A seis años de la muerte de Rebeca Méndez, “la loca del muelle de San Blas” que inspiró el clásico de Maná

Ella despidió a su amor,
él partió en un barco en el muelle de San Blas.
Él juró que volvería,
y empapada en llanto ella juró que esperaría.
Miles de lunas pasaron
y siempre ella estaba en el muelle
esperando…

Rebeca Méndez Jiménez estaba en pareja con Manuel, un pescador con quien planeaba casarse solo cuatro días después de su partida, ese 13 de octubre de 1971 en la Playa El Borrego, en San Blas, Nayarit. La tormenta tropical Priscilla que azotó al Pacífico en esos días pudo haber sido el causante para que ningún barco a su amor le devolviera. Aunque esa es una respuesta que quedará en el aire. O en el agua.

Desde entonces, día tras día, la mujer se paseaba vestida de novia, a la espera de que el mar trajera de vuelta al hombre de su vida.

Loca de amor: Rebeca, la mujer que inspiró la canción “En el muelle de San Blas”, de Maná

Así lo cuenta a cada uno de los visitantes el guía de turistas de El Fuerte de la Contaduría, en el puerto de San Blas. Y uno de los taxistas confía que “era muy impresionante” encontrarla cada domingo, después del mediodía. “Se vestía de novia y caminaba hacia el muelle -recuerda el chofer-. Ver aquello era entre triste y espectacular: lo hacía siempre, pero cada vez que la veía me daban ganas de llorar. Se podía sentir su gran tristeza, su soledad, el abandono. A algunos les parecía divertido. A mí no”.

Y el tiempo escurrió
y sus ojos se le llenaron
de amaneceres.
Y del mar se enamoró
y su cuerpo se enraizó
en el muelle…

Rebeca no quiso irse de allí. Estaba segura de que la historia tendría un final feliz. Y empezó a dormir en los bancos de cualquier calle y a subsistir con la venta de muñecas hechas con retazos de tela, además de ayudar en la limpieza de un restaurante.

El muelle de San Blas, escenario de una historia de amor tristemente bella

El muelle de San Blas, escenario de una historia de amor tristemente bella

Todos en la zona recuerdan a Ladislao Laus Cárdenas Ulloa, un joven surfer de simpático trato que vivía de la venta de chucherías en la plaza, cerca del muelle. Vivía con Rebeca, que padecía trastornos mentales. Tenía algunos años más que él: cariñosamente, Laus la llamaba Chica de humo, por el blanco de su pelo.

Con su traje de novia, la mujer recorría una y otra vez la plaza, diciéndole a quien quisiera escucharla: “Ahora sí, ya me dijo Laus que lo esperara en la Iglesia porque nos vamos a casar“. Poco después Ulloa fue atropellado en Guadalajara. A lo días murió en Tepic, capital de Nayarit, un hecho que a Rebeca no le quedó del todo claro.

Al tiempo, todavía con su vestido de novia, fue a Puerto Vallarta para vender dulces. Uno de los visitantes del lugar se sintió atraído por el aspecto de esa mujer, y entablaron una conversación. Ella le contó sus penurias. El hombre se presentó: Fernando Olvera. Rebeca no lo conocía, muchos otros sí, pero con su nombre artístico: Fher, cantante de Maná.

Sin perder tiempo, el músico habló con el baterista de la banda para inmortalizar en una canción a La loca de muelle. El disco Sueños líquidos fue editado el 14 de octubre de 1997, convirtiéndose en un éxito en más de 36 países. El tema “En el muelle de San Blas” fue uno de sus grandes hits.

Fher Olvera, líder del grupo mexicano Maná (The Grosby Group)

Fher Olvera, líder del grupo mexicano Maná (The Grosby Group)

Mi madre fue una mujer que vivió de la manera más sencilla y feliz a pesar de su sufrimiento y soledad. Y como muchas mujeres, se enamoró. Una mujer que siempre buscó ser libre. Una mujer que nunca perdió la esperanza, y que encontró a su amado más allá del sol”, la recordó su hija Blanca Suárez Méndez el 8 de marzo de 2017, en conmemoración por el Día de la Mujer.

En declaraciones a la prensa, Blanca afirmó que su madre se instaló definitivamente en Nayarit cuando sus tres hijos eran menores. “Cuando crecimos y oíamos la canción, decíamos que aludía a su historia. Sabíamos que se había ido, pero no sabíamos precisamente dónde estaba“, explicó.

Blanca, que vivía en Chihuahua, volvió a tener noticias de su madre recién en 2009 cuando una tía que vivía en el estado de Jalisco fue a visitarla. Y le comentó que en San Blas, Nayarit, escuchó una leyenda de una mujer: todo hacía prever que era su madre. Le mostró una foto.

Una Rebeca Méndez ya mayor, todavía con su vestido de novia. De fondo, su mar

Una Rebeca Méndez ya mayor, todavía con su vestido de novia. De fondo, su mar

“Sumergida en mis recuerdos de pronto regreso al presente y me pregunto qué estoy haciendo. Mi vida rutinaria y monótona se ve modificada abruptamente por una prima de mi madre, la cual no había visto en mi vida, aunque sabía de ella“, reflexionó Blanca.

Finalmente se encuentran con Rebeca en un pequeño hotel cercano al barrio San Juan de Dios. La mujer continuaba fabricando muñecas, casi siempre vestidas de novia, con lo que lograba costear los gastos de su cuarto y sus alimentos. Ambas continuaron su vida juntas, en Guadalajara.

El ayuntamiento de San Blas prevé la construcción de una estatua en honor a Rebeca, según explicó su alcade.

—Má, ¿por qué te vestías de novia?

—Pues esperaba a mi amor para casarnos. Esperé y esperé, pero la muerte ya no devuelve a nadie.
—Entonces, ¿esperabas a Laos?
—Eso es un secreto (sonríe, pícara).
—¿Y para qué vestida de novia?
—Uno con los años cambia. Pero si me viera vestida de novia sabría que lo estoy esperando. Y así, no se iría a equivocar.

El domingo 16 de septiembre de 2012, a las dos de la mañana, Rebeca Méndez Jiménez murió. Su hija Blanca se encargó de cumplir con su último deseo: que sus cenizas fueran arrojadas al mar, desde el puerto de San Blas.

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