“UN DETECTIVE EN EL KINDER” PRIMERA PARTE

               “UN DETECTIVE EN EL KINDER”
                                                                   PRIMERA PARTE
 

 

Cuando el detective Tony Siracusa estacionó su auto frente a la escena del crimen, el sitio ya había sido acordonado por los uniformados.

Tony había llegado a Rosario hacían ya unos 15 años. Se había marchado de su Sicilia natal escapando a una situación algo incómoda.

Tony  tenía un hermano, su nombre era Tony. Muchas tardes, mientras ambos jugaban a la mancha en el canal, su madre llamaba… Tony,… Tony, y ellos contestaban a coro:

-¿Qué pasa mamma?

-Lo stano llamando a Tony, no a ti, Tony- respondía su madre.

Tony sentía que su madre no lo quería, que siempre estaba nombrándolo a su hermano.

Por otra parte, su hermano Tony estaba harto de que siempre lo nombrara únicamente a él y no a su hermano, pero los dos sabían que su madre era mujer de una sola pieza.

-¿Dónde está la mamma?

-En el dormitorio.

Y así era, estaba ella cierta siesta con su padre, Tony, en la habitación… cuando al escuchar los hermanos, (cada uno desde una ventana distinta) a su madre que decía…- Oh, sí, Tony, Oh, sí, Tony,- Tony pensó que ella cometía incesto con su hermano, y su hermano, incesto con él.

Lo cierto es que su madre los había bautizado de esa manera porque estaba enamorada del panadero del pueblo, Tony. Al enterarse Tony de que ese era el origen de su nombre, decidió cambiarlo, adoptando el de su padre, y lo mismo hizo su hermano.

Cuando Siracusa se agachó para correr la sábana que cubría a la víctima algo helado recorrió su espalda.

–Perdón jefe- dijo el agente. Y enderezó el vaso de gaseosa.

Toda su familia había sido miembro de la maffia, pero él no aprobaba sus métodos. Todavía resonaban en su cabeza los gritos de dolor de Rocco Scárpetta, muerto de gangrena causada por una infección contraída cuando se lastimó los labios al besar el anillo del Padrino.

Además, todo el mundo sabía que la película de Coppola había sido filmada porque Mario… Pusso.

Ahora, los de la brigada juvenil habían llamado a Tony para resolver éste caso. Todas las prevenciones que se iban tomando resultaban inútiles.

Ya habían prohibido “El twist del Mono Liso”, la canción de María Elena Walsh, porque en una secundaria, al escuchar “no me tire con cuchillo, tíreme con tenedor”, un estudiante había aplastado a doce de sus compañeros arrojándoles un contenedor de electrodomésticos chinos de cincuenta y cinco toneladas.

Pero eso de resolver un crimen dentro de un jardín de infantes, ya era demasiado.

Sobre el piso, con cuarenta y siete balazos en la espalda, reposaba el cuerpo, ya sin vida, del payaso Plim-Plim –Este no se suena más la nariz- dijo Tony.

-Fue suicidio- trató de excusarse la maestra, y la hipótesis era aceptable. Todo el mundo sabía de la mala puntería que el bufón tenía, pero algo olía mal en ese sitio. –Carlitos- dijo la señorita – ¿le cambiaste los pañales a tu hermanito?-

La escena le hizo recordar la película de Marcello Mastroianni auspiciada por YPF, “De esso no se habla”.

Tony sintió que algo le oprimía el pecho, tendría que dejar de usar ese chaleco que llevaba desde los doce años.

Nadie sabía que la película “Un detective en el kinder”, estaba basada en un hecho real acaecido en ese sitio, el día en que el cuerpo del detective  Johnny Bologna, su amigo, había sido hallado descuartizado dentro de un huevo de chocolate.

La principal sospecha recayó sobre “Chuchugua chuchugua”, una secta adoradora de Piñón Fijo que no solo se comunicaban entre ellos en cordobés sino que, además, se adjudicaban sus atentados dejando como firma el dibujo de un cabrito. 

 

                                                                         TO BE CONTINUED

 

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