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Política

Juicio a Jones Huala: las víctimas reconocieron prendas y armas utilizadas durante el ataque

VALDIVIA, Chile.-En la primera jornada del juicio oral contra Facundo Jones Huala, el matrimonio de caseros mapuches, víctimas del ataque que redujo a cenizas su hogar y un galpón con gallinas para su sustento en un fundo de la localidad de Río Bueno, reconocieron vestimentas, retazos de género para cubrir el rostro, bolsos y dos armas cortas utilizadas por los tres encapuchados que en la noche del 9 de enero de 2013 los ultimaron para perpetrar el ataque y despoblar el área.

Jones Huala está acusado de haber sido uno de los autores de ese hecho en un contexto de reivindicación territorial violenta junto a otros dos mapuches que habían sido señalados como cómplices por el ministerio público fiscal pero que resultaron absueltos por endeblez probatoria.

El puestero Alberto Riquelme Paillán y su esposa Mónica fueron los primeros testigos en declarar tras escucharse los alegatos de la fiscalía y los de otras dos querellas: la primera en representación de la gobernación de Osorno y la otra en nombre de las víctimas, que en este juicio cuentan con asistencia letrada provista por el estado chileno.

En líneas generales, tanto la fiscalía como los querellantes adelantaron que expondrían al Tribunal un abundante cúmulo de “pruebas indiciarias”, es decir, de elementos probatorios que vincularían de forma indirecta al lonco con ese hecho pero no de manera indubitable. El fiscal Sergio Fuentes, como adelantó Infobae, pidió que el líder de Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) sea condenado a 12 años de prisión por el ataque y a tres años por la tenencia de un arma hechiza. Las querellas apoyaron ese pedido de penas.

A su turno, uno de los defensores de Huala, Pablo Ortega, se dirigió serenamente al tribunal y les anticipó que todo el material probatorio reunido durante la instrucción sería “insuficiente para superar la presunción de inocencia” necesaria para una condena. Lo dijo flanqueado por el lonco y su otra abogada, Karina Riquelme.

El conjunto de evidencias materiales —ropas, capuchas, guantes, bolsos y armas— presentadas por el fiscal de Río Bueno y reconocidas por los puesteros habían sido secuestradas durante un allanamiento ordenado por la Justicia en la casa de la machi Millaray Huichalaf, el 30 de enero de 2013.

Allí mismo, en un galpón pernoctaba Huala junto a otros cuatro mapuches, en su momento acusados y luego absueltos como coautores y encubridores del ataque incendiario, según subrayó la defensa durante el debate.

En aquellos dos procesos, recordó, salvo Huichalaf que fue condenada por encubrimiento, los sobreseimientos al resto de los imputados obedecieron a una norma procesal básica, alegó el defensor y a ésta se remitió: las evidencias materiales encontradas en el domicilio de una tercera person —en este caso, el de la machi— no podían ser atribuibles a otros imputados, puesto que una vivienda circunstancial y además ajena, no lograba acreditar que esas pertenencias se vincularan sin margen de error al estricto “ámbito de resguardo” de los acusados.

Este antecedente fue clave para la defensa que atacó de entrada la prueba reconocida por los puesteros.

“Aquí hay una acusación genérica y muy endeble, que omite acreditar cómo esas pertenencias corresponden a mi representado”, contrarrestó.

“Son todos elementos ajenos a mi defendido, quien visitaba a su machi para sanaciones propias de su cultura, puesto que su país entonces no contaba con una guía espiritual. Pero nada de eso estaba en su poder o se encontró en su propio domicilio”, subrayó el defensor.

Cuando el fiscal les exhibió las prendas secuestradas, ni el hombre ni su mujer dudaron en reconocerlas. Describieron detalles, como los guantes cortados en los dedos, el trozo de género negro y brillante de una capucha con agujeros, un bolso rojo con lazo negro, desde el cual —señalaron— uno de los agresores extrajo una soga para maniatarlos; una campera negra, otro bolso verde de tela y finalmente las armas de puño con características peculiares que uno de los agresores le acercó a Riquelme en la sien para forzarlo a abandonar la vivienda.

Otro punto importante que emergió durante las repreguntas de la defensa apuntó a probar que el reconocimiento de esa prueba material había sido inducido, puesto que en su momento el puestero Riquelme las reconoció sin antes haberlas descripto en su declaración inicial. Sólo lo hizo una vez que fueron incautadas y exhibidas por la policía.

No hubo hasta ahora alusiones a vinculaciones subversivas o terroristas. La primera jornada se debatió dentro del orden de la justicia penal ordinaria.

El juicio fue seguido sin sobresaltos por la madre de lonco, María Isabel Huala, su hermano Fernando, su pareja Andrea Millañanco y su cuñada Vanesa. Jones Huala se dedicó a leer parte del expediente durante el debate y cada tanto se volteaba y saludaba a sus peñis y lamiens. Desde ayer y hasta que termine el juicio permanece privado de su libertad en la cárcel de esta ciudad. Hubo en total una decena de mapuches ataviados con sus trajes tradicionales que vivaron con un grito casi gutural a su lonco apenas éste ingresó en la sala. También asistieron una decena de periodistas de medios locales.

“En Chile al comunero Huala se lo conoció por primera vez por los medios de prensa argentinos. Antes no estaba ni en el radar de los medios ni de la justicia locales”, contó uno de esos enviados.

Los primeros testimonios

Antes de ocupar el estrado, las querellas advirtieron que los puesteros habían perdido mucho más que una vivienda, las pertenencias y el patrimonio de toda su vida.

“A excepción de algunos electrodomésticos y dinero que los atacantes nos permitieron retirar antes de rociar con un líquido oscuro las ventanas y el interior de la vivienda, nos quedamos sin nada”, contó el puestero Riquelme. Él junto con sus cuatro hijas, su yerno y tres nietos, todos presentes durante el ataque, debieron ser asistidos por psicólogos, según se expuso.

“Tras el incendio también perdí el empleo que había mantenido durante más de 20 años”, se lamentó Riquelme. Y agregó: “Tuvimos que abandonar Río Bueno y intentar juntar el dinero que no tenía para alquilar un nuevo hogar”.

Entre otros detalles ventilados, se supo que los atacantes les permitieron mover un vehículo para que se salvara de las llamas. Y casi como una ironía se escuchó que antes de huir del lugar a pie “a las carcajadas”, los agresores les permitieron sacar frazadas y previnieron a las mujeres para que se alejaran de las llamas porque “este fuego se va a comer todo y puede ser muy peligroso”.

Sólo inmovilizaron con sogas a los hombres, precisó el puestero. Él y su yerno lograron más tarde desatarse gracias a una sierra. Su esposa Mónica había escondido un celular en su manga y así pudo avisar a carabineros. Pero al llegar ya era tarde: a su vivienda la fagocitaban las llamas.

“Al irse, además de reírse, se burlaban. Yo les preguntaba: ¿por qué hacen esto? Y ellos respondían que lo hacían porque trabajábamos para los gringos en territorio del pueblo mapuche”, cerró.

El juicio continuará mañana con la presentación de pericias y los testimonios de policías que participaron de la investigación.

Pablo Ortega, defensor de Jones Huala 

Consultado por su estrategia de defensa, el abogado del líder mapuche arremetió contra lo que sindicó como debilidad probatoria para condenar a su defendido.

En diálogo con Infobae, señaló: “Tal como los propios acusadores señalaron, este es un juicio de valoración de indicios en el que se llama al tribunal a armar un rompecabezas. Señalamos que las evidencias presentadas no fueron encontradas en el domicilio de Huala, sino en el de la machi donde él iba a tratarse. Y subrayamos que existen dos sentencias previas en las que esos indicios hallados en ese domicilio no sirven para imputar a terceras personas. Por eso es que los otros acusados fueron todos absueltos. Todos estuvieron en la misma posición jurídica que Francisco Facundo Jones Huala. Y no hay otras pruebas presentadas en la audiencia preparatoria, con lo cual estamos más que confiados en que Facundo será absuelto”.

Y completó: “Todo lo que tiene que ver con el mundo mapuche el ministerio público lo persigue de forma exacerbada. Me da la impresión de que los elementos discriminatorios existen en toda sociedad y creemos que hay una decisión política detrás de todo esto: el mundo mapuche reivindica tierras que están en manos del poder económico entregadas como botín por la dictadura militar y, en otros casos, porque fueron producto del proceso de colonización que indujo el propio Estado chileno para favorecer a los inmigrantes europeos en detrimento de los pueblos originarios. A fines del siglo XIX se pensaba que había razas superiores e inferiores. Entonces, el problema de fondo es que aquí están en juego territorios que tocan intereses de sectores poderosos en Chile. Es entendible. Las sociedades funcionan así. Pero en este caso hay una persecución que no encuentra sustento en las pruebas. Y esperamos que el tribunal así lo diga”.

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