BOCATTO DI CARDINALE

BOCATTO DI CARDINALE

Jamás hubo un asador como Campito, mi tío.

El cocinero de Rosario Central, el equipo de sus amores, se había accidentado y Campi accedió a hacer los asados postpartidos para sus jugadores con una sola condición “a la mesa solo se sentarían los contendientes”.

Las comidas de Campi fueron tomando más importancia que las mismas contiendas. Los hinchas, en lugar de ir a alentar a sus colores asistían para ver al cocinero del que todos hablaban.

A veces, hasta se acababa antes el juego bajo la amenaza de una morcilla seca.

Fue Chaparro el que provocó la sospecha.

Un día apareció con un 505 flamante. Cero kilómetro. Campito investigó e investigó hasta dar con la verdad. El centrodelantero había birlado una molleja entre sus ropas para hacérsela probar a Don Ángel Tulio Soft, el legendario presidente del club.

Campito no lo soportó. Abandonó para siempre su función de cheff. Los jugadores, entonces, perdieron su mayor aliciente para las competencias y esas cosas se pagan.

Ese año, Central se fue a la segunda división y el hermano de mi madre jamás volvió a cocinar un asado.

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