Esther Goris: “Antes que aceptar el poliamor, prefiero que me engañen”

"En los tiempos que están corriendo abrir un teatro nuevo es una apuesta que agradecemos todos los actores, y también el público", dice Esther Goris en referencia al Multitabaris, donde presenta Atracción Fatal, basada en la famosa película de Michael Douglas y Glenn Close.

"La Paramount dio los derechos por primera vez fuera de Inglaterra y de Estados Unidos", cuenta la actriz en referencia a la oportunidad única de realizar la versión teatral, que protagoniza junto a Ana María Piccio, Laura Novoa, Nicolás Pauls, Sofía Gala y Pablo Rago.

"Mi personaje es la muerte, y es quien cuenta toda la obra de principio a fin, va trazando en la ficción las líneas de esto que está sucediendo. A lo mejor la muerte, cuando comienza a contarnos la historia piensa, en llevarse a alguien. Y termina llevándose a otro", advierte Goris.

“Atracción fatal” se presenta en el Multitabaris de miércoles a domingo.

—¿Tuviste en la vida alguna relación enfermiza, como las que nos hace pensar Atracción fatal?

—No. Me cuesta mucho que me guste un hombre, imaginate que me gusten dos y al mismo tiempo. Nunca me sucedió. Sí me sucedió que hayan sido infieles conmigo; yo nunca he sido infiel.

—¿Te enteraste en el momento?

—Seguramente me debo haber enterado un poco después (risas).

—¿Perdonaste?

—Recuerdo una vez, en mi primer matrimonio. Yo era muy joven y mi marido mucho más joven que yo; tenía 21 años. Era actor y vuelve de un viaje de un festival, y me abraza con un fervor y se le caen las lágrimas. Y yo digo: "¡Ah, Dios mío!" (risas). Había sido tan obvio. Yo no paré hasta que me dijera la verdad. Le decía: "Pero por favor, a cualquiera le puede suceder", "Estabas tan lejos…", "Entiendo que van tantos elencos, es una situación completamente comprensible". Finalmente lo aceptó, cosa que recomiendo no hacer: nunca desechen el valor de la negación.

—¿Que no reconozcan la infidelidad?

—Los hombres en este caso son mandados a hacer para esto. Hay un cuento maravilloso de (Roberto) Fontanarrosa que se llama Negar todo, y que si todo va bien tal vez tenga el privilegio de dirigir. Es un señor que está en su cama con una rubiecita gordita, así lo dice Fontanarrosa, y de pronto irrumpe su mujer. Y él dice: "Pero pará, ¿quién es? ¿Qué estás viendo acá? Acá no hay nada". Y palpa el bulto al lado de él, a la gordita que se fue abajo de las sábanas: "Estás alucinando otra vez". El famoso: "No es lo que vos pensás".

—¿Vos perdonaste o no?

—A mi primer marido sí, lo perdoné. Ese día me enojé tanto, pero tanto, tanto, tanto, que concluí con el clásico: "¡Te vas!, en esta casa no dormís", a los llantos y qué sé yo. El día siguiente, muy temprano a la mañana, me lo encuentro todo acurrucadito en la puerta. ¿Qué pude haber hecho? "Ay, pobrecito". Encima se las arregló para que le tuviera lástima, y me dio ternura. Éramos muy jóvenes, muy puros.

Esther Goris forma parte de “Atracción fatal” junto a Ana María Piccio, Laura Novoa, Nicolás Pauls, Sofía Gala y Pablo Rago.
Esther Goris forma parte de “Atracción fatal” junto a Ana María Piccio, Laura Novoa, Nicolás Pauls, Sofía Gala y Pablo Rago.

—Hoy todos estamos hablando mucho de poliamor. ¿Te bancarías que te propongan una relación abierta?

—No, a mí en este aspecto me gusta más que me engañen, y que me engañen bien. Si van a ser infieles, sean prolijos, por favor. Que yo no me entere, que no sufra.

—O sea perdonás, la infidelidad no la estupidez.

—(Risas) Exactamente. Sería algo así: "Mire señor, puede ser infiel, trate de no ser chambón". Además hay una cosa bien distinta que es la infidelidad porque otra persona realmente le gustó mucho, o la infidelidad hecha para dañar al otro, que muchas veces sucede en algunas parejas. O la infidelidad por inseguridad, donde un miembro de la pareja quiere mostrarle al otro que todavía puede seducir. A mí me sucede que si alguien le gusta demasiado, si a alguna mujer le gusta demasiado al hombre que está conmigo, casi te diría que prefiero que consume. Que tenga esa presencia y que esa mujer se instale como el deseo prohibido le da un peso en la relación que quizás no tendría de poder estar con ella un momento. Pero insisto, que yo no me entere. Aun con el riesgo que esto conlleva, pero mucho más riesgoso es que tenga un peso constante a través del tiempo.

“Me cuesta mucho que me guste un hombre, imaginate que me gusten dos y al mismo tiempo” confiesa Esther Goris a solas con Teleshow
“Me cuesta mucho que me guste un hombre, imaginate que me gusten dos y al mismo tiempo” confiesa Esther Goris a solas con Teleshow

—¿Hoy estás enamorada?

—Con ganas de enamorarme.

—¿Con alguién que tenés identificado?

—Sí. Hay muchas personas que dicen: "No", mujeres sobre todo, porque los hombres, por suerte para ellos, no saben estar solos. Pero muchas mujeres dicen: "No, yo no quiero, quiero estar tranquila". No es mi caso: yo no quiero ninguna tranquilidad que tenga que ver con la soledad. A mí me encanta, incluso cuando las relaciones sean conflictivas. Por supuesto, no estoy hablando de relaciones que hagan daño ni mucho menos, hablo de los conflictos normales que puede tener una pareja, incluso de los celos como uno de los componentes, ¿por qué no? Nunca he sido más feliz que de a dos: mis momentos más felices siempre están enlazados a una pareja. La cotidianeidad de una pareja, el abrazo; ese abrazo a la noche yo no lo cambio por nada.

—¿Te gusta la convivencia?

—Sí, a mí me gusta. Ahora, claro, cuanto más tiempo pasa uno ya está más arraigado, pero la cotidianeidad es algo tan bello que bien vale pagar el precio.

—Vos venís de una familia muy humilde en tu infancia.

—Muy, muy, muy humilde. De una madre que comenzó siendo mucama, hizo su primaria a los 70 años y fue abanderada. Y un padre que comenzó… Los dos tuvieron muchas dificultades a raíz de su procedencia socioeconómica, y lucharon y lograron su objetivo. Lograron aquello que querían y siempre fueron muy felices. La vida los sorprendió con mucho más de lo que ellos esperaban.

—¿Y a vos?

—A mí también. Por eso siempre soy tan alegre. Por ahí no se nota en los medios porque trato de ponerme un poco más seria, pero en la vida en general soy muy alegre. Yo era bastante más ambiciosa que mis padres.

—¿Te faltaron cosas de chiquita?

—Sí, claro. Presencia de padres sobre todo. Me quedé sola en mi casa desde los dos años. Vivíamos en Monte Grande y mi madre se levantaba y salía de mi casa a las tres de la mañana para llegar al centro, al Mercado de Flores. Mi padre también salía. Yo me quedaba sola desde la mañana muy temprano en mi casa, hasta que una vecina venía a cuidarme.

—¿Te quedabas durmiendo solita?

—Sí, a los dos años, y a los tres también.

—Después iba una vecina a quedarse con vos.

—Sí, luego ya tenían una señora que me cuidara; y ya después teníamos mucama y chofer, que eso es un desatino de mis padres (risas).

Esther Goris, a solas con Teleshow
Esther Goris, a solas con Teleshow

—¿Hubo un salto de movilidad social?

—No. Seguíamos siendo humildísimos, pero como a mi padre no le gustaba manejar, mi madre se puso un chofer para que la llevara a buscar las flores al Mercado. Y el chofer después seguía en casa y me llevaba a mí, terrible. Yo, de pasar de dormir solita y despertarme y quedarme solita ahí, en la habitación, hasta que viniera alguien a cuidarme después a los 9 años, tenía un chofer que me llevaba a la casa de mis amigas. Pero yo dormía en un living porque la casa era muy pequeñita, un desatino por completo.

—¿Y te podían comprar los juguetes y la ropa que necesitabas, o todo costaba mucho?

—Ropa no necesitábamos porque, claro, era una época de mucho menor consumo. Y cuando uno crece en una clase social muy baja, en aquella época, no desea tanto.

—¿Eramos felices con menos?

Hay que conocer para poder desear, pero no entrar en un consumismo absurdo porque eso sí que es una trampa del capitalismo rabioso: hacernos desear consumir cosas completamente innecesarias para que trabajemos un montón para seguir comprando cosas. Eso es un absurdo. Pero a mí la vida me sorprendió: para mí, por ejemplo, ir a la facultad era maravilloso, todo ese espacio de conocimiento que se me abría.

—¿Tu mamá no había estudiado pero quería que vos estudiaras?

—Sí, por supuesto. Y quería estudiar también ella. De hecho, una vez que va al colegio a los 70 años, después deciden volver a vivir en España, pero mi madre siempre me decía que de haberse quedado acá le hubiera gustado estudiar Derecho. Una persona con un optimismo… Habían vivido situaciones muy duras en la vida, y cuando eso sucede se tiene una dimensión más exacta de lo que es verdaderamente importante, y lo que no. Yo ya era más ambiciosa, mis padres también eran más ambiciosos respecto de los mandatos que ponían sobre mí, y pude cumplir muchos sueños. Proviniendo de un hogar tan humilde, con padres iletrados, habiendo vivido una vida con una ausencia de padres que en ese momento no era frecuente; en ese momento las madres estaban en casa, entonces otras madres me hacían sentir, o la evidencia de otras nenas con sus mamás me hacían sentir una falta que hoy por hoy no sería tal, pero que a mí me provocó bastante dolor en su momento. Luego, tener un lugar como actriz y como escritora, que era lo que yo soñaba desde los cinco años, es un objetivo, un sueño concretado, y ya desde muy joven.

—Poder trabajar de lo que a uno le gusta…

—No hay cosa que valga más en la vida que eso. Amor, conocimiento, y trabajar en lo que a uno le gusta.

—Es como no tener que trabajar nunca.

—Ese es el problema que tenemos los actores en cuanto al dinero. Yo provengo de una clase social y de unos padres que nunca supieron manejar el dinero. Estamos hablando de las décadas del 60 y del 70, cuando trabajando mucho, una mucama podía acceder a comprar una casa, un auto y tener un negocio. Hoy sería completamente imposible: hoy no alcanza con el esfuerzo, en aquel momento sí. Me perdí.

—Estábamos hablando del valor de trabajar en lo que a uno le gusta.

—Uno pagaría un montón para hacer aquello que le gusta. La gente paga mucho para tener placer. En eso los actores tenemos un problema de administración del dinero, grave, porque la mayor parte de los actores que yo conozco ha trabajado mucho, ha habido una época donde se ha ganado mucho dinero en esta profesión, que no es la actual, donde ganamos como cualquier otro trabajador.

—Hacer Evita fue importantísimo.

—Importantísimo. Me permitió trabajar incluso en Hollywood. Y sí, ahí sí que el dinero llovió. Recuerdo que una vez me ofendí porque me pagaban 150.000 dólares por una opción por los derechos de mi novela Agata Galiffi,y yo dije: "¿Nada más que 150.000 dólares? Pero qué se cree esta gente, con el dinero que les da". ¿Te imaginás ahora? Si alguna persona en Hollywood llega a ver esto, le vendo los derechos por la décima parte, incluso.

—Si te proponen hacer a Cristina Kirchner en el cine, ¿la hacés?

—Por supuesto. ¿Qué actriz no la haría, no? ¿Qué actriz no quisiera interpretar a personajes de semejante envergadura? Yo creo que tuve la suerte de hacer el personaje de Evita. Lo igualo con algunos otros, pero no son muchas las veces en que los actores o las actrices tenemos la suerte de interpretar personajes tan icónicos. No hay tantos en la Argentina, aunque en Latinoamérica, si me lo pongo a pensar, tenemos unas mujeres. Hay un ensañamiento sistemático en todo el mundo respecto de la tarea que la mujer ha desempeñado a lo largo de la historia de la humanidad. No nos dicen en el colegio que Juana Azurduy formaba ejércitos de mujeres, que peleaba embarazada.

—¿No te parece que ahora se está hablando un poco más?

—Afortunadamente estamos tomando conciencia, sobre todo las mujeres, de cuántos derechos nos han quitado y cuán fuerte debemos luchar, incluso nosotras mismas con nuestra reflexión. De hecho la Argentina es el país que lleva la delantera en los derechos femeninos con el Ni Una Menos, está encabezando esta cuarta oleada feminista en el mundo.

—¿Sos feminista?

—Sí. Si me hubieras preguntado esto hace dos años atrás, yo te hubiera dicho que no.

—Hay un aprendizaje que fuimos haciendo.

—Recién ahora me doy cuenta. Además estuve realizando un trabajo, hablando con víctimas de violencia de género. He escuchado relatos atroces respecto de la violencia de género. Esto también está ocurriendo en el mundo, no porque nos enteremos más solamente, sino porque cada vez sucede más, lamentable y dolorosamente. La mujer está cambiando su posición y al hombre le cuesta mucho adaptarse. Por eso, hoy por hoy te digo: "¡Claro que soy feminista!". Todavía me falta mucho para serlo de una manera más acabada e inteligente. Porque no estoy acostumbrada, estoy acostumbrada a pensar de una manera sumisa a ese respecto. Y creo que todas las mujeres estamos acostumbradas a eso.

—¿Te sentís sumisa?

—He aceptado más o menos las reglas de todas las mujeres, y estas reglas nos hablan de una sumisión a ciertas cosas que dentro de muy poco tiempo vamos a considerar inaceptables.

—¿Cómo te llevás con el lenguaje inclusivo de las nuevas generaciones?

—Por ahora es bastante lo que tengo que aprender. Yo, que estudié lingüística y demás, justamente todavía me falta aprender mucho. Pero me van a enseñar; yo confío, me considero una buena alumna.

—Las nuevas generaciones tienen una fuerza…

—Yo estuve en las calles en estos últimos tiempos y me emocionó muchísimo ver tanta gente joven. Y no solo mujeres, sino también varones. Porque la verdad es que hay muchas mujeres machistas. Y hay algunos hombres feministas, cada vez más.

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