Consejos para introducir la educación emocional en el aula

Las emociones son un elemento clave en nuestras vidas, ya que afectan tanto a la construcción de nuestra personalidad como al desarrollo de la moralidad, capacidades comunicativas o al modo en que nos relacionamos y socializamos con los demás. El objetivo último de la educación emocional es el de desarrollar las competencias emocionales necesarias para poder tomar asumir, regular y expresar de forma apropiada nuestras emociones.

Estos son los beneficios de un buen desarrollo de la inteligencia emocional de los alumnos, según el sitio Aula Planeta:

– Favorece su desarrollo integral.

– Les permite desarrollar competencias emocionales que, a su vez, fortalecen su autoestima y equilibrio intrapersonal.

– Promueve actitudes de respeto hacia los demás, potenciando sus capacidades para la socialización.

– Desarrolla tolerancia hacia la frustración, promoviendo el esfuerzo y la capacidad para el trabajo regular.

– Permite el autoconocimiento y un mejor conocimiento de los que les rodean.

– Desarrolla un mayor control de la impulsividad.

– Mejora la convivencia entre los diferentes alumnos de la clase, favoreciendo de paso una mayor cohesión del grupo.

¿Cómo puede implementarse en el aula?

– A edades muy tempranas se pueden establecer rutinas para el desarrollo de las labores en clase y para otros elementos como puedan ser las entradas y salidas del aula, o el orden en el espacio de clase. De este modo, relacionarán de forma más fácil y sencilla sus emociones con sus acciones. Hay que tener siempre en mente que estas rutinas deben ser laxas y estar supeditadas a las necesidades del alumnado.

– Implicar al alumnado en sus tareas para hacerlo también responsable de su proceso de formación. De esta manera, podrá asumirlo como propio y sentir que tiene el control sobre lo que se le enseña.

– Dentro de lo posible, intentar que el aula sea un espacio tranquilo en el que los alumnos puedan expresarse libremente, sin temor a ser juzgados por sus opiniones. Esto a su vez implica tener que reconducir o hasta demarcar algunos límites respecto a comentarios que puedan resultar insultantes o poco respetuosos en las clases, y que puedan llevar a que la autoexpresión de los alumnos se vea coartada.

– Apostar por el trabajo grupal y colaborativo: potenciar el desarrollo de la empatía, la capacidad de autoexpresión y la autoestima entre los chicos.

– El docente también debe formar sus propias competencias emocionales, ya sea a través de cursos presenciales u online, para así poder relacionarse mejor con el alumnado.

Educar en inteligencia emocional favorece el desarrollo integral de los alumnos.

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