019. ¿Y a qué velocidad?

En cuanto a la primera pregunta, la respuesta es “sí” (de hecho, ya lo adelantamos al presentar los números), básicamente por tres razones: la fuerte restricción monetaria implícita en el programa de cero crecimiento de la base monetaria hasta junio y luego 1% hasta fin de año, una mayor estabilidad cambiaria (aunque habrá que monitorear la demanda de dólares para atesoramiento en la etapa pre electoral) y un contexto recesivo que perdurará al menos hasta bien entrado el segundo trimestre.

En cuanto al segundo interrogante, la respuesta es que la inflación tenderá a desacelerarse lentamente, básicamente va a seguir habiendo correcciones importantes de precios relativos en 2019 con impacto en la inflación en un contexto en que la economía no ha llegado aún a un set de precios relativos “de equilibrio”. Van a acomodarse los precios que quedaron “baratos” (o sea que subieron poco en 2018), también lo harán las tarifas de los servicios públicos y los salarios que quedaron muy atrasados. Todas estas razones tienden a justificar un proceso de desinflación lento.

Pero cuidado. Aquí se le presentan a las autoridades dos desafíos o riesgos asociados a la velocidad de la desinflación.

La inflación tenderá a desacelerarse lentamente, básicamente va a seguir habiendo correcciones importantes de precios relativos en 2019 con impacto en la inflación en un contexto en que la economía no ha llegado aún a un set de precios relativos ‘de equilibrio’

El primer desafío tiene que ver con evitar que la misma sea demasiado lenta, lo que podría ocurrir si la aceleración inflacionaria reciente terminara aumentando la inercia inflacionaria vía la generalización de los mecanismos indexatorios. De ahí que debe evitarse la proliferación de cláusulas gatillo en las negociaciones salariales o las cláusulas de indexación en los contratos de alquiler) que tiende a propagar la inflación y a ponerle un piso más alto.

En el lado opuesto, el segundo desafío es evitar la tentación de impulsar una desinflación demasiado rápida y abrupta. En un contexto de cambio de precios relativos, ello requeriría una política monetaria demasiado restrictiva (tasas de interés demasiado altas) incompatibles con la recuperación del nivel de actividad, que es esencial no sólo para darle viabilidad al programa fiscal sino también para mantener acotada la conflictividad social.

No hay que perder el sueño de una inflación baja y estable. Pero dado el contexto actual, ir más lento y a paso firme quizá sea lo más prudente

No hay dudas que la Argentina debe consolidar la desinflación. Y tratar de desactivar iniciativas que institucionalicen más inercia inflacionaria, todo mientras avanza en la mejora de los fundamentals macro y se busca consolidar un régimen monetario sostenible a mediano plazo. Pero deben medirse con mucho cuidado los costos asociados a la velocidad. Lograr todo a la vez no se puede: Corregir precios relativos, bajar rápido la inflación y retomar el crecimiento.

En definitiva, no hay que perder el sueño de una inflación baja y estable. Pero dado el contexto actual, ir más lento y a paso firme quizá sea lo más prudente. Esto es avanzar en línea con un descenso perdurable de las presiones inflacionarias, a sabiendas que ello no implicará mañana un nuevo retroceso, aun cuando para llegar a inflaciones de un dígito haya que esperar todavía varios años más.

Elisabet Bacigalupo es economista de ABECEB, responsable de Equipo Macroeconómico

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