El primer debate “encarnizado” entre un hombre y una máquina terminó en empate

El test de Turing fue propuesto por el científico de apellido homónimo allá por 1950. En él, el experto buscaba la respuesta a una sencilla pregunta: ¿las máquinas pueden pensar? Mutatis mutandis, la cuestión se simplificó y quedó en demostrar si una máquina puede imitar a un ser humano de tal manera que otros seres humanos no fueran capaces de detectar la diferencia.

Si bien hay muchos robots y computadoras sentimentales en la historia de la cultura pop, dos vienen a la mente cuando de reemplazar a humanos se trata: HAL 9000, la inteligente (pero asesina) creación de Arthur C. Clarke para la película 2001: Odisea del espacio; y los replicantes Nexus-6 de la novela corta ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick (luego transformada en el largometraje Blade Runner). La primera llegó a engañar a sus compañeros de carne y hueso por miedo y locura -¿y qué más humano que eso?- y los segundos conseguían engañar a sus contrapartes biológicas -excepto por un mínimo detalle, la empatía-.

Todo este prolegómeno viene a cuento: en el marco de la conferencia Think 2019, organizada por IBM y que reune durante cinco días a los referentes de la industria tecnológica -30.000 en total, en la ciudad de San Francisco, Estados Unidos-, la compañía centenaria presentó en sociedad a una versión de su sistema de inteligencia artificial (IA) Watson capaz de debatir de igual a igual con un ser humano.

No es la primera vez en estos menesteres para el gigante azul: en la década de 1950, presentó el primer programa capaz de jugar a las damas chinas; entre 1996 y 1997, la computadora Deep Blue venció al campeón mundial de ajedrez de entonces, Gary Kasparov; y más cerca en el tiempo, en 2011, la IA de IBM salió airosa en una competencia de Jeopardy!, un popular programa televisivo de preguntas y respuestas estadounidense, y derrotó a dos de sus campeones, Ken Jennings y Brad Rutter. Y en 2017, venció al campeón del juego Go en varias oportunidades.

Todas estas muestras, bastante espaciadas en el tiempo, son una muestra clara de lo que le cuesta a los seres humanos programar a sus creaciones para que actúen como ellos… o los superen. Desde ya, puede decirse que todos estos hitos, además de mostrar los avances tecnológicos, son también una efectiva movida publicitaria por parte de la empresa. Lo que tiene de llamativa la versión actual es que, por primera vez, deja el terreno de las variedades y los deportes de la mente para ir más allá: ahora llegó a las grietas provocadas por la política, la ciencia y todos los temas por lo que suelen enfrentarse los seres humanos.

Justamente, el objetivo de quienes están detrás del Project Debater -el nombre de la iniciativa es desarrollar un sistema que colabore con las personas para que estas sean capaces de tomar decisiones cuando las opciones no son muy claras.

El debate

El teatro del Yerba Buena Center, en pleno distrito financiero de San Francisco, está llenó. Tanto así que Ginny Rometty, la CEO de IBM desde 2012, taza de cafe en mano debe ubicarse a un costado de la sala. Darío Gil, director de Investigación de la compañía con más de 15 años de experiencia, da el puntapié inicial y cuenta algunas de las características del debate: nada, salvo el saludo inicial de la IA a su contendiente, está pregrabado; y ninguno de los dos conoce con demasiada anticipación el tema, sólo 15 minutos.

Una vez que llega John Donvan, ganador de varios premios Emmy como periodista, escritor finalista del premio Pulitzer y cara visible de los productores de más de una serie de debates -una organización llamada Intelligence Squared-, se conoce de qué versará la competencia: ¿debe ser subsidiada la educación preescolar?

Donvan aclara que no tiene que ver con un país real y que se llevarán a cabo tres rondas con limite de tiempo, una para presentar los argumentos, otra donde cada uno de los dos participantes intentará desarmar lo expuesto por su oponente y una final para los discursos de cierre.

El formato, no tan habitual en tierras argentinas, recuerda al debate presidencial entre el actual mandatario Mauricio Macri y el candidato y ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Sciolí, allá en las postrimerías de la extensa campaña de 2015.

Como sea, en el escenario, además de Donvan, hay un grupo atrás de unas computadoras que verificarán las opiniones del público (que pudieron exponer sus posiciones antes de que comience el debate y una vez que este terminó), que decidirán el vencedor del debate; está Harish Natarajan, finalista del campeonato mundial de debate de 2016 y campeón europeo en 2012. Y, claro, la parte física de la IA de IBM llamada Project Debater y desarrollada por el equipo liderado por Ranit Aharonov: un monolito negro que envía misteriosas señales, en este caso, no son comunicaciones a extraterrestres, como sucedía en 2001, sino señales de audio a la audiencia humana, en la forma de la voz de una mujer, para felicidad de muchas de las personas presentes en el teatro californiano. La única diferencia con lo que se veía en la película dirigida por Stanley Kubrick es que este monolito moderno incluye una luz azul en el medio.

Para resumir lo sucedido en la hora siguiente, en la primera ronda la IA se apoyó en informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y el Centro de Control de Enfermedades de los EE.UU., para argumentar de manera extremadamente coherente que el preescolar subsidiado sería un potente aliciente para romper el circulo de la pobreza. Lo único criticable de su presentación, tal vez, es la necesidad de apoyarse en demasiados datos (la IA es capaz de revisar hasta 10.000 millones de frases tomadas de diarios y publicaciones académicas).

Natarajan, por su parte, argumentó que los subsidios irían a parar a familias de clase media que de cualquier manera enviarían a sus hijos al preescolar y restaría recursos para otras iniciativas gubernamentales más importantes y con efectos más directos en la sociedad. Una mezcla entre una máquina de debatir y un político habilidoso.

En la ronda de refutación aparecieron las diferencias entre los concursantes: Natarajan rechazó cuestiones específicas de lo presentado por Debater, como la imposibilidad de disponer de un presupuesto sin restricciones. La IA, en tanto, se mantuvo en su argumento inicial. La expresión que concitó mayor interés en los presentes fue la afirmación de que el preescolar subsidiado ayudaría a reducir el crimen. Natarajan tachó esta cuestión como autoconclusivo: los niños que tienen la posibilidad de asistir a preescolar en aquellos lugares donde no está subsidiado son de clase media y tienen otras ventajas materiales que, a priori, los mantiene alejados de las actividades criminales.

La frase de cierre de Debater: el dos veces primer ministro inglés "Benjamin Disraeli dijo que el gobierno tiene la obligación de asegurar el bienestar de las personas".

Antes de que se sepa la votación del público, Natajaran expresó su asombro por las capacidades de contextualización de la IA para resumir en pocas frases de alto impacto investigaciones enormes. Si se combinaran sus habilidades con las de un ser humano, "sería increíblemente poderoso", señaló.

Los resultados, finalmente, no resultaron del todo concluyentes. Antes del debate, 79% de quienes votaron estaba de acuerdo con que la educación preescolar debe ser subsidiada; 13%, en contra y el resto no tenía una posición tomada. Al final, la cifra de personas a favor bajó a 62% y aquellos que se decidieron por la opción contraria subió a 30%. Como en el debate gana quien gana más puntos, Natarajan se quedó con el triunfo, ya que atrajo a muchos de los presentes hacia su posición.

Sin embargo, de acuerdo al público, la IA es quien presentó los mejores argumentos para enriquecer la discusión. Una manera de, parafraseando a John Donvan, de que los humanos puedan tener la posibilidad de salir de la "burbuja en la que viven".

"La visión detrás de Project Debater no es ganar un debate sino poner la vara más alta para aprender a organizar información y ayudar a tomar decisiones", expresó Dario Gil. "Usamos la tecnología para ayudarnos a razonar mejor."

En un artículo publicado el pasado domingo, Natajaran indicó que un polemista precisa grandes cantidades de información para que sus argumentos sean relevantes; y además tiene que ser capaz de explicar estos argumentos complicados de manera clara y estructurada. Finalmente, esos argumentos tienen que ser importantes para la audiencia. "Esto precisa un uso cuidadoso del lenguaje, emociones, retórica y ejemplos de la vida real. Estas dos últimas pueden ser un reto para una máquina. Sin embargo, estoy seguro de que pronto llegará un punto en el que la IA será mejor que los humanos en los tres casos", puntualizó. No le falta razón.

Las habilidades de un buen polemista, por ahora al menos, no puede terminar de replicarse. Pero, queda claro, no falta mucho. En el cuento El hombre bicentenario, de Isaac Asimov, para 2176 el presidente de los Estados Unidos es un robot inteligente, aunque nadie lo sabe aún.

Este es el debate completo:

Watch #ProjectDebater take on a debating champion in front of a live audience at #Think2019: https://t.co/lMm8Y5Q6GY

— IBM @ Think (@IBM) 12 de febrero de 2019

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