Alianzas, rechazos y estrategias: los planes de Macri, Cristina y Schiaretti en Córdoba

Las elecciones en la provincia de Córdoba, de no suceder algún imprevisto, ratificarán en su cargo al actual gobernador, Juan Schiaretti, y dejarán señales claras tanto para el presidente Mauricio Macri como para la senadora por la provincia de Buenos Aires, Cristina Fernández de Kirchner.

Por el lado de Cambiemos la elección en Córdoba marcó el antes y después de la relación con la Unión Cívica Radical (UCR) y originó el debate de fondo que todavía no se termina de cerrar, y sobre el cual se esperan algunas definiciones dentro de dos semanas cuando se lleve adelante la convención radical.

Allí la postura principal del gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, de su par de Jujuy, Gerardo Morales, y del mítico operador radical y ex ministro de Interior, Enrique “Coti” Nosiglia, es plantear la necesidad de ampliar Cambiemos y de hasta incluir dentro de ese frente al ex ministro de Economía, Roberto Lavagna.

Justamente Nosiglia, con el apoyo de la seccional Capital de la UCR (que tiene como principales referentes a Emiliano Yacobitti, Juan Nosiglia y el presidente del radicalismo porteño Guillermo De Maya) y con el principal candidato de ese espacio, Martín Lousteau, “es el último con una visión nacional del radicalismo”, expresó uno de los miembros de su entorno.

Después de que el jefe de Gabinete, Marcos Peña, decidió unilateralmente que el candidato de Cambiemos en Córdoba sería el diputado nacional y jefe del interbloque de ese espacio en la Cámara Baja, Mario Negri, el radicalismo puso el grito en el cielo y de a poco la postura original de Nosiglia y la UCR porteña comenzó a ganar adeptos.

“Negri siempre fue el que más midió”, replican desde la Jefatura de Gabinete en donde procuran no mostrarse golpeados por lo que algunos ministros de primera línea consideraron como “un papelón”. Es que la idea después de la queja de la UCR era la de conformar una interna entre Negri y el intendente de la capital, Ramón Mestre, que nunca se pudo organizar por cuestiones de logística. “¿Cómo vamos a hacer para mostrarnos como una opción para gobernar el país a los ojos de los cordobeses si no podemos organizar una interna? Es un papelón lo que pasó”, se quejó uno de los principales armadores de Cambiemos.

La interna dentro de Cambiemos tendría un costo muy claro: la pérdida de la intendencia de la capital. Una gestión con malas críticas como la de Mestre tendrá la suma de la falta de un candidato a gobernador que arrastre votos lo que dará, salvo que suceda algún imponderable, que por primera vez desde el retorno de la democracia Unión por Córdoba se quedaría con la intendencia.

A eso hay que sumarle la visión a largo plazo en la provincia, en donde en el ballotage de 2015 Macri consiguió el 73% de los votos. También ahora tendrá problemas la Casa Rosada para lo que se denomina el “operativo de desmarque”.

En los comicios de Santa Fe, Río Negro y Neuquén, una serie de acuerdos y jugadas permitieron desnacionalizar la elección por dos motivos. El primero la imagen negativa del presidente que arrastra para abajo a casi todos los candidatos y el segundo fomentar una buena relación con los futuros mandatarios provinciales ante una eventual reelección.

No soy el candidato del Gobierno, sino el de tres partidos"

En Córdoba esta estrategia es más difícil pero ya se acordó con Negri que “para proteger a Macri” todas las declaraciones partirán a despegarlo. “Yo no soy el candidato del Gobierno, sino el de tres partidos”, dijo Negri después de votar.

Las fichas de Cristina Kirchner y el impacto que tendrá la elección en Córdoba

La ex presidenta también juega algunas fichas en Córdoba aunque no lo parezca. En marzo decidió bajar a los candidatos de Unidad Ciudadana bajo la premisa de “apostar por la unidad”. En su entorno en ese entonces remarcaron que se trató de un gesto más en la relación con Schiaretti, como también a modo de continuar con las charlas que mantuvieron sus emisarios con el fallecido ex gobernador Manuel De la Sota.

Sin embargo por lo bajo hay otras explicaciones. Tanto Fernández de Kirchner como su entorno saben de la dificultad del kirchnerismo en la provincia de Córdoba en donde cualquier candidato que diga abiertamente que cuenta con su apoyo ya pasa a tener un rechazo casi generalizado. ¿Por qué? En la retina de los cordobeses todavía se encuentra muy marcado el acuartelamiento policial de 2013 y la falta de apoyo de la Casa Rosada.

La demora en el envió de la Gendarmería Nacional para garantizar la seguridad hicieron que se viva, en diciembre de ese año, una ola de delincuencia sin control que incluyó hasta saqueos. Muchos recuerdan con vecinos se organizaron para “defender sus cuadras”, varios de ellos armados.

“Cualquier candidato nuestro pasa a quedar automáticamente cuarto o quinto muy lejos del pelotón de los que aspira competir”, manifestó un diputado nacional de Unidad Ciudadana al tanto de esa situación. Tal es la imagen negativa de la ex presidenta que la sola mención del ex jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, al apoyo a Schiaretti generó bronca por el impacto en la intención de votos del gobernador.

No por nada hoy temprano, luego de votar remarcó que “no se trata de una elección nacional”, y que no se puede analizar en la óptica de los comicios presidenciales. Mientras tanto el gobernador espera tranquilo los comicios de una elección en donde apunta a sacar más del 50% de los votos para después sentarse a negociar de cara a la campaña presidencial.

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