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Esto suena: balance 2018 de Ediciones Musicales Rosarinas

Este 2018, la Editorial Municipal de Rosario (EMR) cumplió 25 años. Y lo relativo del tiempo se vuelve tangible cuando se asoma al catálogo de letras y músicas que ofrece el citado cuarto de siglo. Ahí, entre bateas físicas y digitales, el objetivo de promover y difundir la producción literaria y musical de Rosario se desagrega en nombres –Emilia Bertolé, Adolfo Prieto–, libros –ilustración, fotografías, literatura– y discos –Psicoguiso, Cuchillo de Palo o Identidad–.

Desde 2008, Diego Giordano coordina los lanzamientos de Ediciones Musicales Rosarinas, el sello de la EMR –que depende de la Secretaría de Cultura y Educación– creado en 1994.

Pese a la complejidad que supone la producción, distribución y consumo de bienes culturales en tiempos de crisis e inflación, el también músico y periodista le pone un “me gusta” (o algo así) al balance del año. “Estamos contentos”, aseguró en la charla con Rosario3.com.

Del lado del haber, figura la inclusión de la música contemporánea a la variedad de géneros que integran el catálogo sonoro y la proyección de ampliar ese apartado en 2019. Y (también) pese a que "los costos se duplicaron" en el último tiempo, los cuatro discos contemplados en el programa de Coproducciones Discográficas –que depende del sello y se reparte en dos convocatorias anuales– aseguraron su edición física.

A lo largo de los años, el catálogo se ha convertido también en un catálogo musical de la ciudad y no sólo de la Editorial

Para Giordano, el citado programa es “una trinchera que defendemos”. Más adelante, explicará la importancia para músicos y músicas de tener un álbum físico y que éste integre un catálogo: “Es una herramienta de trabajo que les abre las puertas a lugares que hasta ese momento estaban cerradas”.

Asimismo, el año que comienza viene con planes de continuidad en el recupero del acervo sonoro de Rosario; en parte inédito, perdido y olvidado.

Música, un continente vasto

En el mismo mediodía en el que se desarrollaba la entrevista, se conocían los dos álbumes ganadores del segundo llamado de Coproducciones Discográficas: Perro negro, del grupo Masmédula, e Icarar, de Vanina Israel.

La iniciativa está pensada para "graficar la producción musical de la ciudad". Por tanto, recibe año a año discos de distintos géneros musicales.

“Creo que cumplimos con ese objetivo. No podemos editar todo lo que se produce, porque eso sería imposible. Pero nos parece que, a lo largo de los años, el catálogo se ha convertido también en un catálogo musical de la ciudad y no sólo de la Editorial”, explicó Diego Giordano.

En este segundo llamado (que cerró el 15 de noviembre pasado) se presentaron 17 discos. Si bien es una cifra que fluctúa –en la primera convocatoria de 2018 habían aplicado 29–, respeta ciertas proporciones en el reparto de los géneros: la mayoría de los discos responde al rock y pop, seguido por el folclore, el jazz y el tango. En menor medida, las músicas clásica y contemporánea.

“Hemos intentado sumar a la cumbia, pero hasta ahora no hemos tenido respuesta. Calculamos que se debe a que es un circuito que tiene sus propios sellos y sus propias bocas de difusión”, contó Giordano.

Acerca de la variable “edades”, el entrevistado respondió que la mayoría de las músicas y los músicos son “muy jóvenes”. Sin embargo, la abultada o escasa suma final de cumpleaños no resulta una condición de peso en la elección del jurado.

Nos parecía casi una reparación sentarnos con Dante Grela y pedirle que elija su material. Y fuimos haciendo una coedición"

“La coproducción es para un disco terminado, no para un demo, no hay posibilidad de cambiar lo que se presenta. Entonces, lo que le pedimos al jurado es que evalúe cada disco como una obra integral; que tenga una solidez conceptual como álbum más que como una simple junta de canciones. Algo que no está ajeno a los debates internos”, aclaró.

De este modo, el litado de lanzamientos de Ediciones Musicales Rosarinas aumenta en un número fijo de cuatro discos al año que surgen del Programa. Y la cifra al cierre de cada año refleja asimismo la recuperación de registros sonoros rosarinos y la premisa de ampliar el apetito por géneros no masivos.

Cómo hacer cosas con músicas

Como ya se dijo, parte del pulgar para arriba de 2018 contempla la incorporación del apartado “música contemporánea” al catálogo.

“Es una música que no tiene mucho espacio en los ámbitos de consumo más populares y queríamos que la EMR diera cuenta de la producción en la ciudad, que es muy vasta y rica”, abundó el entrevistado.

"En la colección Memoria Musical Rosarina hay discos que son rescates de músicas que habían quedado sepultadas por el polvo o estaban perdidas"

El anhelo se materializó con la edición de Obras para instrumentos y voces y Obras electroacústicas y mixtas, de Dante Grela. Se trata de dos discos que compilan diez piezas del docente e investigador rosarino que fueron compuestas entre 1974 y 2017. La publicación se celebró con un concierto en el Museo Castagnino.

“Nos parecía casi una reparación sentarnos con Dante y pedirle que elija su material. Y fuimos haciendo una coedición. Para nosotros, fue como la frutilla del postre”, reveló Giordano sobre el registro que vino a reparar un silencio inexplicable: su producción permanecía inédita.

El “nosotros” incluye también a Oscar Taborda, actual director de la EMR, y a quienes trabajan en la ampliación y recuperación de la producción cultural de la ciudad en la coordinación de las distintas áreas que integran la Editorial.

Pasado y presente

El sello reconoce el pasado y el presente de la producción musical rosarina. En su lista de discos conviven el pulso de los nuevos artistas con la mirada retrospectiva.

Así, la banda sonora de la ciudad se configura a la par, entre “lo nuevo” y la “memoria musical”.

Cada vez hay más música. Entonces, en medio de tanta información, también hay que volver a escuchar o escuchar por primera vez cosas que pasaron de largo"

“En la colección Memoria Musical Rosarina hay discos que son rescates de músicas que habían quedado sepultadas por el polvo o estaban perdidas. Por ejemplo, Rosario tuvo dos bandoneonistas excepcionales que son Antonio Ríos y Fernando Tell. Y desde la Editorial recuperamos, a partir de material analógico como vinilos y acetatos grabaciones y armamos ediciones homenaje. También lo hicimos con un disco de Ramón Merlo. Él editaba por un sello que desapareció. Entonces, contactamos a personas que tenían vinilos y familiares del «patriarca del chamamé en Rosario», pedimos fotos y decidimos editar una edición homenaje del disco El rancho de Ramón Merlo. Y lo hicimos justamente para señalar la importancia cultural que ese lugar tuvo en la zona sur de la ciudad”, reseñó Giodano.

La batea digital

Es poco probable que Tell, Merlo o el mismísimo Omar Torres –cuyo bandoneón también es parte de Memoria– hayan imaginado un viaje en colectivo (o tranvía) escuchando una sucesión de discos. Pero el futuro llegó y redefinió los modos de producción, distribución y consumo culturales.

"Para nosotros, este espacio de coproducción es como una trinchera que defendemos porque vemos que es importantísimo"

Los lanzamientos están disponibles en el stand de Córdoba y Corrientes, en la web de Editorial y los podés escuchar (y descargar) acá.

Así (y ahora) es donde las llamadas nuevas tecnologías le hacen un guiño tanto a la melomanía como al ya citado acervo musical rosarino porque ofrecen la doble chance casi ilimitada de acopiar músicas y garantizar su (también casi) perpetuidad.

“Del vinilo y el cassette pasamos al CD y de ahí al formato no físico. Y cada vez hay más música. Nos parece que todo pasa como demasiado rápido. Entonces, en medio de tanta información, también hay que volver a escuchar o escuchar por primera vez cosas que pasaron de largo. Y ese tiene algo como de condena porque, precisamente, al ponerte al alcance de un click la historia de la música de la humanidad, terminás un poco apabullado si pensás en el poco tiempo que tenés para procesarla. Es como una cosa medio ambivalente”, ponderó el otrora baterista de Mortadela Rancia.

—¿Cómo afecta a la producción cultural los tiempos de crisis?
—Pienso en cómo han cambiado los costos. La devaluación hizo que los precios en las replicaciones de discos se duplicaran. Antes, nosotros pagábamos para hacer los discos, sin incluir la imprenta, aproximadamente 20 mil pesos. Y ahora es exactamente el doble. Ya se conforma en un lujo para los músicos. Es muy triste. Pasado el tiempo en que se conocen los ganadores del concurso (Coproducciones Discográficas) llamo a los músicos para que me cuenten si el disco le sirvió, si tenemos que mejorar algo…y todos me dicen lo mismo: si bien la gente compra pocos discos, el disco para ellos es una herramienta de trabajo que les abre las puertas a lugares que hasta ese momento estaban cerradas. O para presentarse o participar en un festival, no es lo mismo ir con un disco grabado y publicado que sin él. Lo mismo pasa con una banda que va a un teatro para una fecha, no es lo mismo ir sin nada que con un disco que integra a un catálogo. Les preguntan «qué música hacés» y ellos dicen «hago esto». Les das un disco y hay una diferencia a tener que explicarlo. Para nosotros, este espacio de coproducción es como una trinchera que defendemos porque vemos que es importantísimo.

El catálogo del Ediciones Musicales Rosarinas se conforma con el pasado y el presente de la producción musical local.

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