Intangiblemente en todos lados

El exceso de imaginación con el correr de los años se vuelve una desventaja, antes nos íbamos por ausencia de momentos gratificantes y hoy volvemos atrás a saciar esas ausencias mientras nos desaparecemos del presente. La elaboración indiscriminada de ideas te empacha de pensamientos y no te deja comer de la realidad.

Gaste más plata en mi nariz que en tiempo en los momentos, quizás por eso todo se vuelve un viaje. Un parque, un auto doblando la esquina, la señora saliendo del supermercado, los semáforos intermitentes y la avenida a las tres de la mañana.  Todo es un disparador de especulaciones con filtraciones de sentimientos.

Soy el nene de seis años que va sentado en el asiento de atrás de un duna rojo que acaba de pasar, el más alto de los siete que están en el banco de la plaza, el que esta fumando un poco más al medio y el que regresa en bicicleta del laburo con pantalón de grafa. Me siento parte de cada una de las historias que me rodean y siempre me duermo preguntándome quien soy.

Mi lugar de residencia es al margen de todo y eso muchas veces te deja solo. Haber mirado los sucesos siempre desde afuera agudizo mi visión para con las estructuras, cuando estoy ante la verdad no puedo evitar mirarla con el molde de la mentira. Veo estrategias antes que personas, desconfió antes de sentir. Puede que todo esto sirva para combinar letras y formar textos entretenidos pero a veces los días me piden que sea un poco mas de verdad, por momentos la realidad me exige que sea tangible.

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