Que tengan buenas noches

En primer lugar, quiero pedir perdón por faltar a mi palabra. Estoy hablando de lo que anuncié en la primera entrega de ésta columna y que decía que cada lunes aparecería una nueva publicación. Pues bien, accediendo única y exclusivamente a la solicitud de mi ansiedad, la que siempre me trae problemas pero de la que no puedo desprenderme, durante ésta primera semana aparecerá un texto diario. A partir de la semana entrante, pues, mi promesa será respetada (salvo….) Muchas gracias y perdón…

 

QUE TENGA BUENAS NOCHES

 

Gracias y que tenga buenas noches le dije y soné como empleado público aunque los empleados públicos no trabajan de noche y es por eso que sus deseos se limitan al que tenga usted un buen día y aunque se supone que en el día está implícita la noche ellos no hacen referencia a ella sino al que tenga buen día simple y llanamente así con sol o con lluvia pero no con las luces de las casas encendidas y las puertas trabadas con catorce cerraduras para que no puedan salir los sueños corriendo y ser atropellados por un auto que pasa a 120 km/horarios conducido por un sobrio nauseabundo que nunca probó una gota de alcohol en su vida porque su viejo lo machacaba a golpes después de haberse mamado cuando regresaba del trabajo y el viejo no era un buen tipo pero el alcohol lo ponía peor y la vieja no se metía porque tenía miedo de ligarla también así que se limitaba a presenciar el espectáculo pensando que con esas lágrimas estaba redimiéndose de su culpa de no defenderlo y él no sabía a quien condenaba mas si a su viejo por pegarle o a su vieja por quedarse en silencio ese silencio que lo acompañó durante tantos años hasta que se dio cuenta que era lo que lo alejaba de las otras personas por lo tanto era mas fácil hacerse amigo del dinero y empezó a juntar billetes y billetes porque no sabía si eso lo hacía feliz pero sí se sentía menos vacío lo llenaba la casa lo llenaban los viajes lo llenaba el cero kilómetro que iba manejando pero que no impedía que le tuviera no envidia sino aborrecimiento a los otros porque él no hacía mas que acumular y acumular vacíos para llenar el otro vacío mas grande y entonces disfrutaba de atropellar los sueños de los otros dejarlos estampados desperdigados en la calle pero esa noche un pedazo de sueño se le quedó adherido al paragolpes y por mas que llevó el cero kilómetro al lavadero artesanal no lo pudieron despegar y él tuvo miedo de que la policía lo viniera a buscar y por eso le prendió fuego al auto total pagaba el seguro pero de todas maneras ya no volvió a ser el mismo y él que nunca tomaba empezó a embriagarse de noches y de estrellas y como no tenía a nadie a su lado para desquitarse empezó a pegarse cachetada tras cachetada trompadas puntapiés nada le alcanzaba y tuvo ganas de defenderse de sí mismo pero se quedó sentado en un rincón como pidiéndose perdón a si mismo pero a la vez nunca perdonándose y se ponía billetes en las heridas pero los billetes no absorbían la sangre y como no alcanzaba me pagó a mi para que le pegara y lo torturara y le escupiera el rostro y yo no sentía satisfacción por eso porque el tipo no era un mal tipo bueno no tampoco pero no veía que surtiera efecto alguno lo que yo estaba haciendo y no pude mas con mis entrañas cobré y me fui y le dije gracias que tenga buenas noches como un empleado público que se niega a cumplir con sus obligaciones porque yo sé que lo que él esperaba era mas que terminara con su agonía que llenara su vacío con la diosa de las nadas como un empleado público que él mismo es su propios sueños y que un cero kilómetro no va a tener compasión como él la tuvo.

 

Alejandro Guarino

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