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Política

#MiraComoNosPonemos, la respuesta colectiva que se volvió viral en las redes

La denuncia fue un cimbronazo. Thelma Fardin contó, acompañada por un nutrido grupo de famosas actrices, que Juan Darthés la violó cuando ella tenía 16 años y estaban de gira en Nicaragua presentando Patito Feo, un show para adolescentes.

La contundencia del relato, que difundió a través de un video, levantó a la marea feminista: en minutos: #MiraComoNosPonemos se convirtió en tendencia, inundó la programación de la televisión, las radios, los portales de noticias, las tapas de los diarios y las redes sociales.

La potencia de la consigna radica en, por lo menos, tres aspectos: la inapelabilidad del relato; la respuesta colectiva como postura política; y la historia del movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans de la Argentina.

Un relato inapelable

El video es demoledor. Con su cara como único encuadre, el relato de Thelma repasa cada uno de los detalles del día en el que sucedieron los hechos. Cada hecho es una imagen. Y cada imagen es un gesto que vemos en la cara de Thelma. Ella vuelve a estar ahí. La pregunta es: ¿cuánto detalle necesitás escuchar para creerle?

Si el video no es suficiente, el relato de lo que sucedió después de la violación termina de pintar la gravedad del caso. En diálogo con la periodista feminisita Luciana Peker (la primera que supo del caso y acompañó a la actriz en todo el proceso), Thelma relató que Darthés continuó hostigándola, llamándola por teléfono e intentando someterla de múltiples maneras. “Yo le dije que no, que no y él seguía”, contó.

El mandato de la violencia es el silencio. Callar porque ser violada es una vergüenza, un castigo, una deshonra. Quizá hasta hayas hecho algo para que te violen. Esa fue la estrategia de Darthés, un hombre 45 años mayor que su víctima, usó. Le acerca su mano a su entrepierna y le dice: “Mirá cómo me ponés”. Vos, mirá lo que hacés. Mirá lo que provocás. Ahora bancatelá.

Los casos de violencia sexual no son fallas en el sistema. El Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) viene trabajando desde 2016 en el Registro Único de Casos de Violencia contra la Mujer, en el que buscan sistematizar todos los casos registrados a nivel nacional de todos los hechos de violencia vividos por las mujeres. En este informe, el organismo hace un esfuerzo para unificar registros de diversos tipos: policiales, de los centros de salud, de líneas de asistencia y de la Justicia. Ese registro muestra que, entre 2013 y 2017, se registraron 260.156 casos de violencia (de todo tipo) y que el 7,9% de ese total corresponden a agresiones sexuales. Es decir que, según la estadística actual, en la Argentina se registra un (1) caso de violencia sexual cada dos horas. Lejos de ser monstruos, el accionar de los violadores, acosadores y violentos es sistemático y constante.

Pero este dato resulta más alarmante si tomamos la respuesta de otro informe del Indec. Según la Encuesta Nacional de Victimización que publicó el organismo en febrero de 2018, el 87,4% de los casos de ofensa sexual no se denuncian. Y si miramos el nivel de confianza que en general tienen las instituciones del Estado para dar respuesta a las denuncias, vemos que la Justicia es la última de la lista con solo un 33,1% de apoyo.

Frente a esta sistematicidad de la violencia, la respuesta no se agota en el Código Penal. La tarea es llegar antes y la respuesta feminista es profundizar la Ley de Educación Sexual Integral, que garantiza una enseñanza respetuosa, libre de estereotipos, en la que se rompa el silencio y el tabú como mandato principal. Entender la sexualidad y el género no se agota solo en la biología.

La respuesta colectiva y anclada en la historia de construcción política de los feminismos

Frente a estos datos, la respuesta política de Thelma se convirtió en una defensa colectiva. Frente al "Mirá cómo me ponés" la respuesta es #MiraComoNosPonemos.

Calu Rivero había tenido que dejar la tira diaria que compartía con Juan Darthés y fue enjuiciada, al igual que Ana Coacci y Natalia Juncos, las otras dos mujeres que contaron lo que les pasó con el actor. Frente a esa impunidad para romper el silencio, la respuesta colectiva es lo que explica parte del nivel de contundencia.

La periodista feminista Florencia Alcaraz apuntó ayer que no se puede llamar esta denuncia #MeToo. "Somos las que hicimos de #NiUnaMenos grito colectivo, las que dijimos #NoNosCallamosMás, las que le hicimos el primer paro a Macri, las que logramos debatir aborto por primera vez. Mucho más que #MeToo", escribió.

Dejemos de decirle #MeToo argentino a la denuncia de Actrices Argentinas. Somos las que hicimos de #NiUnaMenos grito colectivo, las que dijimos #NoNosCallamosMás, las que le hicimos el primer paro a Macri, las que logramos debatir aborto por primera vez. Mucho más que #MeToo

— ��conurbana (@florencialcaraz) 11 de diciembre de 2018

La literalidad de las frases hace evidente esta diferencia. Frente al individual “yo también” del establishment hollywoodense, la respuesta de Thelma y la red de mujeres argentinas es plural y colectiva.

En la Argentina se hace inevitable hablar de #NiUnaMenos, la reacción masiva surgida en 2015 que también tiene anclaje en una tradición de construcción del movimiento de mujeres de más de 30 años.

La potencia de la organización feminista instala temas, corre límites, empuja la agenda, obtiene logros y construye alternativas de manera transversal e intergeneracional. En esa construcción colectiva radica su potencia.

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