“UN DETECTIVE EN EL KINDER” IIDA. PARTE

 “UN DETECTIVE EN EL KINDER”
                                                                SEGUNDA PARTE
Todos eran sospechosos, Tony se dirigió a la señorita Elizabeth. -¿Dónde vive?- le preguntó.
La señorita bajó la mirada. –Dijo el Principito…- comenzó ella a decir, y continuó- si alguien me pregunta cómo es mi hogar y yo le digo que tiene un rosal en la puerta nadie puede imaginárselo, pero si yo digo que tengo una casa que vale dos millones de dólares todos dicen, “¡¡¡Oh, qué hermosa casa!!!”–.
-Y usted tiene una casa con un rosal en la puerta?-.
-No, tengo una que vale dos millones de dólares–.
La seño, entonces, intentó entablar una conversación con Siracusa.
-Me siento sola.
-Y, ya está grandecita, yo a su edad, ya me ataba solo los zapatos.
-Usted no me entiende.
-No, la que no me entiende es usted, yo siempre usé mocasines.
Pero el detective no podía darse el lujo de distraerse con un par de ojos hermosos y, tomando a uno de los niños de la mano, se podría decir que casi lo arrastró hasta el salón de actos. –¡¡No lo maltrate!!- se escuchó implorar a la señorita Elizabeth antes que la puerta se cerrara.
Tony levantó al niño, asiéndolo por debajo de los brazos, y lo depositó sobre el escritorio.
-¿Tienes un cigarrillo Tony?- dijo el infante.
Nadie sabía que el chiquillo era en realidad… Ballinger, un enano que hacía años se infiltraba en los jardines de infantes como agente encubierto.
-¿Cómo estás Ballinger?- preguntó Tony.
-Mal- respondió éste- la señorita está sospechando de mi barba pero, te pedí un cigarrillo-.
Tony  era lo que se podía decir un verdadero caballero. El jamás había fumado en su vida y, sin embargo, siempre tenía un paquete de cigarrillos en el  bolsillo por si otra persona lo requería. Jamás sus labios habían probado una gota de alcohol, pero en su saco, habitaba una petaca del mejor whisky para convidar a los demás. Es más, siempre llevaba una caja de preservativos.
-¿Qué sabes de Plim-Plim?- preguntó Tony –, Ballinger hizo un aro con el humo del cigarrillo y lo atravesó con un dedo.
–No era más que un payaso- respondió, -tienes que ir donde se cocina todo, en el primer piso-.
Tony se disponía ya a partir hacia el primer piso pero Ballinger habló –Tony, antes de irte, ¿no me cantas una nana?-.
Tony lo miró con desagrado, la última vez que Ballinger le había pedido la mamadera, le había vomitado toda la espalda cuando le hizo hacer provechito, pero tenía que disimular.
Mientras le hacía upa a Ballinger, no sabía por qué causa, recordó a José, su primo que vivía en España.
La guerra civil era un hecho inminente. En los cumpleaños de los adolescentes se festejaban los party-sanos. El pueblo era de una marcada tendencia Republicana. En medio de todo este marco, José hacía tres años, siete meses y doce días que no tenía descanso. Lo había solicitado a su jefe y nada, a la guardia civil, y nada, a la reina Isabel la Católica y nada. José no pudo más. En un acto desesperado se plantó en medio de una manifestación y gritó- “Necesito un Franco”, “Denme un Franco o denme la muerte”. – fue la última vez que vió a José.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.